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¿Quién pierde más?


La salida de Roxana Méndez de la Alcadía de Panamá no es una renuncia más, ni tampoco una pérdida cualquiera para la administración de Vallarino. Y personalizar las razones de su éxodo es banalizar la profundidad de los problemas que se despliegan diariamente con algunas de las conductas públicas del señor alcalde. Para empezar Roxana Méndez es una figura política de primer nivel, con un sólido liderazgo en el sector social y con una hoja de vida limpia de toda mancha. Acompañó a Ricardo Martinelli como candidata a la segunda vice presidencia de la República cuando el hoy mandatario no era más que una “rara avis” en el espectro político con opciones totalmente marginales. Méndez creyó en él y contribuyó a su fortalecimiento político y al de su partido. No obstante, el juego y el entrejuego de la política no favoreció a Méndez, y, pese a ser una leal y valiosa colaboradora de Ricardo Martinelli y su lucha por la moralización de la política, fue relegada a una posición muy subalterna para una persona de quien se especulaba integraría el Consejo de Gabinete. Su tragedia, expresada en su salida, a un tiempo voluntaria y forzosa, es el resultado del bajo amperaje que ilumina las acciones del titular del cargo. Bien ha hecho Méndez en distanciarse de Vallarino, su trayectoria y su capacidad política pueden esperar a que se presente una oportunidad más propicia en la que su talento y compromiso destaquen. El único que perdió en esta vuelta fue Martinelli. Muy temprano en la pelea, como dicen los entendidos.

101 años de Panamá América

 
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