Quo vadis Panamá
Siempre he creído que los panameños contamos con ciertas ventajas competitivas ante nuestros vecinos cercanos; todas ellas surgidas de una manera u otra de nuestra incomparable posición geográfica y ese gran activo que es el Canal de Panamá, de las cuales me jactaba ante mis amigos nicas y salvadoreños durante mi corta, pero extremadamente agradable, permanencia en esos países al inicio de mis años post- Caja de Ahorros.
Contaba entre esas ventajas: nuestra economía basada en el dólar; el ser una sociedad cosmopolita y políglota, con el inglés como segunda lengua; orientada hacia una economía de servicios y contando con un alto índice académico; el poseer el Centro Bancario más importante de la región latinoamericana y en otras cosas, el gozar de un clima de seguridad personal.
No debe ser sorpresa para muchos de que hoy día lo dicho anterior es cuestionable. Ciertas situaciones y hechos recientes lo demuestran y nos lleva a la conclusión que debemos actuar rápidamente, pues estamos a alto riesgo de perder del todo dichas ventajas. Existe una necesidad urgente que todos los panameños unamos esfuerzos en la búsqueda de medidas de corrección y nuevos rumbos.
El dólar, base de nuestra economía, está llamado a perder su hegemonía mundial si le creemos a los economistas y estudiosos del tema. Eso lo admiten los propios norteamericanos. Se anticipa que para el año 2010, el EURO (la moneda que pienso debemos pelarle el ojo, como decimos en buen panameño) alcanzará paridad con el dólar. Ya en otro artículo hablé sobre el surgimiento de la China Continental como el polo de poder económico del futuro. Ambos hechos crean la necesidad de considerar desde ya el impacto que tendrán en nuestro sistema económico y monetario estos dos hechos y cuál sería nuestro futuro modelo de economía y base monetaria.
Hay sucesos que contradicen mi apreciación de que somos un país cosmopolita, bilingüe y con alta preparación académica. Esto lo ilustra la recién decisión del Banco HSBC y la de Microsoft, no hace un tiempo, de eliminar Panamá como la opción para establecer aquí empresas de alta tecnología con el real potencial de creación de decenas de miles de empleos.
HSBC se llevó su Centro de Atención de Clientes de habla inglés a Malasia, porque no encontraron el núcleo inicial de 600 personas con el conocimiento requerido del idioma inglés. Asombroso, ¿verdad? Microsoft se fue para Costa Rica porque no encontró la masa de personal técnico capacitado que su proyecto implicaba. (Otros dicen que Bill Gates salió asustado con los múltiples pedidos de mamey que le hicieron, pero a mí eso no me consta). Ambas situaciones son patéticas.
El poder económico del futuro dicen los sociólogos, Peter Drucker, por ejemplo, estará en las sociedades que manejen información y creen conocimiento. Lo irónico es que Panamá cuenta con la infraestructura física favorable para el manejo de información. Tenemos lo que los técnicos llaman el ancho de banda. Existe otro canal que nos atraviesa y es que aquí convergen las grandes redes de comunicación de voz y datos que unen al mundo. Heredamos Howard Field el centro premier de comunicación hemisférica de los norteamericanos. No fue coincidental que HSBC pensara en nosotros para su "Call Center". Tenemos un alto numero de escuelas y centros de alta enseñanzas que hace pensar que existe la infraestructura académica. ¿Cuántas universidades hay en Panamá?, pero ¿qué hacen? Supuestamente teníamos una alta población con antecesores de habla inglés que ahora me entero sus nietos no hablan ese idioma. Obviamente estamos perdiendo terreno. Es urgente re-orientar e intensificar nuestros esfuerzos de capacitación de nuestra población para sobrevivir, observen que no digo competir, repito sobrevivir, ante las exigencias de este nuevo mundo globalizado.
Seguimos contando con un importante Centro Bancario, pero los avances tecnológicos particularmente en informática y telecomunicación resta importancia a nuestra gran ventaja inicial nacida del sistema monetario e incomparable ubicación geográfica. Las fusiones bancarias, el posible reemplazo del dólar como moneda hegemónica y la tendencia hacia megabancos, nos resta participación. Los banqueros afortunadamente se preocupan de estas tendencias y existe entusiasmo en revitalizar el Centro con nuevas orientaciones. Si embargo el hecho persiste: ya no somos tan importantes.
Sólo hay que leer la prensa diaria, conversar con amigos y familiares para darnos cuenta que Panamá ya no es ese país tranquilo, ausente de crimen violento, que conocíamos. Todos los días suceden hechos de sangre, muchos espeluznantes. Hay claros indicios de deterioro social. Ya no me puedo jactar que en Panamá se podía andar tranquilos por las calles y que los ricos de nuestro país no tenían que vivir continuamente bajo protección armada. Los hechos demuestran que si no se toman cartas en el asunto de manera urgente y rápida, la escalada de violencia urbana que vivimos nos llevará a la necesidad de vivir bajo protección armada como la que viven muchos hermanos centroamericanos y colombianos.
La proliferación de las pandillas juveniles, el desempleo, el tráfico de drogas y la importación de las organizaciones criminales del Asia (triads) todo contribuyen a que si no hacemos algo tendremos que reforzar aún nuestras medidas de seguridad personal y convertir aún más nuestros hogares en verdaderas jaulas de acero, además de otras cosas de defensa personal.
Yo finco mi esperanza en la sociedad civil para generar acción sobre estos temas críticos, emplazando a los políticos a apartarse de sus luchas intestinas e intereses creados y usar toda su energía y poder para enrumbar nuestra sociedad hacia mejores derroteros. Los políticos al fin de cuenta son quienes cuentan con el poder y los vehículos para impulsar los cambios que de manera crítica se necesitan.
