¿Quiénes son nuestros enemigos?
En 1903 nacimos a la vida como nación independiente gracias al apoyo interesado, por supuesto, que los Estados Unidos brindó a nuestra decisión de separarnos de Colombia. Ese favor lo pagamos inmensamente caro, entonces, con el oprobioso tratado Hay-Bunau Varilla, y todavía no hemos terminado de pagarlo.
Como secuela de nuestra vinculación contractual a la potencia norteamericana nos queda el Tratado de Neutralidad, que nos colocó "bajo el paraguas del Pentágono". Hoy, a pesar de que la "guerra fría y la amenaza del comunismo son cosas del pasado, "nuestros protectores" siguen empeñados en imponernos otras formas de tutelaje, promovidos por los sectores más retrógrados de los Estados Unidos.
Igualmente grave es la secuela invisible afincada en las mentes de algunos de nuestros compatriotas que quedaron marcados por el colonialismo y añoran "los tiempos de los gringos".
La nación panameña, tal vez como ninguna otra de su tamaño, recursos y población, enfrenta un entorno difícil. Por un lado, tenemos que seguir enfrentando los coletazos del colonialismo físico que estuvo representado por la presencia de tropas extranjeras, cuyo retorno sigue siendo objeto del ala ultraconservadora de los Estados Unidos. Por otro, seguimos teniendo que demostrar, una y mil veces, que somos capaces de administrar la vida interoceánica.
Las campañas orquestadas por los Jessie Helms, los Mica o los Horsbacher y todos los que como ellos piensan, se aprovechan del más nimio pretexto para reclamar nuevas formas de tutelaje colonialistas que incluyen hasta las amenazas de ocupación militar, para supuestamente, preservar la seguridad del Canal, protegernos del narcotráfico, de los comunistas o de las guerrillas colombianas.
A esos embates, que son una amenaza real, tenemos que enfrentarnos con muy limitados recursos, como consecuencia de los estragos causados por la dictadura militar, que elevó los niveles de pobreza a la magnitud de tragedia nacional y la monstruosa deuda pública que nos dejó y que nos priva de dedicar mayores recursos a atender a los sectores más golpeados de nuestra población.
En resumen, nuestros retos son enormes y frente a ellos todos tenemos responsabilidades que afrontar, que son de mayor o menor magnitud, según la posición que se ocupa en el engranaje social. El gobierno, los partidos políticos, los gremios empresariales, obreros o profesionales, cada uno dentro de sus competencias, puede ser un factor decisivo para superarlos. Pero ello sólo será posible en la medida en que haya comprensión para discriminar, entre los aspectos envueltos, cuáles son los que nos imponen dejar atrás criterios sectarios y concentrarnos en el interés nacional.
En la encrucijada que vive la nación panameña es inaceptable la demagogia. Por eso, resulta inadmisible que algunos dirigentes empresariales, dejando de lado la responsabilidad que les compete de orientar objetivamente o de contribuir al desarrollo nacional, cedan tan raídamente a la tentación de la crítica fácil.
Si ante los trascendentales retos que enfrenta la nación, algunos de sus más influyentes dirigentes se desbocan como ocurrió recientemente con el presidente de la Cámara de Comercio, es obvio que los enemigos externos se servirán de esas manifestaciones para hacerle daño al país, que no sólo del gobierno sino de todos.
Asumo que las posiciones expresadas por el presidente del gremio empresarial no son las de todos sus asociados y algunas de las informaciones que han trascendido, que dan cuenta de su retractación, son positivas, pero lo ocurrido debe servir para que se medite sobre sus consecuencias, dentro del marco de los retos que como panameños enfrentamos todos.
Como secuela de nuestra vinculación contractual a la potencia norteamericana nos queda el Tratado de Neutralidad, que nos colocó "bajo el paraguas del Pentágono". Hoy, a pesar de que la "guerra fría y la amenaza del comunismo son cosas del pasado, "nuestros protectores" siguen empeñados en imponernos otras formas de tutelaje, promovidos por los sectores más retrógrados de los Estados Unidos.
Igualmente grave es la secuela invisible afincada en las mentes de algunos de nuestros compatriotas que quedaron marcados por el colonialismo y añoran "los tiempos de los gringos".
La nación panameña, tal vez como ninguna otra de su tamaño, recursos y población, enfrenta un entorno difícil. Por un lado, tenemos que seguir enfrentando los coletazos del colonialismo físico que estuvo representado por la presencia de tropas extranjeras, cuyo retorno sigue siendo objeto del ala ultraconservadora de los Estados Unidos. Por otro, seguimos teniendo que demostrar, una y mil veces, que somos capaces de administrar la vida interoceánica.
Las campañas orquestadas por los Jessie Helms, los Mica o los Horsbacher y todos los que como ellos piensan, se aprovechan del más nimio pretexto para reclamar nuevas formas de tutelaje colonialistas que incluyen hasta las amenazas de ocupación militar, para supuestamente, preservar la seguridad del Canal, protegernos del narcotráfico, de los comunistas o de las guerrillas colombianas.
A esos embates, que son una amenaza real, tenemos que enfrentarnos con muy limitados recursos, como consecuencia de los estragos causados por la dictadura militar, que elevó los niveles de pobreza a la magnitud de tragedia nacional y la monstruosa deuda pública que nos dejó y que nos priva de dedicar mayores recursos a atender a los sectores más golpeados de nuestra población.
En resumen, nuestros retos son enormes y frente a ellos todos tenemos responsabilidades que afrontar, que son de mayor o menor magnitud, según la posición que se ocupa en el engranaje social. El gobierno, los partidos políticos, los gremios empresariales, obreros o profesionales, cada uno dentro de sus competencias, puede ser un factor decisivo para superarlos. Pero ello sólo será posible en la medida en que haya comprensión para discriminar, entre los aspectos envueltos, cuáles son los que nos imponen dejar atrás criterios sectarios y concentrarnos en el interés nacional.
En la encrucijada que vive la nación panameña es inaceptable la demagogia. Por eso, resulta inadmisible que algunos dirigentes empresariales, dejando de lado la responsabilidad que les compete de orientar objetivamente o de contribuir al desarrollo nacional, cedan tan raídamente a la tentación de la crítica fácil.
Si ante los trascendentales retos que enfrenta la nación, algunos de sus más influyentes dirigentes se desbocan como ocurrió recientemente con el presidente de la Cámara de Comercio, es obvio que los enemigos externos se servirán de esas manifestaciones para hacerle daño al país, que no sólo del gobierno sino de todos.
Asumo que las posiciones expresadas por el presidente del gremio empresarial no son las de todos sus asociados y algunas de las informaciones que han trascendido, que dan cuenta de su retractación, son positivas, pero lo ocurrido debe servir para que se medite sobre sus consecuencias, dentro del marco de los retos que como panameños enfrentamos todos.