Querella penal de un ciudadano contra La Prensa
Dos hechos me obligaron a actuar. Primero, la infamia de la caricatura de La Prensa. Segundo, el hecho de que al recibir mi carta de protesta a la presidenta Anabella Guardia de Rubinoff (quien días antes había conversado en mi casa acerca del rumbo de La Prensa) y al Director Stanley Muschett, en vez de recapacitar y pedir disculpas como lo hicieron cuando publicaron la caricatura obscena contra el anterior Presidente de la Asamblea, se reiteraron. Convirtieron mi carta en un artículo sin destinatarios y lo colocaron debajo del artículo de un antiguo Director Asociado, cuya opinión utilizaron como justificación.
En el Hoy por Hoy del 3 de enero, La Prensa fue más explícita en su reiteración. Argumenta que el hombre público es "propiedad pública", lo que implica que no tiene ni vida privada ni derecho al respeto de su dignidad personal. Por lo tanto frente a las caricaturas y opiniones de los medios, lo limita a reírse de ellas o a acatar pasivamente su libertad, cuando al hombre público como ciudadano le queda la alternativa legítima y democrática de recurrir a los tribunales de cara a las irresponsabilidades, injurias y calumnias de los medios. ¿No se aplicarían los mismos principios a los directivos de medios, que también son personas públicas? Olvida el editorialista que la libertad de expresión es derecho inalienable de los ciudadanos antes que de los medios y que defender la dignidad propia es la primera tarea de la libertad de expresión ciudadana. De otra manera caeríamos en lo que podríamos llamar una dictadura mediática.
Recurrí, entonces, a mis abogados y les solicité que en mi nombre y representación presentaran una querella penal por comisión de delitos contra el honor, a saber la injuria y la calumnia, y que se prepararan a exigir en el momento oportuno una compensación por el daño moral a mí y a mi familia, por la suma de B/ 1 millón. Con su comportamiento acabaron de convencerme de que a La Prensa no le importa con la dignidad de una persona y de que sólo aprendería a respetarla y por ende, a ejercer responsablemente la libertad de expresión si le costara dinero.
Sólo una vez antes en mi vida pública había recurrido a una denuncia por injuria y calumnia contra una medio controlado por la dictadura. Este acusó a uno de mis hijos de ser "una botella" en el diario La Prensa, del que yo era entonces miembro de la Junta Directiva original por ser uno de sus cinco fundadores. La información era totalmente falsa, pues mi hijo cursaba sus estudios universitarios en los E.U. y ni siquiera vivía en Panamá. Naturalmente los jueces del Segundo Tribunal Superior de Justicia encontraron, el 25 de julio de 1986, un absurdo subterfugio para declarar al calumniador inocente. Dijeron que el "Martín hijo de Arias Calderón" al que aludía la falsa e injuriosa información no era Martín Felipe Arias Yániz, a pesar de que no tengo otro hijo con ese nombre ni tengo otros hijos que los que he tenido con mis esposa Teresita.
Ahora en democracia, recurro por segunda vez a una denuncia semejante, paradójicamente contra el caricaturista de La Prensa Julio Briceño y su director Stanley Muschett. Briceño dibujó la infame caricatura, por iniciativa propia o por solicitud de alguien, y Muschett la autorizó o dejó pasar, ya sea él mismo o ya sea que encubre a uno de los dos sustitutos que con frecuencia cierran página sin él. Pero dicha caricatura ciertamente no se presta a ningún malentendido. (Julio Briceño, quien curiosamente ha adoptado mis iniciales, RAC, para firmarse como caricaturista, a saber por qué abstrusa razón psicológica, puede ser efectivo en sus caricaturas, pero no es ni complejo ni ambivalente).
Teniendo en mente los cadáveres que se han encontrado recientemente en un antiguo cuartel militar, los cuales han traído a la conciencia nacional todas las personas muertas o asesinadas por la dictadura, el caricaturista presenta una figura de la Muerte, que intitula "PRD". A su lado me coloca a mí, bajo los rasgos de la rigidez facial que es uno de los síntomas del Parkinson del que padezco. Me presenta agarrado de la mano de la figura de la Muerte, cuya guadaña todavía chorrea la sangre de sus más recientes víctimas. Para que no quedara ninguna duda, esa sangre me cae sobre el brazo. Además, me dibuja portando en la otra mano una banderita con la representación universal de la muerte, a saber una calavera sobre unos huesos cruzados, símbolo tanto del veneno que mata, como de los corsarios que asesinan para robar. Y en la banderita coloca la palabra META, nombre del acuerdo legislativo entre el PRD y el PDC, que los medios, muy especialmente La Prensa, me han atribuido personalmente.
