¿Qué le pasa a la Presidenta?
Si hacemos un recuento de las expresiones públicas de la señora Moscoso en los últimos meses, resaltan las incongruencias y las promesas incumplidas. En noviembre del pasado año, prometió vender los fabulosos Cadillacs y prescindir de su resort de Punta Mala, construido parcialmente con fondos públicos. Nada ha ocurrido.
Después, y sin medir las consecuencias, Mireya anunció la presencia de guerrillas zapatistas en las montañas de Veraguas. No hubo mofas ante tan absurda aseveración que, por supuesto, resultó falsa.
Pasado este incidente, Mireya denunció la existencia de un plan para derrocarla, y aunque no señaló a los responsables, el coro de adláteres que la sigue, de inmediato se encargó de culpar a la oposición política. Nunca se presentaron pruebas y el asunto quedó en nada.
Molesta por los incisivos cuestionamientos de los medios de comunicación en torno al misterioso helicóptero que se accidentó saliendo de su mansión de Punta Mala, decidió teatralmente no hablar más del tema, dejando en la mente de todos la convicción de que algo muy irregular se esconde detrás de este incidente.
Hace pocas semanas anunció que un connotado abogado arnulfista había aceptado la posición de zar anti-corrupción, rimbombante título que alguien inventó para un puestesito en el Ministerio de Economía que carece de posibilidades de corregir ni combatir nada. Al día siguiente, el vicepresidente Vallarino la desmintió, aclarando que el candidato no había confirmado aceptación alguna. Hasta hoy el puesto está vacante.
Con motivo de unas grabaciones telefónicas de conversaciones privadas de ciertos personajes, Mireya anunció que ya tenía ubicados a los responsables, a quienes denunciaría penalmente el lunes siguiente, olvidando por cierto que en Panamá la justicia vacaciona en Semana Santa. Han transcurrido varios lunes sin que se haya hecho la denuncia prometida y las investigaciones mas bien parecieran querer ocultar a los responsables.
Su reacción ante el informe sobre la economía panameña preparado por el gobierno norteamericano fue tan desproporcionada, que demostró su total ignorancia sobre el documento y sobre el tema. Si supiera que la situación descrita en el informe, transcurridos varios meses, es hoy todavía peor.
Antes de viajar a Canadá, escenificó un lamentable episodio de dimes y diretes con su Canciller sobre la limpieza de los polígonos. Allá, correspondió a las cortesías y hospitalidad de sus anfitriones acusándolos públicamente de machistas. Esto encantó a las feministas del patio, pero es sin duda una tremenda falta de protocolo.
Con motivo de encuestas recientes que reflejaban la impopularidad de su gobierno y pedían cambios en su equipo de trabajo, Mireya creó esperanzas cuando declaró que atendería las rectificaciones que demandaba el pueblo. Pero días después dio marcha atrás, declarando que se sentía satisfecha con su gabinete y desdeñó las críticas, diciendo que son promovidas por sus opositores.
Aparte de las numerosas muestras de corrupción en su gestión (donde Ud. aprieta sale pus), las actuaciones de Mireya Moscoso son una permanente maraña de contradicciones, excusas y promesas incumplidas. ¿Qué le pasa a la Presidenta?
Después, y sin medir las consecuencias, Mireya anunció la presencia de guerrillas zapatistas en las montañas de Veraguas. No hubo mofas ante tan absurda aseveración que, por supuesto, resultó falsa.
Pasado este incidente, Mireya denunció la existencia de un plan para derrocarla, y aunque no señaló a los responsables, el coro de adláteres que la sigue, de inmediato se encargó de culpar a la oposición política. Nunca se presentaron pruebas y el asunto quedó en nada.
Molesta por los incisivos cuestionamientos de los medios de comunicación en torno al misterioso helicóptero que se accidentó saliendo de su mansión de Punta Mala, decidió teatralmente no hablar más del tema, dejando en la mente de todos la convicción de que algo muy irregular se esconde detrás de este incidente.
Hace pocas semanas anunció que un connotado abogado arnulfista había aceptado la posición de zar anti-corrupción, rimbombante título que alguien inventó para un puestesito en el Ministerio de Economía que carece de posibilidades de corregir ni combatir nada. Al día siguiente, el vicepresidente Vallarino la desmintió, aclarando que el candidato no había confirmado aceptación alguna. Hasta hoy el puesto está vacante.
Con motivo de unas grabaciones telefónicas de conversaciones privadas de ciertos personajes, Mireya anunció que ya tenía ubicados a los responsables, a quienes denunciaría penalmente el lunes siguiente, olvidando por cierto que en Panamá la justicia vacaciona en Semana Santa. Han transcurrido varios lunes sin que se haya hecho la denuncia prometida y las investigaciones mas bien parecieran querer ocultar a los responsables.
Su reacción ante el informe sobre la economía panameña preparado por el gobierno norteamericano fue tan desproporcionada, que demostró su total ignorancia sobre el documento y sobre el tema. Si supiera que la situación descrita en el informe, transcurridos varios meses, es hoy todavía peor.
Antes de viajar a Canadá, escenificó un lamentable episodio de dimes y diretes con su Canciller sobre la limpieza de los polígonos. Allá, correspondió a las cortesías y hospitalidad de sus anfitriones acusándolos públicamente de machistas. Esto encantó a las feministas del patio, pero es sin duda una tremenda falta de protocolo.
Con motivo de encuestas recientes que reflejaban la impopularidad de su gobierno y pedían cambios en su equipo de trabajo, Mireya creó esperanzas cuando declaró que atendería las rectificaciones que demandaba el pueblo. Pero días después dio marcha atrás, declarando que se sentía satisfecha con su gabinete y desdeñó las críticas, diciendo que son promovidas por sus opositores.
Aparte de las numerosas muestras de corrupción en su gestión (donde Ud. aprieta sale pus), las actuaciones de Mireya Moscoso son una permanente maraña de contradicciones, excusas y promesas incumplidas. ¿Qué le pasa a la Presidenta?