default

Quinta papeleta: 94 mil firmas son 4.7 % de la ciudadanía


Por regla general, todos los políticos afirmamos ser los auténticos representantes de la voluntad popular, pero esa pretensión está muy lejos de la verdad. Como es imposible que, asumiendo posiciones distintas, cada uno represente a toda la voluntad popular, es más realista aspirar a representar la mayoría. Pero como tampoco todos podemos, a la misma vez, representar a la mayoría, cada tendencia o corriente política, sea partido o grupo de presión, sólo representa una parte de la voluntad popular. ¿Qué parte o porcentaje es esa porción? Esto solamente se sabe cuado el pueblo emite su veredicto, mediante el voto, la consulta directa o la suscripción de solicitudes como la promovida para pedir la denominada quinta papeleta.
Según las cifras (redondeadas) divulgadas por el Tribunal Electoral, dos millones (2,000,000) de panameñas y panameños podremos ejercer el sufragio en las elecciones de mayo. Como escribí en un artículo reciente, los promotores de la quinta papeleta habían anunciado que recogerían medio millón (500,000) de firmas. El resultado final de la campaña es que sólo lograron (94,000) peticionarios, o sea, el 4.7 % de las ciudadanas y ciudadanos registrados para votar.
Como decía al inicio, qué representa cada quien sólo se mide cuando el pueblo se pronuncia. En el caso de la quinta papeleta, el veredicto ha sido contundente: la iniciativa no tiene el respaldo que proclamaban los promotores. ¿Significa esto que el país rechaza las reformas a la Constitución? ¡Por supuesto que no! La lectura correcta de ese resultado es que el pueblo, que es más sensato que la mayoría de los políticos, está claro en que una cosa nada tiene que ver con la otra.
La mayoría del país quiere que se reforme la Constitución vigente, pero no entiende porqué para modificar 10 ó 15 artículos de la actual, cuyos textos específicos se desconocen, se necesita convocar una Asamblea Constituyente de resultados y consecuencias impredecibles, que podría lanzar al país a una vorágine de incertidumbres e inestabilidad.
El resultado de la campaña de recolección de firmas, además, comprueba lo que, desde siempre, hemos venido sosteniendo: primero se deben consensuar las reformas específicas y después la vía para darles vigencia que, como también creo que lo prefiere el pueblo, debe ser la más rápida y de menor costo económico, social y político, es decir, mediante dos asambleas, sucesivas. Por esa vía, las reformas podrían ser aprobadas por la actual asamblea, después de las elecciones o en sesiones extraordinarias y por segunda vez, por la nueva que se instalará el 1 de septiembre de 2004. Ese proceso podría cumplirse en nueve meses y las reformas entrarían en vigor temprano en el 2005.
Según relata una nota de prensa aparecida en este mismo diario el pasado jueves, 12 de febrero, en comunicado del Comité Ecuménico justifica que no se lograran las anunciadas 500,000 firmas, aparte de factores económicos, a la "propaganda adversa y atemorizante que se le envió al pueblo". Si se compara el número de personas que hemos opinado públicamente a favor de las reformas, pero en contra de la convocatoria de la Asamblea Constituyente, es evidente que hemos sido los menos y esos pronunciamientos nunca han tenido el tono agresivo y hasta insultante utilizado por algunos de los promotores de la quinta papeleta.
En la democracia el veredicto lo tiene el pueblo, y éste ha sido contundente. Y el 4.7 % de la ciudadanía no debe desconocer que el 95.3 % no le hizo eco a la propuesta.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América