¿Qué se hizo tu Chorrillo, su corriente?
Las expectativas con las que los panameños (as) recibimos el año 2000 fueron grandes y elocuentes. Mucho de su significado estuvo determinado por la magia que le imprimió el cambio de siglo. El privilegio de vivir en dos siglos (nacer en uno y morir en otro) no le acontece a todas las generaciones. Se trata de algo que, aunque simbólico, responde a la idea de la inmortalidad tan anhelada por la especie humana. Pero lo básico, lo que en concreto más nos entusiasmaba, era la cercanía de un logro fundamental para varias generaciones de compatriotas: ¡la reversión del canal!; ese canal por el que la gloria institutora le cantó al Ancón y a sus faldas también lloró lágrimas de sudor y sangre.
Porque, hay que decirlo, no fueron los únicos, pero sí los persistentes, los que convirtieron en proyecto de vida la descolonización nacional.
Quienes recuerden esta alma mater tendrán que coincidir que además del aporte académico que brindó a la formación de sus egresados, les insufló orgullo e identidad nacional. Circular por sus aulas no era sólo un asunto de carácter pedagógico, constituía un entrenamiento político y sociológico. Allí sin distingos de clase, sexo o género, se aprendió a ser por encima de todo compañera o compañero. Las mujeres que en tiempos antiguos éramos minorías, fuimos siempre tratadas con el respeto y la dignidad de los iguales, claro que en términos políticos no alcanzamos los protagonismos de los varones, pero no olvidemos que igualmente éramos el resultado de una época histórica. Sin embargo, me atrevo a asegurar que al igual que la Normal de Santiago, el Nido de Aguila, fue vanguardista en la socialización de género y en la socialización política.
No importa si era usted de un bando u otro, a la hora de la hora todos y todas salíamos a las calles, o nos amotinábamos en defensa de nuestro canal. El sueño que animó el espíritu de los y las institutoras, tenía como brújula la recuperación de nuestros recursos y el ejercicio de nuestra plena soberanía. Adolescentes soldados(as) aguiluchos(as) marchábamos todos los noviembre vestidos(as) de gala a rendir honores a la patria, cuya redención le prometíamos.
Hoy, transcurrido muchos años después de los aciagos del ‘25, ‘47, ’59, ‘64, ’89, nos encontramos en los albores de un nuevo milenio. Hoy se ha hecho realidad el sueño demuchos que ofrendaron su vida en pos de ese ideal, pues el Canal ya pasó a manos panameñas, es nuestro. No obstante, de qué manera ha acontecido y cómo se desenvuelve la dinámica, es algo que no resulta claro para muchos de nosotros(as), sobre todo para aquellos(as) que pensábamos que el conjunto de bienes revertidos deberían traducirse en el mayor beneficio colectivo posible; pero según nuestra percepción no ha sido así.
Para comenzar, quienes se encuentran administrándolo son ajenos a los costos que su lucha representó y la clase a la que pertenecen, más bien se caracterizó por de forma sistemática la lucha reivindicativa nacional. Aunque cuestionable, podría compenzarse si evidenciaran sapiencia, eficiencia y eficacia, pero los rumores de lo que acontece no permiten que los panameños sintamos que el reto que al respecto nos espera ha de cumplirse a cabalidad. No si continuamos por el camino señalado. Parece que la politiquería se ha introducido de manera alarmante en el manejo de la administración canalera. Igual que toda la cosa pública, ha entrado a formar parte de la piñata que los partidos en el poder se reparten, bajo el criterio único del aporte financiero a la campaña o la filiación y rango a determinado grupo político. Cualquiera que haya tenido una cadena de supermercado, casi monopólica, hubiera contribuido para capitalizar sus acciones. El matiz político adquirido es contrario al espíritu y la finalidad de la aacuática; las pruebas al calce la tenemos en hechos como los denunciados por los prácticos y algunos técnicos y profesionales, cuya eficiencia e idoneidad es incuestionable.
Así las cosa, se nos está vendiendo la idea de que la salida de los norteamericanos nos ha afectado, porque aún no sabemos cuidarnos y la seguridad del país está en juego, sobre todo por lo que sucede en Darién. También se proyecta la convicción de que la pésima situación económica que afecta a la nación, se deriva de las divisas perdidas por la salida de losgringos. En ningún momento se le aclara a la comunidad a cuánto asciende la cifra que desde diciembre del 2000 hasta la fecha ha ingresado al erario público en concepto de peajes y demás. Tampoco se nos dice que la inseguridad del Darién es responsabilidad de la negligencia e incompetencia de los gobiernos (el anterior y el actual) que debieron preveerlo y no lo hicieron.
No quisiera pensar, que los mensajes antes señalados llevan la finalidad de sensibilizarnos para una vuelta a los colonos. ¿O es que resulta cierto lo que Albert Memie, planteaba en El Retrato del Colonizado, el colonizado sufre la opresión, pero acostumbrado, no puede vivir sin ella? ¿Es quizás, el síndrome de la mujer maltratada que no puede romper las cadenas que la atan a su maltratador? ¿Es tal vez que estamos enfermos de colonización y somos incapaces de romper el tutelaje.?
Es cierto acaso, que se pretende realizar un plebiscito para que los panameños decidamos si volvemos a amarrarnos de pies y manos... porque nos sentimos y nos comportamos como incapaces...? Por qué no se plantea un plebiscito para revisar los onerosos contratos con Cables and Wireless, Elektra y los corredores,que no sólo enajenan el bolsillo de los panameños sino que hipotecan la independencia y soberanía nacional.