El propósito de la caricatura es una monstruosidad: asociarme con las muertes y asesinatos de la dictadura del "68 al ´89, en razón del acuerdo legislativo del PDC y el PRD del 2000, para tratar que se deshaga dicho acuerdo. Nada les importa al caricaturista y al Director o a sus sustitutos, que dicho acuerdo legislativo se firmó una vez cumplidos diez años de terminada la dictadura y establecida la democracia. Nada les importa qué se hizo cuando era patente que la Presidenta de la República mantenía estrechos lazos políticos con personas que fueron norieguistas hasta el último momento, después de que todos los demás partidos políticos hubieran hecho acuerdos con el PRD, la mayoría de trastiendas, y una vez que todos los gremios y organizaciones cívicas, como las principales empresas, han tenido miembros del PRD en sus directivas o como socios. Tampoco les importa de que antes del acuerdo, el país eligió democráticamente en el período pasado un Presidente PRD y ha elegido en dos elecciones numerosos legisladores, alcaldes y representantes PRD, con un apreciable porcentaje de votos,
Pero hay más. Un miembro de la Junta Directiva de la misma La Prensa fue Embajador y Ministro del pasado gobierno PRD y cuando aceptó fue objeto de una profesión pública por escrito de extrema amistad de parte de quien se autotitula "papá de La Prensa". Dicho personaje, actualmente uno de los principales asesores de la Presidenta, tuvo a su cuñado y socio como alto funcionario del pasado Presidente del PRD, naturalmente en turismo, donde ambos tienen gruesos intereses económicos, y hubo entre los miembros de la Junta quien simpatizó abiertamente con el candidato presidencial del PRD en las últimas elecciones.
Todo esto forma parte del proceso de consolidación y nomalización de una democracia funcional. Lo que me escandaliza e indigna, por su cruda injusticia y su burda intención politiquera, es que a ninguna de estas personas La Prensa le dedica, por ello, una caricatura asociándola con los crímenes de la dictadura (lo cual también habría sido infame si lo hubiera hecho). Mas en mi caso, se siente con plena potestad para hacerlo y justificarlo, es decir para cometer esa infamia contra mí y luego intentar racionalizarla moralmente. De esta manera cree, sin duda, servir mejor los intereses de la Presidenta de la República, a los que se ha subordinado en lo fundamental.
Es significativo, además, que al dibujar la figura asociada a los crímenes de la dictadura, el caricaturista por ninguna parte se refiera al PDC - de lo cual me alegro enormemente- sino que se concentra individualmente en mi. Puedo y debo concluir que La Prensa sigue así arremetiendo contra mi persona. Desde cuando se reunió un grupo en el salón de la Junta Directiva a principios del "90, con participación del entonces Presidente de la empresa, al comienzo del gobierno de Endara, para acordar destruirme políticamente, y desde que La Prensa intentó, por todos los medios, desprestigiar e impedir la política de desmilitarización progresiva que propicié y que han seguido todos los ministros posteriores, se creó una cultura en La Prensa antagónica a mi persona. Ella hace que un caricaturista joven y talentoso se sienta libre para dibujar una infamia y luego no manifieste la más mínima conciencia de cómo ha desvirtuado su arte. Y hace que el Director, quien por antecedentes y formación debiera ser el antídoto de esa perversión, la tolere o la encubra. Me duele tanto más el triste papel del Director que él fue el primer estudiante a quien le dirigí su tesis cuando yo era joven profesor y él escogió un tema sobre Maritain, mi propio guía filosófico y uno de los más grandes intelectuales católicos del siglo XX. ¡Qué decepción de un ex - alumno, ex - Rector de la USMA y ex - Presidente de la Comisión de Justicia y Paz de la Iglesia Católica!
No puedo desgraciadamente evitar que la irresponsabilidad de quienes se presume dirigen la redacción y más ampliamente la empresa dejen que un periódico que significó tanto para la democratización de Panamá, termine por hundirse en la manipulación y el descrédito moral. Pero sí pienso hacer todo lo que esté a mi alcance por evitar que en el proceso de dicha perversión se pisotee mi dignidad, injuriándome y calumniándome vilmente.
