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¡Quién desprestigia a quién!


Es sólo lógico esperar que Martincito defienda la imagen de su padre, por difícil que esa tarea sea. También es cajonero que los rivales políticos quieran desprestigiar a Martín haciendo referencia a los errores cometidos durante toda una dictadura. Yo me atrevo a plagiar lo que me dijo un respetado intelectual: Martín no tiene culpa alguna de los desafueros cometidos por su padre. Por su parte, mi amigo Rubén Darío Paredes insinúa que Omar no tuvo conocimiento de los múltiples crímenes que ahora se insiste fuertemente que se investiguen. No obstante, yo opino que con el poder omnímodo que tuvo Omar, pocos de los crímenes que cometieron miembros de las Fuerzas de Defensa sucedieron sin que el comandante lo supiera, sea directa o indirectamente.
Por su lado, Roberto Díaz Herrera trata de insinuar que en efecto va a existir una campaña sucia contra Omar para desprestigiar a Martincito. En fin, nadie puede negar que cuando "desaparecieron" al padre Héctor Gallego, quien mandaba era Omar; igual cuando descabezaron a Hugo Spadafora el comandante era "cara-de-piña".
Creo que el punto que se quiere soslayar es que hay una infinidad de miembros del PRD que apoyaron los crímenes de las Fuerzas de Defensa, sin querer y queriendo. Por lo que el problema obvio de Martincito es que tiene a su alrededor muchos de esos miembros del PRD que no les importó sentarse sobre las bayonetas y pelechar y, ahora, quieren hacer lo mismo, pero sin sentarse sobre las bayonetas. En estas circunstancias, admiro la campaña de Martincito de que debemos olvidar el pasado para dedicarnos al presente y al futuro. Pero esa posición no es hermética, tiene muchos huecos. Debemos conocer el pasado para no incurrir en los mismos errores. En todo esto me preocupa la juventud, que es el futuro de la patria. Mi nieto mayor, quien podrá votar por primera vez, me dice que él no va a votar por nadie y que escribirá su nombre en la papeleta. "Aguanta ahí, nieto - me vi precisado a decirle-, tú llevas mi nombre, así que asegúrate de agregar tu apellido materno".
Mi nieto también me expresó su sentido de rebeldía con el estado de cosas cuando mencionó en posterior ocasión que votaría por Iván Blasser. Yo pensé para mis adentros: me recuerda a todos los jóvenes que por rebeldía votaron por un famoso artista de la farándula.
Ya se sabe la historia de esto y la única conclusión a que uno puede llegar es que los jóvenes buscaban la descarga de su rebeldía sin conocer suficiente acerca de los sucesos históricos que tienen a nuestro Panamá en el "despelote". Por ello debo insistir una vez más que debe haber más docencia de parte de los ciudadanos bien intencionados que tienen al país como su primera prioridad. Yo hago lo que puedo, dentro de mi cortedad. Los libros de nuestra historia, veraces y genuinamente patrióticos, se pueden contar con los dedos de una mano, y sobran dedos. Pero la historia reciente sobre la narcodictadura y los Boris Martínez, Omar Torrijos, Manuel Noriega, puede y debe ser materia de docencia para las elecciones de 2004. Creo que eso no sólo es necesario sino inevitable.
La campaña de desprestigio viene contra todos: Martincito, Guillermito, Josemigue y otros que no vale la pena ni mencionar. Todos debemos estar listos a poner los puntos sobre las íes en dicha campaña. No hay otra forma. Advierto, no estoy hablando de insultos o palabras sucias. No puedo evitar mencionar el dolor que me causaron las inundaciones recientes por los lados de Arraiján. Leí que el Ejecutivo aportará $620 mil para los damnificados y hago público mi reconocimiento. Sin embargo, debo confesar que pensé que esa cantidad es menor que el precio de venta de la mansión de Punta Mala y, a lo mejor, menor que el viaje a Mónaco. ¡Qué mala suerte tiene el panameño!
Valdría la pena que el Ministerio de Trabajo investigara a cuántos trabajadores se han enviado hasta el momento, de aquél lado de la grapa. Y también vale la pena que el Ministerio de Trabajo cumpla con la ley, en el sentido de atender a todo trabajador que presente su queja de despido injustificado en el área bananera.
Vale la pena que este Ministerio cumpla con su deber, antes que queden de aquel lado de la grapa los dos mil 800 trabajadores sobrevivientes del área bananera de Puerto Armuelles.

101 años de Panamá América

 
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