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Quiero ser independiente


PROBABLEMENTE el año 2005 pase a la historia nacional como el de la crisis de la Caja de Seguro Social; y a juzgar por el rumbo que han tomado los eventos relacionados a ésta, podríamos considerarnos afortunados si la crisis termina con el éxito de las presentes negociaciones.
Sin embargo, los acuerdos se avienen con dificultad; al finalizar el período de "consulta" podríamos vernos nuevamente en la situación de tensión de los pasados meses, con el FRENADESSO probando fuerzas con el Gobierno. Entonces, la situación sería en verdad extraordinaria en la historia de nuestro país, teniendo a un Gobierno de mayoría afrontando una situación de inestabilidad institucional, una dolorosa lección para los que olvidan que el consenso es un acuerdo delicado que debe renovarse continuamente con los actos de gobierno.
Lo que nos resulta interesante es que esta crisis se ha visto impulsada por la defensa de la solidaridad como principio rector de las políticas públicas. Actuando así, solidariamente, la Caja de Seguro Social está cumpliendo con el mandato constitucional consagrado en el artículo 105: "Es función esencial del Estado velar por la salud de la población de la República. El individuo, como parte de la comunidad, tiene derecho a la promoción, protección, conservación, restitución y rehabilitación de la salud y la obligación de conservarla, entendida ésta como el completo bienestar físico, mental y social".
Según la norma, el individuo, no la persona que cotiza, tiene derecho a los servicios de salud, derecho que por supuesto debe ser garantizado por el Estado. De paso los redactores en un impulso de cuidado paternal establecen la obligación del individuo a mantener su integridad física, mental y social, con lo que se ilegalizan el suicidio, las dolencias psíquicas, y todas aquellas conductas nocivas a lo que se entienda por bienestar social. Vale la pena recordar al Joven rico del evangelio, que al acercarse a Jesús para preguntarle qué debía hacer para ganarse la vida eterna, asegurando que había guardado los mandamientos de la ley mosaica, recibió la siguiente respuesta: "Aún te falta una cosa. Todo cuanto tienes véndelo y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven y sígueme." Nada más natural entonces que hacer de la solidaridad un principio de política de Estado.
Todos los asalariados están obligados a contribuir a la Seguridad Social, y para asegurar que el país legal coincida con el país real se ha extendido el cumplimiento de esta obligación al empleador que tiene que descontar la cuota del salario y hacer él el pago efectivo de la misma. Sin embargo, no todos los ciudadanos estaban obligados a cotizar, pues hay individuos que no tienen con qué, y además están los individuos que a pesar de que pueden contribuir, al no ser obreros no se estima que necesiten la tutela del Estado para asegurar su salud y jubilación; estos últimos son los independientes. No obstante, la nueva ley extiende la obligación de cotizar a los independientes, no porque necesiten los servicios de la Caja o porque alguna vez los quieran utilizar, sino porque es el deber de todos los panameños salvar la Caja en un gesto de solidaridad.
Pero este deber de solidaridad es todo menos un gesto, pues los independientes han de pagar sus cuotas a riesgo de incurrir en un acto ilegal. Y esta es la verdadera consecuencia de incorporar a los independientes al régimen de cuotas: ¡la ilegalización de los independientes! La solidaridad es un precepto moral cuya práctica voluntaria es beneficiosa, pero la solidaridad coaccionada no es más que tiranía y adoctrinamiento.
Si este sentimiento es en verdad compartido por todos, que daño hará eliminar la obligatoriedad de cotizar y dejar que los panameños escojan donde depositar sus ahorros para asegurar su salud y jubilación, dejar que se decida democráticamente dónde asegurarse, no en una elección cada cinco años, sino todos los días, en el Mercado. La solidaridad no puede ser traducida en redistribución compulsiva, después de todo, Jesús no secuestró y liquidó los bienes del joven rico en respuesta a su deseo de alcanzar la vida eterna, le dio a elegir entre ser solidario o no serlo, ¿acaso se puede ser solidario sin desearlo verdaderamente?
(*)Miembro de la Fundación Libertad

101 años de Panamá América

 
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