Qué pasó en el proceso electoral
Qué impresionante fue la transmisión extraoficial de resultados en esta última elección. Con ello queda demostrado una vez más que el Tribunal Electoral utiliza tecnología de punta para modernizar los procesos electorales de nuestro país. Sin embargo, la rapidez con que fueron dados los resultados se ve opacado por un cúmulo de situaciones que, a todas luces, debe mejorarse y expongo algunas.
La falta de reglamentación de las donaciones anónimas ha podido contribuir a que el recién pasado proceso electoral se haya visto enturbiado por las denuncias de uso de fondos provenientes de actividades ilícitas en las campañas electorales.
La falta de presentación de propuestas por parte de los candidatos a todos los cargos de elección y de sus antecedentes personales, también es un aspecto que no puede ser soslayado y aunado a la falta de regulación para realizar los debates electorales, actividad esta tan necesaria para conocer a quienes pretenden convertirse en autoridades; afectó la posibilidad para que el ciudadano haya podido realizar un voto informado.
La falta de transparencia para conocer quiénes financian las campañas electorales, también empañan los procesos electorales panameños que han sido llamados, por los observadores internacionales, como ejemplares.
Muchos comentarios positivos se dieron a raíz de la inclusión de los privados de libertad al proceso electoral. Sin embargo, a pesar de que hubo mucho entusiasmo por parte de ellos, algunos se quedaron sin votar, ya que la cédula de identidad personal de muchos nunca llegó a la mesa de votación (a pesar de la recedulación que se dio), o porque no aparecían en un padrón electoral que se confeccionó para tal propósito.
No hemos superado el denominado voto asistido para las personas con discapacidad visual y siguen excluidos de los procesos electorales un número importante de panameños, que como todos tienen el derecho a ejercer el sufragio y que, por alguna razón, no están en el lugar de su residencia, como es el caso de los miembros de la policía fronteriza que cuidan la integridad y soberanía del Estado.
En las mesas de votación, a pesar de la rigurosa capacitación, se sigue dejando en las filas a personas de la tercera edad, como también no ejercen el derecho al sufragio personas con discapacidad motora, que prefieren no ir a votar para no ser obstáculos y que el desarrollo de la votación fluya con la rapidez habitual; así como los que fueron, no pudieron subir al piso en que estaba la mesa en que les tocaba sufragar.
La falta de firmas en la papeleta trajo como consecuencia que varios votos fueran decretados nulos. ¿Cómo es posible que en un proceso electoral tan moderno, aún se tengan que firmar un promedio de dos mil boletas de votación por mesa? ¿Con qué propósito, o es que acaso no se puede eliminar como se hizo una vez con la tinta indeleble?
Sólo he mencionado algunas cosas que tendrán que revisarse durante la labor que lleve a cabo el Tribunal Electoral, cuando integre la Comisión Nacional de Reformas Electorales, en enero próximo. Prometo exponer en próximos artículos cómo pueden mejorarse los procesos electorales en nuestro país, sobre todo para que sean más inclusivos, ya que después de todo si no existiese quien vota, no podría haber elecciones, y sin elecciones no puede haber democracia.