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¿Quién se atreve a pincelar su gobierno de verde?


Hace poco escuchaba a la arquitecta Raisa Banfield dando una charla a jóvenes como parte de un proyecto de promoción de los valores, donde atinadamente FETV incluyó el componente ambiental. En aquella cita, una estudiante concluía: "Panamá es un país rico en recursos naturales, pero el gobierno no ha sabido administrar esta riqueza, y nosotros no hemos aprendido a valorarla".

Bien se ha dicho que la voz de la juventud hay que saberla escuchar. De momento, comencé a soñar despierta con un gobierno que se atreviera a dar algunas pinceladas de verde a su gestión (es decir, esfuerzos). Así inicié mi sueño-análisis, contrastando el panorama previo a las elecciones 2009, donde ya se han hecho muchas promesas, y se han dejado escapar algunas de carácter ambiental.

Soñé con un presidente que tuviera "zapatos y pantalones" suficientes para controlar las concesiones mineras metálicas, porque está visto que abusaron de ellas, con el pretexto de las inversiones extranjeras que sacarán de la pobreza a los pueblos; y es que aún las autoridades piensan que los panameños nos creemos ese cuento cuando vemos que las cosas no cambian pese a que siguen entrando proyectos. Al contrario, se siguen deteriorando los recursos naturales, nuestra "gran riqueza", pero eso es imposible que lo entiendan los políticos. Mejor re-dirijo mi sueño.

Soñé con un gobierno que le diera a la autoridad encargada de los temas ambientales 100% de poderes, pues, a pesar que existen programas de promoción de la cultura ambiental, el talón de Aquiles es cuando se inserta el asunto "interinstitucinal", prueba de ello es el enredo que hay con los estudios de impacto ambiental del proyecto Petaquilla, donde la autoridad en la materia dice una cosa y la justicia otra, y allí están las labores mineras burlando la orden de la "autoridad competente".

Vislumbré un Panamá donde las tierras tuvieran valor ecológico, donde sus metros de árboles no se vendieran a centésimos como terrenos baldíos... un país con proyectos habitacionales adecuadamente estudiados, donde el panameño con su realidad económica tuviera oportunidad de ocuparlos y no fuera rezagado para darle paso a las excentricidades extranjeras que, aunque bonitas, encajetan nuestra historia en edificios que no conocen las ventanas, sólo vidrios y aires acondicionados. Algunas obras han dañado áreas de riqueza natural, a falta de "corazón" de algunas autoridades.

Soñé con un presidente que pensara en conservar los recursos naturales y el futuro que esto le ofrece a Panamá para irle restando miembros a la pobreza, que pudiera unir las palabras verde-desarrollo-turismo como lo han hecho otras naciones sin tener que vender sus islas, que pudiera copiarse de esos planes, y al final no solo lo propusiera, sino que fuera capaz de cumplir esa propuesta, porque está visto que hay planes de gobierno que parecen hechos por equipos lejanos a la voluntad que dice tener cada gobierno.

Al final de mi sueño, me conformé con pensar que la ciudadanía esta vez no votaría motivada por las pasiones y las promesas de quienes han estado y poco han hecho, sino que exigirían un plan serio de las próximas autoridades.

Agréguele lo que considere a este sueño, total, ¡no es un pecado soñar!

101 años de Panamá América

 
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