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¿Quién lo creería?


Tengo que confesarlo, cuando una televisora de la localidad transmitía imágenes en vivo de la firma del pacto META entre el secretario general del Partido Revolucionario Democrático, Martín Torrijos, y el presidente del Partido Demócrata Cristiano, Rubén Arosemena, no fue posible salir de mi asombro con mucha facilidad. Con atención observé los rostros, sonrisas, miradas de cada uno de los actores para poder convencerme que lo que estábamos presenciando ante la pantalla, era la realidad y no una virtualidad; mi hijo de tan sólo 16 años de edad, que me acompañaba en ese momento, dentro de su inocencia e ingenuidad de adolescente, me preguntó: ¿Y ésos, no eran enemigos? ¿Qué pasa?.
El PRD es un partido social demócrata pluralista, el cual emerge a la vida política producto de un proceso político y social encabezado y dirigido por el General Omar Torrijos Herrera. El movimiento de los militares, encabezados por Torrijos, desplazó del poder político a una oligarquía totalmente descompuesta y que no podía seguir gobernando, y, precisamente en ese gobierno que las elecciones de la época le adjudicaron el triunfo, participó la democracia cristiana con un ministro de Estado (Educación) y una diputada. El PRD se convierte en el soporte político del proceso de transformaciones sociales encabezadas por Torrijos, pero al mismo tiempo, en el blanco de los ataques de los sectores de oposición al proceso, entre ellos, la democracia cristiana, que le servía a estos sectores como su orientadora ideológica y política. Los errores cometidos por algunos sectores del torrijismo, sobretodo, después de la muerte del General Torrijos, abonaron y fertilizaron el terreno de los enemigos del partido y trajo como consecuencia la estigmatización y todos los estereotipos contra el PRD. Por su parte, la democracia cristiana proviene de una corriente socialcristiana, la cual en estos momentos, a nivel internacional, replantea su línea y se encuentra en un proceso de transformación interna, ha mantenido en forma permanente, una posición de enfrentamiento contra el PRD; este partido, desde 1968, ha establecido una alianza con los sectores políticos más atrasados de la sociedad panameña. En 1987, cuando se profundizó la lucha por parte de los sectores oligárquicos para la retoma del poder político, vimos a la democracia cristiana caminar en alianza con aquéllos y justificar y defender toda la agresión que los Estados Unidos desató contra Panamá.
El pacto META evidencia varias cosas: Que el mundo ha cambiado y seguirá cambiando, que ya no es posible que el tradicionalismo y el clientelismo político subsistan en esta sociedad; que la política es el arte de lo probable; que en política no hay sorpresas, sino sorprendidos; que ante la incapacidad, desinterés, poco entendimiento y falta de una definición clara de la agenda legislativa por parte del oficialismo y sus aliados, las organizaciones políticas como éstas, por su nivel de madurez, estaban obligadas a ponerse de acuerdo. Ante una Asamblea apoderada por gente insensata y acostumbrada al estilo de la política de prebendas y concesiones, se hacía necesario de un pacto como el que nos sorprendió, para garantizarle a la sociedad panameña un organismo en donde realmente se represente y se defienda los intereses de la nación y del pueblo panameño.
En este período se debe desarrollar una agenda definida y clara que contemple permitirle a los sectores productivos estabilidad económica, seguridad jurídica a las inversiones nacionales y extranjeras; a los sectores medios, mejores condiciones de vida y de ingresos; a los sectores marginados, un desarrollo económico de calidad con equidad.
Estos dos partidos le ganaron la iniciativa al gobierno y la misma es difícil de entender por diversos sectores que no pueden imaginarse la transformación tan radical de enemigos históricos y tradicionales. La dirigencia nacional del PRD, encabezada por Martín Torrijos, está dando ejemplos de estilos políticos inéditos en la historia política panameña. La meta es lograr una concertación por Panamá y los panameños. Tengo la esperanza que lo lograremos.
Parafraseando al Doctor Ricardo Arias Calderón, señalo que tengo vivo en mi memoria el recuerdo de la toma de posesión presidencial en la base militar de Clayton, tengo vivo en mi memoria, el bombardeo y arrasamiento de mi barrio de El Chorrillo, en la madrugada del 20 de diciembre, tengo vivo el recuerdo, en mi memoria, de la Ley 25 del 14 de diciembre de 1990, pero también creo que el futuro no se puede sacrificar por guardar rencores y amarguras.
Creo que este pacto no afecta para nada la gobernabilidad, por el contrario, desarrolla el mandato emitido soberanamente por el pueblo panameño en las urnas el 2 de mayo de 1999, en donde con gran sabiduría dimensionó un nuevo equilibrio político, otorgando los contrapesos del ejercicio del poder del Estado a distintos partidos políticos. Este es un momento histórico para que la Presidenta de la República lo aproveche y se empine sobre los intereses clientelistas y personales, y actúe como estadista que ha recibido el mandato de gobernar en función de los intereses de la nación y no de aquellos sectores interesados exclusivamente en las prebendas y concesiones que facilita el poder.

101 años de Panamá América

 
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