Tengo entre los miembros de la Junta Directiva de La Prensa conocidos, amigos y hasta parientes cercanos. Los miembros son: Anabella Guardia de Rubinoff, Fernando Berguido Linares, Alfredo Maduro Sasso, Federico Humbert Arias, Juan B. Arias Zubieta, Winston Churchill Robles Chiari, Ricardo Alberto Arias Arias, Camilo Cardoze Fábrega y Alvaro González Clare. A ellos les tengo que decir que no pueden rehuir su responsabilidad personal. Si son impotentes en la Junta Directiva, como varios lo confiesan en privado, para rectificar el rumbo de La Prensa y rescatarla de su propia descomposición, que por lo menos tengan la virtud para convocar a una Asamblea extraordinaria de accionistas, para decirles por la primera vez la verdad de lo que viene sucediendo y dejarlos que decidan democráticamente lo que quieren hacer con el periódico que fue libre. Si no lo hacen, la única alternativa honrosa y responsable que les queda es renunciar a sus cargos. Bajo ninguna circunstancia deben apadrinar el hundimiento moral vergonzoso de lo que casi llegó a ser un gran periódico.
Sin presunción alguna, debo decirles que ninguno de ellos luchó más de lo que yo luché contra la dictadura, se arriesgó más de lo que yo me arriesgué por la democracia, ni su esposa e hijos compartieron más los mismos peligros y sinsabores tal como los compartieron mi esposa Teresita, mis hijas María Teresa y María de los Angeles y mis hijos Martín Felipe e Ignacio Manuel. No podré dejarles una fortuna, porque no me he dedicado a los negocios, sino a trabajar por mi país como Dios me dio a entender, especialmente en la lucha contra la dictadura y por la democracia, que la caricatura pone descaradamente en entredicho. Pero les dejaré una trayectoria limpia y recta y un nombre honorable cueste lo que cueste. Y no son los directivos de La Prensa quienes tienen autoridad moral para enturbiar esta trayectoria.
Los fiscales, jueces y magistrados tendrán la última palabra sobre la acción legal por delitos contra mi honor, que he solicitado a mis abogados Guillermo Cochez y Víctor Manuel Martínez que inicien. Cuando la digan, todos sabremos entonces si en nuestra democracia podremos vivir con dignidad, en libertad y bajo un régimen de derecho, o tendremos que sobrevivir como en la dictadura con cinismo, en libertinaje y bajo la ley de la jungla, donde el poderoso hace lo que le da la gana y los demás nos defenderemos a como de lugar. (ariyan@sinfo.net)
En el Hoy por Hoy del 3 de enero, La Prensa fue más explícita en su reiteración. Argumenta que el hombre público es "propiedad pública", lo que implica que no tiene ni vida privada ni derecho al respeto de su dignidad personal. Por lo tanto frente a las caricaturas y opiniones de los medios, lo limita a reírse de ellas o a acatar pasivamente su libertad, cuando al hombre público como ciudadano le queda la alternativa legítima y democrática de recurrir a los tribunales de cara a las irresponsabilidades, injurias y calumnias de los medios. ¿No se aplicarían los mismos principios a los directivos de medios, que también son personas públicas? Olvida el editorialista que la libertad de expresión es derecho inalienable de los ciudadanos antes que de los medios y que defender la dignidad propia es la primera tarea de la libertad de expresión ciudadana. De otra manera caeríamos en lo que podríamos llamar una dictadura mediática.
Recurrí, entonces, a mis abogados y les solicité que en mi nombre y representación presentaran una querella penal por comisión de delitos contra el honor, a saber la injuria y la calumnia, y que se prepararan a exigir en el momento oportuno una compensación por el daño moral a mí y a mi familia, por la suma de B/ 1 millón. Con su comportamiento acabaron de convencerme de que a La Prensa no le importa con la dignidad de una persona y de que sólo aprendería a respetarla y por ende, a ejercer responsablemente la libertad de expresión si le costara dinero.
Sólo una vez antes en mi vida pública había recurrido a una denuncia por injuria y calumnia contra una medio controlado por la dictadura. Este acusó a uno de mis hijos de ser "una botella" en el diario La Prensa, del que yo era entonces miembro de la Junta Directiva original por ser uno de sus cinco fundadores. La información era totalmente falsa, pues mi hijo cursaba sus estudios universitarios en los E.U. y ni siquiera vivía en Panamá. Naturalmente los jueces del Segundo Tribunal Superior de Justicia encontraron, el 25 de julio de 1986, un absurdo subterfugio para declarar al calumniador inocente. Dijeron que el "Martín hijo de Arias Calderón" al que aludía la falsa e injuriosa información no era Martín Felipe Arias Yániz, a pesar de que no tengo otro hijo con ese nombre ni tengo otros hijos que los que he tenido con mis esposa Teresita.
