¿Qué significa corrupción?
Recientemente se realizó una reunión en México, donde participaron los presidentes de varios Estados latinoamericanos, incluyendo Estados Unidos, cuyo tema sobresaliente fue la evidente corrupción imperante en los países del área.
Lo que más llama mi atención, sobre las conclusiones alcanzadas en esos debates, es la constante de endilgar a los otros pueblos y gobernantes, los problemas propios de cada uno de ellos.
Se insiste en decir que las drogas que consumen y esclavizan a las juventudes del mundo, es responsabilidad de los países productores exclusivamente. Sin embargo, no escucho a ningún gobernante aceptar que los controles establecidos dentro de sus territorios son inoperantes en cuanto a impedir la entrada de los alucinógenos.
Se mantiene la estrategia de los países más poderosos del orbe de preparar listas negras y de otros colores, incluyendo a los más débiles, acusándolos de no cooperar en la lucha contra las drogas y el lavado de capitales, o legalización de dineros mal habidos. Mas no observo la eficiencia de éstos, los confeccionadores de las listas multicolores, en dicha lucha.
Pareciera ser que corrupción es lo que practican y avalan los otros Estados, no así lo que se hace o deja de hacer dentro de sus territorios.
La corrupción se disemina como pólvora cuando las personas no desean ni están dispuestas a aceptar que la corrupción es un flagelo universal, el cual no discrimina entre países pobres y ricos, por lo que todos debemos combatirla sin cuartel.
Corrupto es quien actúa en contra sentido de las leyes y reglas constituidas para el convivió social armónico. Corrupto es quien abusa del poder que otorga el mandato constitucional a los funcionarios.
Corrupto es quien trata de justificar actos deshonestos con argumentos sin base legal. Corrupto es quien pretende ocultar su falta de transparencia, señalando lo oscuro o ilegal en el proceder de otros.
Comprobar los ilícitos del otro no nos convierte automáticamente en puros y honestos, como pretenden algunos. La corrupción es de origen singular, cada uno de nosotros es el responsable de eliminar esa práctica tan nefasta para la verdadera justicia social.
Si soy corrupto, soy el culpable de los abusos del poder, soy el receptor de canonjías y privilegios inmorales, soy el modelo negativo a seguir por quienes sólo sirven para imitar lo material, dejando de lado lo espiritual. Al contrario, si soy honesto, si todos mis actos se encierran dentro del respeto a las leyes humanas y de Dios, puedo conseguir la erradicación de todo vestigio de corrupción; pues por lógica, si cada uno de nosotros es responsable de sus actos, en manos de cada uno está la solución al problema de la deshonestidad.
Uno no es pícaro porque el otro es pícaro, yo soy honesto porque así lo he decidido. Empecemos por reconocer que los actos de corrupción existen, porque yo los permito y los patrocino.
No sigamos culpando a los demás por la corrupción que nos asfixia y esclaviza, recordemos que cada uno de nosotros es el yo que tiene el poder de eliminar esa lacra social.
No permitamos que se utilice nuestra apatía y silencio como excusa de la existencia de la deshonestidad. Unicamente yo puedo neutralizar al inmoral, al corrupto.
Lo que más llama mi atención, sobre las conclusiones alcanzadas en esos debates, es la constante de endilgar a los otros pueblos y gobernantes, los problemas propios de cada uno de ellos.
Se insiste en decir que las drogas que consumen y esclavizan a las juventudes del mundo, es responsabilidad de los países productores exclusivamente. Sin embargo, no escucho a ningún gobernante aceptar que los controles establecidos dentro de sus territorios son inoperantes en cuanto a impedir la entrada de los alucinógenos.
Se mantiene la estrategia de los países más poderosos del orbe de preparar listas negras y de otros colores, incluyendo a los más débiles, acusándolos de no cooperar en la lucha contra las drogas y el lavado de capitales, o legalización de dineros mal habidos. Mas no observo la eficiencia de éstos, los confeccionadores de las listas multicolores, en dicha lucha.
Pareciera ser que corrupción es lo que practican y avalan los otros Estados, no así lo que se hace o deja de hacer dentro de sus territorios.
La corrupción se disemina como pólvora cuando las personas no desean ni están dispuestas a aceptar que la corrupción es un flagelo universal, el cual no discrimina entre países pobres y ricos, por lo que todos debemos combatirla sin cuartel.
Corrupto es quien actúa en contra sentido de las leyes y reglas constituidas para el convivió social armónico. Corrupto es quien abusa del poder que otorga el mandato constitucional a los funcionarios.
Corrupto es quien trata de justificar actos deshonestos con argumentos sin base legal. Corrupto es quien pretende ocultar su falta de transparencia, señalando lo oscuro o ilegal en el proceder de otros.
Comprobar los ilícitos del otro no nos convierte automáticamente en puros y honestos, como pretenden algunos. La corrupción es de origen singular, cada uno de nosotros es el responsable de eliminar esa práctica tan nefasta para la verdadera justicia social.
Si soy corrupto, soy el culpable de los abusos del poder, soy el receptor de canonjías y privilegios inmorales, soy el modelo negativo a seguir por quienes sólo sirven para imitar lo material, dejando de lado lo espiritual. Al contrario, si soy honesto, si todos mis actos se encierran dentro del respeto a las leyes humanas y de Dios, puedo conseguir la erradicación de todo vestigio de corrupción; pues por lógica, si cada uno de nosotros es responsable de sus actos, en manos de cada uno está la solución al problema de la deshonestidad.
Uno no es pícaro porque el otro es pícaro, yo soy honesto porque así lo he decidido. Empecemos por reconocer que los actos de corrupción existen, porque yo los permito y los patrocino.
No sigamos culpando a los demás por la corrupción que nos asfixia y esclaviza, recordemos que cada uno de nosotros es el yo que tiene el poder de eliminar esa lacra social.
No permitamos que se utilice nuestra apatía y silencio como excusa de la existencia de la deshonestidad. Unicamente yo puedo neutralizar al inmoral, al corrupto.