default

¿Qué les falta a quienes practican el arte de gobernar?


"Queréis ser grande? Principia entonces por ser pequeño". San Agustín.
Las democracias mueren cuando los políticos se niegan a prestar atención a las lecciones de la historia, confundiéndose los deseos de unos pocos con la realidad del pueblo. Puedo observar que muchas personas que ocupan ciertos puestos de categoría gubernamental se están acercando a una etapa de insensatez suicida. Los casos son abundantes y frecuentes. ¿Por qué altos salarios cuando la pobreza de Colón es de más del sesenta por ciento? ¿Cuál es la razón por la cual el problema de la frontera con Colombia se agrava cada vez más, y las autoridades no se ponen de acuerdo para confrontar la nefasta filosofía de las guerrillas que sacuden e incendian todo a su paso? Lo que más influye en la insensatez política es el ansia de poder. El exceso de esta conduce al desorden, a la injusticia. Los gobernantes, generalmente, justifican una mala decisión, o argumentan que no tenían otra alternativa: entre dos males, el menor. Observemos lo que acontece con el incremento que viene de la energía eléctrica. La señora Presidenta expone una cosa, y la burocracia enfatiza lo contrario.
La buena administración gubernamental debe confesar de plano sus deficiencias, y no permitir que ocurra nuevamente el mal. En Panamá, cada vez más se extiende una brecha entre el poderoso y el humilde. No hay sentido del deber. Se peregrina una existencia en busca del propio interés, como el precio de la carne, o un incremento en la tarifa de los buses, que destartalados, corren por nuestras avenidas, mientras que la policía de tránsito casi no hace nada por remediar el mal. Por otro lado, la gran mayoría de los funcionarios están solicitando que sus presupuestos de ingresos sean más abundantes, cuando el desempleo es muy notorio y la apatía contra los necesitados se torna, descomunalmente, alarmante. En el interior del país, el hambre es notoria y emigran a la capital en busca de un sustento que no les llega, o si encuentran trabajo, el salario es ínfimo, a pesar de que se debate en la actualidad un proyecto para incrementar el ingreso mensual del trabajador, que en su mayoría adolece de entrenamiento, de cultura, de urbanidad, teniendo gran responsabilidad en el caso, el Ministerio de Educación que no tiene el debido entrenamiento para superar los males que aquejan a la población.
El país necesita de una sociedad dinámica, en vez de una pasiva y desorientada. Supuestamente, somos ciudadanos y dueños de un territorio, no esclavos de un grupo de políticos que se ciegan ante la plegaria de un pueblo con mucha hambre. No hay semana en Panamá sin que el pueblo sufra el alza de una necesidad básica, como el alimento, la gasolina, el medicamento, las piezas de autos, o que en televisión salgan políticos hablando unos en contra de los otros, cuando la confusión burocrática en las oficinas públicas es muy notoria.
Los que gobiernan parece que improvisan y se dejan guiar por los intereses de poderosos bancos extranjeros. Y así como el reloj de arena es el emblema de la vida, el tiempo desperdiciado en la incapacidad para ejercer algún cargo público, es la multiplicación para el fracaso de todos los planes positivos de un pueblo sin la debida guía.
Otros gobernantes, los funcionarios públicos deben adquirir la prudencia con sabiduría, la dirección en el dominio sobre sí mismos, la constancia para resolver el problema social antes que el problema político; la justicia social y legal antes que el tiempo borre un delito, y lo convierta en enseñanza para las juventudes, que aprenden que el crimen posiblemente hace más rico, y que la amnistía es un perdón otorgado al que infringe la norma jurídica.
A todos nos afectan los problemas que surgen en todas partes. Es angustioso tener que vivirlos y recordarlos. Los desmenuzamos y los interpretamos a la hora del almuerzo, cuando debemos dormir, o al instante de pensar en un descanso necesario.
La sociedad cada vez se corrompe más, aunque hay personas con deseos de triunfar honradamente, a sacar provecho de una derrota, a reflexionar sobre el esfuerzo que debemos emprender para no continuar cayendo, como se observa en las noticias de los medios sociales, sabiendo el común denominador que la droga está consumiendo a un alto porcentaje de la población, y los gobernantes en vez de enseñar con esmero en los planteles educativos que el mal no lleva a nada positivo, se la pasan en reuniones, viajando por el exterior, o no contestan el llamado de un pueblo agobiado por la incertidumbre.
A los que practican el arte de gobernar se les debe advertir que una derrota trae una especial libertad, una energía para emprender el camino hacia otra posibilidad de triunfo.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América