Quien mal anda, mal acaba
Cuando hace cuatro años apoyé, lleno de entusiasmo, a Martín y a su "cero corrupción", jamás imaginé su patético final: un mandatario que no ha dicho "esta boca es mía" ante el saqueo en Educación; prominentes abogados incluidos en comitivas a Cuba para cobrar multimillonarias cuentas de empresas de Zona Libre; compromisos de resolver casos perdidos en la Corte por venta directa de terrenos propiedad del Estado; sospechosa tolerancia ante el cataclismo del transporte. Pretenden indemnizar a corruptos dirigentes nada menos que con la venta de acciones de Cable & Wireless negociada bajo cuerda... Por supuesto, ortodoxamente, son sueños de opio imaginar -según anuncia el Presidente- resolver semejante pandemoniun en el último año de ningún gobierno.
El rosario de lamentaciones no tendría fin: regalos al Yates y Pesca; amigos y socios enriquecidos; el "corrido" del tío Charro y otros terratenientes del clan; no pago de impuestos en cuestionados contratos de "asesoría" en Dominicana; opacidad en mega contratos como la autopista de Colón y la Cinta Costera, en crasa omisión de la tan ventilada transparencia durante las elecciones de 2004.
Aquella exitosa campaña, en la que colaboré con alma, corazón y vida, tuvo su clímax en las denuncias contra el gobierno de Mireya, que ahora son "mantequilla" frente a todo lo que sigue emergiendo del candente iceberg que cada día nos revela nuevos horrores; vayamos tomando valium para cuando menudeen detalles con el cambio de gobierno. Tras el nombramiento de un excelente Ministro de Educación -Juan Bosco Bernal- el capricho de unos lo sacó para que entraran "ladrones de futuro y asesinos de inteligencia", en el robo más burdo que la educación nacional haya conocido.
Martín está tan "satisfecho" con los disgustos que nos ha dado por cuatro años que ya gestiona un reprisse para 2014: con su cuate Pedro Miguel -chantajeándolo con las partidas circuitales- impulsa el cambio constitucional de dos asambleas para reducir la reelección de diez a cinco años; allá tendría sólo medio siglo de edad. Qué broma de mal gusto nombrar nuevos ministros a estas alturas. Martín quiere ser determinante en el escogimiento del nuevo Presidente porque tiene miedo -no duerme por ello-, aún si el ganador sale de su mismo partido, porque saquen a relucir el vertedero que encontrará el gobierno que venga. Se obnubila con el poder que cada vez es menos y no se da cuenta que el país decente que aún existe, tanto opositor como del mismo PRD, no le permitirán cristalizar sus sueños; las preocupaciones que hoy lo embargan lo perseguirán por muchos años más.
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