¿Quién le hace un favor a quién?
Tal vez no sea yo la persona más indicada para tratar este tema, pero he tenido como norma de conducta el exponer mi manera de pensar sin tomar en cuenta consideraciones que puedan desfigurar mis planteamientos.
Alberto Vallarino, mi hijo político, por quien siento afecto, respeto y admiración, tiene su manera de pensar muy propia y yo la mía. Nunca he sido, ni soy su vocero. Mis opiniones son sólo mías y siempre que he escrito algún artículo no he sabido, previo al mismo, si él lo comparte o no.
Alberto ha expresado con claridad que aspira a ser candidato a la Presidencia de la República. Aspira al cargo, lo sé, no por vanidad, sino como un deber de servirle al país que le ha dado la oportunidad de desarrollarse con inusual éxito. Para Alberto ser candidato a un puesto de elección significa un sacrifico personal que muy pocos pueden comprender el alto precio que tendrá que pagar. Se desprenderá de muchas cosas que le son muy gratas y detendrá -al menos temporalmente- su exitosa y ascendente carrera de triunfos en el sector privado. Ser candidato, además, representa para su familia una serie de grandes privaciones y sinsabores a las cuales tendrá que someterse.
Los anuncios de Alberto Vallarino han provocado muchas conjeturas y expresiones; la mayoría ha sido favorable. Algunas pocas, no obstante, son muy negativas y aún ofensivas. Ellas provienen -y eso es entendible- de uno que otro potencial aspirante a la postulación del Partido Arnulfista, que ven en él un competidor de cuidado. Lo han endilgado de epítetos calificándolo de "traidor", "aprovechador", "oportunista", etc.
Alberto frente a esos ataques se ha limitado, actuando con gran serenidad, a hacer planteamientos serios, profundos y de gran contenido, plasmando en ellos su visión de cómo rescatar al país de la grave crisis económica y moral en que está sumido. Sus exposiciones han estado alejadas de toda demagogia y populismo trasnochado. No se ha limitado a señalar los problemas que confronta el país, que todos conocemos, sino a plantear soluciones serias y viables.
Un gobierno, cualquiera que sea, con sus aciertos y fracasos se va desgastando y constituye, sin duda alguna, un lastre pesado que tiene su efecto en una candidatura presidencial por más credenciales que él posea. El "continuismo" siempre tiene un efecto muy negativo en una campaña política y esto es mayor si el abanderado carece de sólido respaldo popular.
222 Si bien es cierto que algunos miembros de la cúpula arnulfista se oponen a su candidatura, no sucede lo mismo con las bases de ese partido...
Sólo una figura nueva con ideas frescas y planes concretos de gobierno, no comprometido con las políticas del régimen, podría impedir un desastre electoral de gran magnitud para el Partido Arnulfista y su aliado el Partido Molirena. Estos se tendrán que enfrentar a un PRD cohesionado con una excelente organización, dinero y un buen candidato.
No hay la menor duda de que cuando se está arriba se piensa, casi siempre, que nunca más se volverá a estar abajo. "Cuánto engaño y sorpresas desagradables" para los que olvidan la historia por más ejemplos que ella nos dé, aun de sucesos recientes que deben estar frescos en la memoria de todos.
En la democracia panameña -su electorado- parece que, al estilo costarricense, se inclina a la alternabilidad del poder, de no presentarse excepciones -en candidato- que presenten soluciones y que el pueblo llegue a aceptar su plataforma de gobierno como fórmula salvadora para sus reivindicaciones. La elección del Dr. Abel Pacheco en Costa Rica, es prueba clara de lo anterior.
Alberto Vallarino deberá hacer una evaluación muy amplia de carácter nacional, sin apremios, que le permitan determinar dónde "amarra su caballo". Si bien es cierto que algunos miembros de la cúpula arnulfista se oponen a su candidatura, no sucede lo mismo con las bases de ese partido que lo considera por sus raíces, vínculos familiares y planteamientos ideológicos un arnulfista de "cuerpo y alma".
La decisión que en su momento deberá tomar Alberto Vallarino es sólo de él. Yo, por mi parte, la respaldaré personal y políticamente, por tener las cualidades que requieren para conducir al Estado panameño por el sendero del éxito en estos tiempos turbulentos. Siempre he aplicado el dicho: "a lo tuyo con razón o sin ella" y en este caso específico justifico plenamente la aspiración de Vallarino.
