A quien concierna...
Muy Honorable Magistrado: La ciudadanía está justificadamente preocupada con lo que percibe como el rumbo equivocado de la justicia. Sin ser intelectuales, así como tampoco abogados, percibimos que hay quienes quieren manipular la ley y sus sentimientos con el fin de influir en su fallo con respecto a la investigación sobre enriquecimiento injustificado del ex presidente Ernesto Pérez Balladares. Nos preocupa que establecida la existencia en varios bancos fondos por varios millones de balboas a disposición, y por lógica de propiedad del imputado, la discusión se centre en que si el funcionario que investiga se extralimitó en sus funciones y si se separa o no al Contralor General de la República, en lugar de que se prosiga con la investigación y el imputado justifique la procedencia de los fondos en cuestión.
¿Tiene sustentación legal nuestra preocupación? No lo sabemos. Al inicio señalamos que no somos abogados, ni intelectuales...Lo que sí somos es panameños con derechos constitucionales intactos, los cuales nos otorgan la responsabilidad de exigir a los funcionarios como usted que no nos fallen en el ejercicio de sus funciones.
Creemos firmemente que está en juego la reputación del país, así como que del resultado de su fallo seamos conocidos como una nación que lucha contra la corrupción o, en su defecto, que no nos importa si la misma corroe las entrañas de Panamá.
En un escrito anterior señalaba que esta generación se esfuerza por tener vergüenza. Con su fallo usted puede erguirse sobre la miseria humana que nos rodea, y como única oportunidad en su vida, ser ejemplo y convertirse en símbolo de esa vergüenza. No permita que el mundo se burle de nuestra justicia y se nos mire como una "Banana Republic", que ya de eso hubo mucho en el pasado reciente. No permita usted que especulemos que se le concede membresía en el juego de la influencia criolla...Su fallo para el país y el mundo tiene que ser un contundente rechazo a la corrupción, venga de donde venga y caiga quien caiga. Brinde a este país, que sabemos ama intensamente, la oportunidad de decirle a todos los nacionales y extranjeros, que nos manejamos con la suspicacia y la desconfianza, que aquí el derecho y la vergüenza son los que mandan. Así y sólo así, al momento de su obligado y merecido retiro del ejercicio del derecho, será recordado por la presente y futura generación como un prohombre, un paladín de la justicia y el derecho.
Usted, Honorable Magistrado, es un hombre de mucha experiencia a quien la vida ha brindado muchísimas distinciones y responsabilidades, como esta última que recién inicia. No desvíe su rumbo del camino del respeto al derecho y la ley que su conciencia le ha trazado, con la seguridad que al final del camino encontrará una patria agradecida. Así lo percibo, así lo escribo.
¿Tiene sustentación legal nuestra preocupación? No lo sabemos. Al inicio señalamos que no somos abogados, ni intelectuales...Lo que sí somos es panameños con derechos constitucionales intactos, los cuales nos otorgan la responsabilidad de exigir a los funcionarios como usted que no nos fallen en el ejercicio de sus funciones.
Creemos firmemente que está en juego la reputación del país, así como que del resultado de su fallo seamos conocidos como una nación que lucha contra la corrupción o, en su defecto, que no nos importa si la misma corroe las entrañas de Panamá.
En un escrito anterior señalaba que esta generación se esfuerza por tener vergüenza. Con su fallo usted puede erguirse sobre la miseria humana que nos rodea, y como única oportunidad en su vida, ser ejemplo y convertirse en símbolo de esa vergüenza. No permita que el mundo se burle de nuestra justicia y se nos mire como una "Banana Republic", que ya de eso hubo mucho en el pasado reciente. No permita usted que especulemos que se le concede membresía en el juego de la influencia criolla...Su fallo para el país y el mundo tiene que ser un contundente rechazo a la corrupción, venga de donde venga y caiga quien caiga. Brinde a este país, que sabemos ama intensamente, la oportunidad de decirle a todos los nacionales y extranjeros, que nos manejamos con la suspicacia y la desconfianza, que aquí el derecho y la vergüenza son los que mandan. Así y sólo así, al momento de su obligado y merecido retiro del ejercicio del derecho, será recordado por la presente y futura generación como un prohombre, un paladín de la justicia y el derecho.
Usted, Honorable Magistrado, es un hombre de mucha experiencia a quien la vida ha brindado muchísimas distinciones y responsabilidades, como esta última que recién inicia. No desvíe su rumbo del camino del respeto al derecho y la ley que su conciencia le ha trazado, con la seguridad que al final del camino encontrará una patria agradecida. Así lo percibo, así lo escribo.