Ahora en democracia, recurro por segunda vez a una denuncia semejante, paradójicamente contra el caricaturista de La Prensa Julio Briceño y su director Stanley Muschett. Briceño dibujó la infame caricatura, por iniciativa propia o por solicitud de alguien, y Muschett la autorizó o dejó pasar, ya sea él mismo o ya sea que encubre a uno de los dos sustitutos que con frecuencia cierran página sin él. Pero dicha caricatura ciertamente no se presta a ningún malentendido. (Julio Briceño, quien curiosamente ha adoptado mis iniciales, RAC, para firmarse como caricaturista, a saber por qué abstrusa razón psicológica, puede ser efectivo en sus caricaturas, pero no es ni complejo ni ambivalente).
Teniendo en mente los cadáveres que se han encontrado recientemente en un antiguo cuartel militar, los cuales han traído a la conciencia nacional todas las personas muertas o asesinadas por la dictadura, el caricaturista presenta una figura de la Muerte, que intitula "PRD". A su lado me coloca a mí, bajo los rasgos de la rigidez facial que es uno de los síntomas del Parkinson del que padezco. Me presenta agarrado de la mano de la figura de la Muerte, cuya guadaña todavía chorrea la sangre de sus más recientes víctimas. Para que no quedara ninguna duda, esa sangre me cae sobre el brazo. Además, me dibuja portando en la otra mano una banderita con la representación universal de la muerte, a saber una calavera sobre unos huesos cruzados, símbolo tanto del veneno que mata, como de los corsarios que asesinan para robar. Y en la banderita coloca la palabra META, nombre del acuerdo legislativo entre el PRD y el PDC, que los medios, muy especialmente La Prensa, me han atribuido personalmente.
El propósito de la caricatura es una monstruosidad: asociarme con las muertes y asesinatos de la dictadura del "68 al ´89, en razón del acuerdo legislativo del PDC y el PRD del 2000, para tratar que se deshaga dicho acuerdo. Nada les importa al caricaturista y al Director o a sus sustitutos, que dicho acuerdo legislativo se firmó una vez cumplidos diez años de terminada la dictadura y establecida la democracia. Nada les importa qué se hizo cuando era patente que la Presidenta de la República mantenía estrechos lazos políticos con personas que fueron norieguistas hasta el último momento, después de que todos los demás partidos políticos hubieran hecho acuerdos con el PRD, la mayoría de trastiendas, y una vez que todos los gremios y organizaciones cívicas, como las principales empresas, han tenido miembros del PRD en sus directivas o como socios. Tampoco les importa de que antes del acuerdo, el país eligió democráticamente en el período pasado un Presidente PRD y ha elegido en dos elecciones numerosos legisladores, alcaldes y representantes PRD, con un apreciable porcentaje de votos,
Pero hay más. Un miembro de la Junta Directiva de la misma La Prensa fue Embajador y Ministro del pasado gobierno PRD y cuando aceptó fue objeto de una profesión pública por escrito de extrema amistad de parte de quien se autotitula "papá de La Prensa". Dicho personaje, actualmente uno de los principales asesores de la Presidenta, tuvo a su cuñado y socio como alto funcionario del pasado Presidente del PRD, naturalmente en turismo, donde ambos tienen gruesos intereses económicos, y hubo entre los miembros de la Junta quien simpatizó abiertamente con el candidato presidencial del PRD en las últimas elecciones.
Todo esto forma parte del proceso de consolidación y nomalización de una democracia funcional. Lo que me escandaliza e indigna, por su cruda injusticia y su burda intención politiquera, es que a ninguna de estas personas La Prensa le dedica, por ello, una caricatura asociándola con los crímenes de la dictadura (lo cual también habría sido infame si lo hubiera hecho). Mas en mi caso, se siente con plena potestad para hacerlo y justificarlo, es decir para cometer esa infamia contra mí y luego intentar racionalizarla moralmente. De esta manera cree, sin duda, servir mejor los intereses de la Presidenta de la República, a los que se ha subordinado en lo fundamental.