Antes de que fenezca el año 2000 y en los albores del nuevo milenio, los panameños(as) exigimos se nos rinda cuentas sobre el futuro y el presente de nuestra nación, sobre todo en aquello que tanto costó al pueblo, que fue el verdadero gestor y protagonista principal de la conquista canalera. Queremos “las cuentas claras y el chocolate espeso”. Queremos vivir como artífices principales de nuestro destino, sin demagogia barata ni falsas posturas.
Porque, hay que decirlo, no fueron los únicos, pero sí los persistentes, los que convirtieron en proyecto de vida la descolonización nacional.
Quienes recuerden esta alma mater tendrán que coincidir que además del aporte académico que brindó a la formación de sus egresados, les insufló orgullo e identidad nacional. Circular por sus aulas no era sólo un asunto de carácter pedagógico, constituía un entrenamiento político y sociológico. Allí sin distingos de clase, sexo o género, se aprendió a ser por encima de todo compañera o compañero. Las mujeres que en tiempos antiguos éramos minorías, fuimos siempre tratadas con el respeto y la dignidad de los iguales, claro que en términos políticos no alcanzamos los protagonismos de los varones, pero no olvidemos que igualmente éramos el resultado de una época histórica. Sin embargo, me atrevo a asegurar que al igual que la Normal de Santiago, el Nido de Aguila, fue vanguardista en la socialización de género y en la socialización política.
No importa si era usted de un bando u otro, a la hora de la hora todos y todas salíamos a las calles, o nos amotinábamos en defensa de nuestro canal. El sueño que animó el espíritu de los y las institutoras, tenía como brújula la recuperación de nuestros recursos y el ejercicio de nuestra plena soberanía. Adolescentes soldados(as) aguiluchos(as) marchábamos todos los noviembre vestidos(as) de gala a rendir honores a la patria, cuya redención le prometíamos.
Hoy, transcurrido muchos años después de los aciagos del ‘25, ‘47, ’59, ‘64, ’89, nos encontramos en los albores de un nuevo milenio. Hoy se ha hecho realidad el sueño demuchos que ofrendaron su vida en pos de ese ideal, pues el Canal ya pasó a manos panameñas, es nuestro. No obstante, de qué manera ha acontecido y cómo se desenvuelve la dinámica, es algo que no resulta claro para muchos de nosotros(as), sobre todo para aquellos(as) que pensábamos que el conjunto de bienes revertidos deberían traducirse en el mayor beneficio colectivo posible; pero según nuestra percepción no ha sido así.
Para comenzar, quienes se encuentran administrándolo son ajenos a los costos que su lucha representó y la clase a la que pertenecen, más bien se caracterizó por de forma sistemática la lucha reivindicativa nacional. Aunque cuestionable, podría compenzarse si evidenciaran sapiencia, eficiencia y eficacia, pero los rumores de lo que acontece no permiten que los panameños sintamos que el reto que al respecto nos espera ha de cumplirse a cabalidad. No si continuamos por el camino señalado. Parece que la politiquería se ha introducido de manera alarmante en el manejo de la administración canalera. Igual que toda la cosa pública, ha entrado a formar parte de la piñata que los partidos en el poder se reparten, bajo el criterio único del aporte financiero a la campaña o la filiación y rango a determinado grupo político. Cualquiera que haya tenido una cadena de supermercado, casi monopólica, hubiera contribuido para capitalizar sus acciones. El matiz político adquirido es contrario al espíritu y la finalidad de la aacuática; las pruebas al calce la tenemos en hechos como los denunciados por los prácticos y algunos técnicos y profesionales, cuya eficiencia e idoneidad es incuestionable.
Así las cosa, se nos está vendiendo la idea de que la salida de los norteamericanos nos ha afectado, porque aún no sabemos cuidarnos y la seguridad del país está en juego, sobre todo por lo que sucede en Darién. También se proyecta la convicción de que la pésima situación económica que afecta a la nación, se deriva de las divisas perdidas por la salida de losgringos. En ningún momento se le aclara a la comunidad a cuánto asciende la cifra que desde diciembre del 2000 hasta la fecha ha ingresado al erario público en concepto de peajes y demás. Tampoco se nos dice que la inseguridad del Darién es responsabilidad de la negligencia e incompetencia de los gobiernos (el anterior y el actual) que debieron preveerlo y no lo hicieron.
No quisiera pensar, que los mensajes antes señalados llevan la finalidad de sensibilizarnos para una vuelta a los colonos. ¿O es que resulta cierto lo que Albert Memie, planteaba en El Retrato del Colonizado, el colonizado sufre la opresión, pero acostumbrado, no puede vivir sin ella? ¿Es quizás, el síndrome de la mujer maltratada que no puede romper las cadenas que la atan a su maltratador? ¿Es tal vez que estamos enfermos de colonización y somos incapaces de romper el tutelaje.?
Es cierto acaso, que se pretende realizar un plebiscito para que los panameños decidamos si volvemos a amarrarnos de pies y manos... porque nos sentimos y nos comportamos como incapaces...? Por qué no se plantea un plebiscito para revisar los onerosos contratos con Cables and Wireless, Elektra y los corredores,que no sólo enajenan el bolsillo de los panameños sino que hipotecan la independencia y soberanía nacional.
Antes de que fenezca el año 2000 y en los albores del nuevo milenio, los panameños(as) exigimos se nos rinda cuentas sobre el futuro y el presente de nuestra nación, sobre todo en aquello que tanto costó al pueblo, que fue el verdadero gestor y protagonista principal de la conquista canalera. Queremos “las cuentas claras y el chocolate espeso”. Queremos vivir como artífices principales de nuestro destino, sin demagogia barata ni falsas posturas.