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¿Quién será, quién será...?


Según lo manifestado por los interesados, son varios los presuntos candidatos a la Presidencia de la República para las elecciones de mayo de 2009, pero seguramente que no serán, en definitiva, más de tres los nominados oficialmente por los diferentes partidos a la primera magistratura de la Nación, para el período constitucional (2009-2014). Día a día, la ciudadanía panameña se pregunta: ¿Quién será, quién será... el próximo Presidente de Panamá?

Es considerable el número de ciudadanos y ciudadanas incondicionales de uno u otro precandidato en esta etapa previa a las elecciones primarias. Pero aún se está en la disyuntiva de quién representa la mejor opción en la política actual. En general, se busca un político con una trayectoria más coherente, enérgico, desinteresado y altruista para el servicio público panameño. Un ciudadano que haya dedicado su vida a combatir los abismos de la desigualdad y la inequidad social y que, sin ninguna ambición personal, pueda ascender al solio presidencial.

El pueblo panameño no quiere un Presidente por personalismo, sino un modelo de integridad. ¡Sí!, nuestro pueblo está ansioso de ver continuada la revolución en libertad que nos ofrecen líderes verdaderos, auténticos reformadores. Ahora, mediante la práctica democrática de las engorrosas primarias y de consultas a las "bases" a lo interno de los partidos políticos, parece más acertada la debida selección del candidato a la Presidencia de la República por cada colectivo.

Vale decir, cada precandidato dispone de la voluntad de sus aliados, gentes de convicciones democráticas probadas, para ejercer su liderazgo y procurar alzarse con la victoria en sus legítimas aspiraciones políticas.

En tales circunstancias, sólo cabe imaginar dos soluciones positivas: o el pueblo panameño siente, al cabo, irritada su dignidad política por ciertas propuestas demagógicas y, en una continuación del ímpetu renovador, afirma nuevamente la legalidad -esto es lo que concretamos, como en un símbolo, en un verdadero "gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo"-, o el pueblo panameño se manifiesta insensible a los imperativos del derecho moderno y de las necesidades sociales que padecemos, y desentendiéndose de los deberes democráticos, acepta ser gobernado por quiénes neciamente quieran imponérseles, confiados de manera muy particular en su poder económico y político.

Parece, pues, que ha llegado el momento para que la vida pública panameña prosiga tomando aspectos cada vez más decorosos, y en lo que era realidad oculta sea una realidad cada vez más proclamada. Ha llegado el momento de que siga el avance al Gobierno de los políticos más competentes y honestos, quienes en el ejercicio del poder manifiesten verdadera responsabilidad.

101 años de Panamá América

 
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