Es significativo, además, que al dibujar la figura asociada a los crímenes de la dictadura, el caricaturista por ninguna parte se refiera al PDC - de lo cual me alegro enormemente- sino que se concentra individualmente en mi. Puedo y debo concluir que La Prensa sigue así arremetiendo contra mi persona. Desde cuando se reunió un grupo en el salón de la Junta Directiva a principios del "90, con participación del entonces Presidente de la empresa, al comienzo del gobierno de Endara, para acordar destruirme políticamente, y desde que La Prensa intentó, por todos los medios, desprestigiar e impedir la política de desmilitarización progresiva que propicié y que han seguido todos los ministros posteriores, se creó una cultura en La Prensa antagónica a mi persona. Ella hace que un caricaturista joven y talentoso se sienta libre para dibujar una infamia y luego no manifieste la más mínima conciencia de cómo ha desvirtuado su arte. Y hace que el Director, quien por antecedentes y formación debiera ser el antídoto de esa perversión, la tolere o la encubra. Me duele tanto más el triste papel del Director que él fue el primer estudiante a quien le dirigí su tesis cuando yo era joven profesor y él escogió un tema sobre Maritain, mi propio guía filosófico y uno de los más grandes intelectuales católicos del siglo XX. ¡Qué decepción de un ex - alumno, ex - Rector de la USMA y ex - Presidente de la Comisión de Justicia y Paz de la Iglesia Católica!
No puedo desgraciadamente evitar que la irresponsabilidad de quienes se presume dirigen la redacción y más ampliamente la empresa dejen que un periódico que significó tanto para la democratización de Panamá, termine por hundirse en la manipulación y el descrédito moral. Pero sí pienso hacer todo lo que esté a mi alcance por evitar que en el proceso de dicha perversión se pisotee mi dignidad, injuriándome y calumniándome vilmente.
Tengo entre los miembros de la Junta Directiva de La Prensa conocidos, amigos y hasta parientes cercanos. Los miembros son: Anabella Guardia de Rubinoff, Fernando Berguido Linares, Alfredo Maduro Sasso, Federico Humbert Arias, Juan B. Arias Zubieta, Winston Churchill Robles Chiari, Ricardo Alberto Arias Arias, Camilo Cardoze Fábrega y Alvaro González Clare. A ellos les tengo que decir que no pueden rehuir su responsabilidad personal. Si son impotentes en la Junta Directiva, como varios lo confiesan en privado, para rectificar el rumbo de La Prensa y rescatarla de su propia descomposición, que por lo menos tengan la virtud para convocar a una Asamblea extraordinaria de accionistas, para decirles por la primera vez la verdad de lo que viene sucediendo y dejarlos que decidan democráticamente lo que quieren hacer con el periódico que fue libre. Si no lo hacen, la única alternativa honrosa y responsable que les queda es renunciar a sus cargos. Bajo ninguna circunstancia deben apadrinar el hundimiento moral vergonzoso de lo que casi llegó a ser un gran periódico.
Sin presunción alguna, debo decirles que ninguno de ellos luchó más de lo que yo luché contra la dictadura, se arriesgó más de lo que yo me arriesgué por la democracia, ni su esposa e hijos compartieron más los mismos peligros y sinsabores tal como los compartieron mi esposa Teresita, mis hijas María Teresa y María de los Angeles y mis hijos Martín Felipe e Ignacio Manuel. No podré dejarles una fortuna, porque no me he dedicado a los negocios, sino a trabajar por mi país como Dios me dio a entender, especialmente en la lucha contra la dictadura y por la democracia, que la caricatura pone descaradamente en entredicho. Pero les dejaré una trayectoria limpia y recta y un nombre honorable cueste lo que cueste. Y no son los directivos de La Prensa quienes tienen autoridad moral para enturbiar esta trayectoria.
Los fiscales, jueces y magistrados tendrán la última palabra sobre la acción legal por delitos contra mi honor, que he solicitado a mis abogados Guillermo Cochez y Víctor Manuel Martínez que inicien. Cuando la digan, todos sabremos entonces si en nuestra democracia podremos vivir con dignidad, en libertad y bajo un régimen de derecho, o tendremos que sobrevivir como en la dictadura con cinismo, en libertinaje y bajo la ley de la jungla, donde el poderoso hace lo que le da la gana y los demás nos defenderemos a como de lugar. (ariyan@sinfo.net)