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¿Quién paga el carnaval de la capital?


La organización de los carnavales en todas partes, y en Panamá también, es competencia de la comunidad. Es una fiesta tradicional, no una política pública. Es jolgorio, no un mandato constitucional. Lógico es que las autoridades municipales se encarguen de velar porque las actividades se desarrollen con ciertos parámetros de civilidad y que el desorden no menoscabe el orden público.

Cada comunidad se paga la fiesta del tamaño que puede costear. Pero nada tienen que hacer en la organización de esas festividades en el distrito capital las autoridades nacionales. Si la gente de la ciudad de Panamá quiere recoger fondos para pagarse la parranda, eso está dentro de sus legítimas opciones. Pero destinar fondos públicos para la contratación de músicos a precios exorbitantes y facilitar así el consumo de alcohol y la "pachanga", de modo intensivo, por cuatro o cinco días, es una verdadera vergüenza desde todo punto de vista. ¿Hasta cuando, señor Presidente, seguirá usted financiando el carnaval de la capital con los dineros de los contribuyentes de todo el país?

Asco debe dar la rebusca, repetida año tras año, de los mismos llamados empresarios que siempre aparecen como intermediarios o agentes en estas contrataciones que se financian con los dineros del pueblo. No es poca plata y el sentido del gasto es realmente deleznable. ¿Hasta cuándo seguiremos con tan lamentable práctica, que torna en pura hiprocresía el resto de la histriónicas declaraciones sobre la necesidad de combatir la pobreza? El Ejecutivo tiene la palabra.

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