Vuelvo una vez a invitar a los gremios profesionales y a los clubes cívicos que actúen rápido y con vehemencia antes que los acontecimientos forjen otros agentes de cambios.
Contaba entre esas ventajas: nuestra economía basada en el dólar; el ser una sociedad cosmopolita y políglota, con el inglés como segunda lengua; orientada hacia una economía de servicios y contando con un alto índice académico; el poseer el Centro Bancario más importante de la región latinoamericana y en otras cosas, el gozar de un clima de seguridad personal.
No debe ser sorpresa para muchos de que hoy día lo dicho anterior es cuestionable. Ciertas situaciones y hechos recientes lo demuestran y nos lleva a la conclusión que debemos actuar rápidamente, pues estamos a alto riesgo de perder del todo dichas ventajas. Existe una necesidad urgente que todos los panameños unamos esfuerzos en la búsqueda de medidas de corrección y nuevos rumbos.
El dólar, base de nuestra economía, está llamado a perder su hegemonía mundial si le creemos a los economistas y estudiosos del tema. Eso lo admiten los propios norteamericanos. Se anticipa que para el año 2010, el EURO (la moneda que pienso debemos pelarle el ojo, como decimos en buen panameño) alcanzará paridad con el dólar. Ya en otro artículo hablé sobre el surgimiento de la China Continental como el polo de poder económico del futuro. Ambos hechos crean la necesidad de considerar desde ya el impacto que tendrán en nuestro sistema económico y monetario estos dos hechos y cuál sería nuestro futuro modelo de economía y base monetaria.
Hay sucesos que contradicen mi apreciación de que somos un país cosmopolita, bilingüe y con alta preparación académica. Esto lo ilustra la recién decisión del Banco HSBC y la de Microsoft, no hace un tiempo, de eliminar Panamá como la opción para establecer aquí empresas de alta tecnología con el real potencial de creación de decenas de miles de empleos.
HSBC se llevó su Centro de Atención de Clientes de habla inglés a Malasia, porque no encontraron el núcleo inicial de 600 personas con el conocimiento requerido del idioma inglés. Asombroso, ¿verdad? Microsoft se fue para Costa Rica porque no encontró la masa de personal técnico capacitado que su proyecto implicaba. (Otros dicen que Bill Gates salió asustado con los múltiples pedidos de mamey que le hicieron, pero a mí eso no me consta). Ambas situaciones son patéticas.
El poder económico del futuro dicen los sociólogos, Peter Drucker, por ejemplo, estará en las sociedades que manejen información y creen conocimiento. Lo irónico es que Panamá cuenta con la infraestructura física favorable para el manejo de información. Tenemos lo que los técnicos llaman el ancho de banda. Existe otro canal que nos atraviesa y es que aquí convergen las grandes redes de comunicación de voz y datos que unen al mundo. Heredamos Howard Field el centro premier de comunicación hemisférica de los norteamericanos. No fue coincidental que HSBC pensara en nosotros para su "Call Center". Tenemos un alto numero de escuelas y centros de alta enseñanzas que hace pensar que existe la infraestructura académica. ¿Cuántas universidades hay en Panamá?, pero ¿qué hacen? Supuestamente teníamos una alta población con antecesores de habla inglés que ahora me entero sus nietos no hablan ese idioma. Obviamente estamos perdiendo terreno. Es urgente re-orientar e intensificar nuestros esfuerzos de capacitación de nuestra población para sobrevivir, observen que no digo competir, repito sobrevivir, ante las exigencias de este nuevo mundo globalizado.
Seguimos contando con un importante Centro Bancario, pero los avances tecnológicos particularmente en informática y telecomunicación resta importancia a nuestra gran ventaja inicial nacida del sistema monetario e incomparable ubicación geográfica. Las fusiones bancarias, el posible reemplazo del dólar como moneda hegemónica y la tendencia hacia megabancos, nos resta participación. Los banqueros afortunadamente se preocupan de estas tendencias y existe entusiasmo en revitalizar el Centro con nuevas orientaciones. Si embargo el hecho persiste: ya no somos tan importantes.
Sólo hay que leer la prensa diaria, conversar con amigos y familiares para darnos cuenta que Panamá ya no es ese país tranquilo, ausente de crimen violento, que conocíamos. Todos los días suceden hechos de sangre, muchos espeluznantes. Hay claros indicios de deterioro social. Ya no me puedo jactar que en Panamá se podía andar tranquilos por las calles y que los ricos de nuestro país no tenían que vivir continuamente bajo protección armada. Los hechos demuestran que si no se toman cartas en el asunto de manera urgente y rápida, la escalada de violencia urbana que vivimos nos llevará a la necesidad de vivir bajo protección armada como la que viven muchos hermanos centroamericanos y colombianos.
La proliferación de las pandillas juveniles, el desempleo, el tráfico de drogas y la importación de las organizaciones criminales del Asia (triads) todo contribuyen a que si no hacemos algo tendremos que reforzar aún nuestras medidas de seguridad personal y convertir aún más nuestros hogares en verdaderas jaulas de acero, además de otras cosas de defensa personal.
Yo finco mi esperanza en la sociedad civil para generar acción sobre estos temas críticos, emplazando a los políticos a apartarse de sus luchas intestinas e intereses creados y usar toda su energía y poder para enrumbar nuestra sociedad hacia mejores derroteros. Los políticos al fin de cuenta son quienes cuentan con el poder y los vehículos para impulsar los cambios que de manera crítica se necesitan.
Vuelvo una vez a invitar a los gremios profesionales y a los clubes cívicos que actúen rápido y con vehemencia antes que los acontecimientos forjen otros agentes de cambios.