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Racionamiento de alimentos


Veámoslo como queramos, pero qué otra cosa son las largas colas que se observan en Los Andes y otros sitios de la capital, de gente esperando horas y horas para le despachen hasta diez libras de arroz Compita y otros productos que se venden a los sectores populares para paliar la carestía y escasez de algunos rubros esenciales para la alimentación. No podemos criticarlo, porque peor es no hacer nada frente al alza inmoderada de los precios de la comida. Los gobiernos no deben cruzarse de brazos frente a una amenaza que afecta al mundo.

Recordemos al presidente del Banco Mundial presentándose hace pocos días en una conferencia con una bolsa de arroz en una mano y de maíz en la otra para dramatizar la magnitud de la crisis. Los precios de los alimentos han aumentado 80% desde el 2005 y amenazan con echar hacia atrás todos los avances logrados para disminuir la pobreza en el planeta.

Racionar los alimentos, obligando a la gente a hacer colas es, pues, comprensible como medida inmediata. Pero a la media y la larga hace falta que el Estado adopte una estrategia de auto provisión de alimentos sostenible, porque la dependencia de fuentes extranjeras es altamente riesgosa. En otras palabras, hay que establecer programas para estimular la producción nacional. Lo que se está procurando hacer con el arroz, por ejemplo, es un primer paso; esto es, convenir con los productores en que se comprometan a sembrar un mínimo de hectáreas, asegurándoles un precio de estímulo.

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