Alberto Vallarino, mi hijo político, por quien siento afecto, respeto y admiración, tiene su manera de pensar muy propia y yo la mía. Nunca he sido, ni soy su vocero. Mis opiniones son sólo mías y siempre que he escrito algún artículo no he sabido, previo al mismo, si él lo comparte o no.
Alberto ha expresado con claridad que aspira a ser candidato a la Presidencia de la República. Aspira al cargo, lo sé, no por vanidad, sino como un deber de servirle al país que le ha dado la oportunidad de desarrollarse con inusual éxito. Para Alberto ser candidato a un puesto de elección significa un sacrifico personal que muy pocos pueden comprender el alto precio que tendrá que pagar. Se desprenderá de muchas cosas que le son muy gratas y detendrá -al menos temporalmente- su exitosa y ascendente carrera de triunfos en el sector privado. Ser candidato, además, representa para su familia una serie de grandes privaciones y sinsabores a las cuales tendrá que someterse.
Los anuncios de Alberto Vallarino han provocado muchas conjeturas y expresiones; la mayoría ha sido favorable. Algunas pocas, no obstante, son muy negativas y aún ofensivas. Ellas provienen -y eso es entendible- de uno que otro potencial aspirante a la postulación del Partido Arnulfista, que ven en él un competidor de cuidado. Lo han endilgado de epítetos calificándolo de "traidor", "aprovechador", "oportunista", etc.
Alberto frente a esos ataques se ha limitado, actuando con gran serenidad, a hacer planteamientos serios, profundos y de gran contenido, plasmando en ellos su visión de cómo rescatar al país de la grave crisis económica y moral en que está sumido. Sus exposiciones han estado alejadas de toda demagogia y populismo trasnochado. No se ha limitado a señalar los problemas que confronta el país, que todos conocemos, sino a plantear soluciones serias y viables.
Un gobierno, cualquiera que sea, con sus aciertos y fracasos se va desgastando y constituye, sin duda alguna, un lastre pesado que tiene su efecto en una candidatura presidencial por más credenciales que él posea. El "continuismo" siempre tiene un efecto muy negativo en una campaña política y esto es mayor si el abanderado carece de sólido respaldo popular.
222 Si bien es cierto que algunos miembros de la cúpula arnulfista se oponen a su candidatura, no sucede lo mismo con las bases de ese partido...
Sólo una figura nueva con ideas frescas y planes concretos de gobierno, no comprometido con las políticas del régimen, podría impedir un desastre electoral de gran magnitud para el Partido Arnulfista y su aliado el Partido Molirena. Estos se tendrán que enfrentar a un PRD cohesionado con una excelente organización, dinero y un buen candidato.
No hay la menor duda de que cuando se está arriba se piensa, casi siempre, que nunca más se volverá a estar abajo. "Cuánto engaño y sorpresas desagradables" para los que olvidan la historia por más ejemplos que ella nos dé, aun de sucesos recientes que deben estar frescos en la memoria de todos.
En la democracia panameña -su electorado- parece que, al estilo costarricense, se inclina a la alternabilidad del poder, de no presentarse excepciones -en candidato- que presenten soluciones y que el pueblo llegue a aceptar su plataforma de gobierno como fórmula salvadora para sus reivindicaciones. La elección del Dr. Abel Pacheco en Costa Rica, es prueba clara de lo anterior.
Alberto Vallarino deberá hacer una evaluación muy amplia de carácter nacional, sin apremios, que le permitan determinar dónde "amarra su caballo". Si bien es cierto que algunos miembros de la cúpula arnulfista se oponen a su candidatura, no sucede lo mismo con las bases de ese partido que lo considera por sus raíces, vínculos familiares y planteamientos ideológicos un arnulfista de "cuerpo y alma".
La decisión que en su momento deberá tomar Alberto Vallarino es sólo de él. Yo, por mi parte, la respaldaré personal y políticamente, por tener las cualidades que requieren para conducir al Estado panameño por el sendero del éxito en estos tiempos turbulentos. Siempre he aplicado el dicho: "a lo tuyo con razón o sin ella" y en este caso específico justifico plenamente la aspiración de Vallarino.