¿Qué se espera del funcionario?
Sin duda el tema es difícil y producirá ronchas. Por una parte, porque deben existir tres millones de apreciaciones diferentes y, por la otra, porque a nadie le gusta que le recuerden la verdad.
Lo primero que esperamos es que haya llegado al alto puesto por concurso, pero como conocemos la realidad nacional, nos contentamos con que llene al menos el perfil mínimo de capacidad, experiencia y honestidad. Esto no quiere decir que esté más graduado que un termómetro, pero sí que al menos tenga competencia en los asuntos que se le asignan.
Creo que otro rol que esperamos del alto funcionario, es que se mantenga en el sendero del Programa Oficial de Gobierno. A veces pareciera que con sus ejecuciones, le está haciendo más daño al Presidente de la República y a su partido político, que los más encarnizados opositores civilistas que no quieren olvidar las cosas malas del pasado, pero que no se acuerdan de los negocios que los enriquecieron hechos con los miembros del Estado Mayor y quienes son ahora los primeros que sacan ganancias del área canalera, a pesar de que fueron acérrimos opositores a los Tratados Torrijos Carter.
A veces no entiendo porqué algunos altos ejecutivos quinquenales se oponen a cuanta decisión pueda ir en beneficio de los intereses de sus colegas o conciudadanos, en especial de los que menos tienen, protegiendo recursos del Estado que no le pertenecen, en un equivocado concepto de eficiencia en la gestión pública.
Quizás nunca oyeron al presidente Alfonsín, de Argentina, cuando expresaba hace 20 años, que con la Democracia se come, se educa, se atiende la salud, se viste, se recrea, se ofrecen esperanzas, y que si no sirve para esto, no sirve para nada.
Otra de las cosas que observamos de manera frecuente, casi epidémica, en las personas que ocupan los altos cargos, es el lamentable desarrollo progresivo de una intolerancia, que al parecer tiene como base la percepción que de pronto, por iluminación del Todopoderoso, poseen el patrimonio de la verdad.
Para terminar, y a pesar que no me lo han solicitado, les voy a dar un consejo a todos los pasados, actuales y futuros ocupantes de los altos puestos públicos de mi país: Si para algo deberían servir estos cargos es para mejorar la calidad de vida del pueblo que espera impaciente, que los frutos del maravilloso crecimiento económico les alcance a ellos también y para hacer amigos, no vaya a ser que pasados los cinco años, cuando caminemos por la calle o volvamos a caminar por los supermercados o tiendas, la gente se cambie de fila para no tener el desagrado de saludarles, pues no se lo merecen.