¿Quién pagará los "platos rotos"?
Pocas veces había visto en mi larga vida pública a un gobierno cometer tantos errores innecesariamente como el actual. Esta cadena de equivocaciones se inició con la reglamentación, en la Comisión de Trabajo, de la discusión del proyecto de ley que reformaba la Ley de la CSS casi un mes antes de que ella llegara a la Asamblea Nacional.
El Presidente de la República, no tengo por qué dudarlos, tiene muy buenas intenciones y es manifiesto su interés de hacer las cosas bien. Sin embargo, tiene unos asesores, consejeros y tecnócratas -no tengo idea quiénes son- que han demostrado ser neófitos y muy incompetentes en el arte de la política y en el diseño de la estrategia de gobierno.
De los gremios que están en huelga reconozco los efectos negativos de las reformas propuestas para los obreros de la construcción. A ellos y otros de ocupaciones inseguras, como los trabajadores de las bananeras y otras más, el proyecto en su forma original los perjudica mucho. No entiendo, sin embargo, por más que trato de justificarlo, la actitud de los educadores y médicos. A ambos grupos, grandes privilegiados en nuestra sociedad, se le ha venido pagando su salario sin que laboren lo que en mi concepto los estimula a mantenerse en huelga.
Se ha llamado a un diálogo para hacer algunas modificaciones que tiendan a mejorar el proyecto y que es imprescindible introducir para hacer más justa la ley. Varios sectores han puesto precondiciones que hacen pronosticar que la intención del gobierno no prosperará.
Los partidos políticos que se habían marginado del problema por ser este principalmente gremial han comenzado a adoptar posturas que en mi concepto son equivocadas. En las luchas de la Cruzada Civilista contra el militarismo los partidos políticos de la época asumieron una actitud de observación y su participación activa fue muy marginal.
Los partidos entonces, al igual que ahora, mantuvieron y hoy mantendrán en su momento su vigencia e importancia en el desenvolvimiento democrático del país.
Creo firmemente que el país es el más afectado. Este merece que los distintos sectores se empinen sobre el egoísmo y depongan posiciones de intransigencia buscando un entendimiento que permita superar la crisis que hoy día ya comenzó a dejar sus efectos negativos en la economía. Persistir en mantener la confrontación perjudicará en el futuro inmediato a los más necesitados.
En esta coyuntura los que tienen medios económicos mandan sus hijos a las escuelas privadas y el que se enferma si tiene dinero es bien atendido por los médicos en sus consultorios.
El pobre es el que siempre paga las consecuencias. Vale la pena preguntarse si en este asunto que tantos perjuicios está ocasionando para todos, se harán, por parte del gobierno, correctivos? ¿ Alguien, o algunos, pagará los "platos rotos" de sus torpes acciones o consejos?
Si el Sr. Presidente, pasada la tormenta, no "limpia su casa" perderá autoridad y el país irá de "tumbo en tumbo".
Entre los 18 y 40 años de edad esta el índice cronológico de SIDA en nuestro país, los adolescentes y los jóvenes son uno de los sectores de mayor riesgo de contagiarse de SIDA.
El Presidente de la República, no tengo por qué dudarlos, tiene muy buenas intenciones y es manifiesto su interés de hacer las cosas bien. Sin embargo, tiene unos asesores, consejeros y tecnócratas -no tengo idea quiénes son- que han demostrado ser neófitos y muy incompetentes en el arte de la política y en el diseño de la estrategia de gobierno.
De los gremios que están en huelga reconozco los efectos negativos de las reformas propuestas para los obreros de la construcción. A ellos y otros de ocupaciones inseguras, como los trabajadores de las bananeras y otras más, el proyecto en su forma original los perjudica mucho. No entiendo, sin embargo, por más que trato de justificarlo, la actitud de los educadores y médicos. A ambos grupos, grandes privilegiados en nuestra sociedad, se le ha venido pagando su salario sin que laboren lo que en mi concepto los estimula a mantenerse en huelga.
Se ha llamado a un diálogo para hacer algunas modificaciones que tiendan a mejorar el proyecto y que es imprescindible introducir para hacer más justa la ley. Varios sectores han puesto precondiciones que hacen pronosticar que la intención del gobierno no prosperará.
Los partidos políticos que se habían marginado del problema por ser este principalmente gremial han comenzado a adoptar posturas que en mi concepto son equivocadas. En las luchas de la Cruzada Civilista contra el militarismo los partidos políticos de la época asumieron una actitud de observación y su participación activa fue muy marginal.
Los partidos entonces, al igual que ahora, mantuvieron y hoy mantendrán en su momento su vigencia e importancia en el desenvolvimiento democrático del país.
Creo firmemente que el país es el más afectado. Este merece que los distintos sectores se empinen sobre el egoísmo y depongan posiciones de intransigencia buscando un entendimiento que permita superar la crisis que hoy día ya comenzó a dejar sus efectos negativos en la economía. Persistir en mantener la confrontación perjudicará en el futuro inmediato a los más necesitados.
En esta coyuntura los que tienen medios económicos mandan sus hijos a las escuelas privadas y el que se enferma si tiene dinero es bien atendido por los médicos en sus consultorios.
El pobre es el que siempre paga las consecuencias. Vale la pena preguntarse si en este asunto que tantos perjuicios está ocasionando para todos, se harán, por parte del gobierno, correctivos? ¿ Alguien, o algunos, pagará los "platos rotos" de sus torpes acciones o consejos?
Si el Sr. Presidente, pasada la tormenta, no "limpia su casa" perderá autoridad y el país irá de "tumbo en tumbo".
Entre los 18 y 40 años de edad esta el índice cronológico de SIDA en nuestro país, los adolescentes y los jóvenes son uno de los sectores de mayor riesgo de contagiarse de SIDA.