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¡Qué nos pasa, panameños!


Qué nos pasa panameños, que no reaccionamos a la ola de delincuencia y criminalidad que en está imperando en nuestro país. Cada vez que abro los periódicos, y veo las noticias por televisión, sólo se ven y se destacan crímenes por ajusticiamiento, peleas de pandillas, por razones pasionales, y la mayoría de ellos macabros, cosa que ni pensábamos que pudieran suceder aquí y más frecuente en áreas como El Chorrillo y Curundú, así como en algunas áreas periféricas como Santa Cruz.
De tantas comisiones que se han nombrado para analizar los diferentes problemas de la vida nacional, una de ellas podría encargarse de investigar las razones del porqué se está deteriorando, a velocidad espantosa, la sociedad panameña, sobre todo en los lugares mencionados con anterioridad. En mi juventud se podía caminar, ir al cine, y hasta jugar en las canchas de juego de Barraza, Plaza Amador, El Chorrillo, Santa Ana, San Felipe, etc., pero creo que uno de los errores que se cometió fue eliminar el montón de casas condenadas de El Marañón, y haber construido multifamiliares de más de diez pisos en El Chorrillo, Curundú y en Santa Cruz.
Si vemos con calma la situación de esos sectores de la ciudad, podemos apreciar que el mínimo común denominador son los multifamiliares construidos, los cuales se han convertido en focos de discordias internas y causas de conflictos entre las familias que ahí viven. Esto me hace pensar que las autoridades del Gobierno, que tienen que ver con el desarrollo urbanístico de la ciudad, deben tomar en cuenta los efectos sociales negativos que se producen en el entorno de estos barrios al crear este tipo de multifamiliares para las clases populares, que lo que hacen (por su alta densidad habitacional) es crear y concentrar focos de discordia en la convivencia interna y en su entorna.
Cierto es que una de las prioridades del gobierno es tratar de resolver los problemas habitacionales de las clases populares, pero debe hacerse tomando en consideración los efectos sociales que se puedan derivar de las decisiones que se apliquen, por lo que creo que aún hay tiempo para que pongamos de nuestra parte para que se corrijan los errores cometidos y que en los nuevos desarrollos urbanísticos para sectores populares, no pasemos por alto las repercusiones sociales que se pueden derivar en pro o en contra de los mismos vecinos y de la sociedad en general. Es cierto que mi planteamiento no es la única razón a considerar, pero sentados en una mesa de diálogo otros expondrán sus consideraciones, para que en conjunto le podamos plantear a las autoridades recomendaciones con el fin de detener esta ola de violencia.

101 años de Panamá América

 
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