Radiografía social
Tema propicio para que se haga un estudio multidisciplinario, lo constituye la costumbre arraigada en un segmento de la población nacional, de oponerse ciegamente a todo lo que haga el gobierno de tuno, quienes, por ello, se convierten en parte de los problemas que agobian a la ciudadanía, y no de las soluciones.
En la categoría de los que únicamente conocen la palabra NO, con la que duermen, se despiertan, comen y, en fin, viven y actúan, se cuentan niños, jóvenes y adultos; estudiantes y profesionales; mujeres y hombres; empresarios, obreros y otras figuras del espectro social panameño, ampliamente conocidas por el negativismo que se les desborda.
Esta funesta práctica no es reciente, ni carece de fines, propósitos y metas. Surge por el convencimiento de muchos, que les es más rentable una actitud de rechazo a todo, que la de apoyar expresa o tácitamente, planteamientos, medidas o acciones oficiales, que en una u otra forma benefician a las grandes mayorías, aunque no a intereses particulares.
No es preciso sortear obstáculos fabricados en bibliotecas muchas veces inaccesibles, ni remontarse al lejano pretérito, fácil en el presente gracias a las herramientas puestas al servicio del hombre por la tecnología (Internet, Cable y otras), para comprobar la existencia de esta especie propia de una sociedad surrealista como la nuestra, cuya actividad no sólo retrasa la puesta en marcha de respuestas de positivo impacto colectivo, sino que anulan o boicotean sus efectos.
Jamás pierden oportunidad para ganar protagonismo, a través de un NO cargado de malas intenciones, nunca mediante el aporte de iniciativas que, en un momento dado, beneficien a coterráneos golpeados por la miseria y la miseria extrema, como resultado de la pésima distribución de la riqueza nacional y la imposición foránea de medidas estructurales, convertidas hoy en un capitalismo salvaje, sin rostro ni corazón.
Nada se le escapa al NO de los expertos en regar pesimismo a lo largo y ancho de la geografía nacional, ni actividad alguna está exonerada de su terrible influencia, porque así, y solamente así, mantienen vigencia en un medio como el nuestro, donde imponen su ley, mediante la fabrica de conflictos, el cierre de vías y servicios públicos, además del permanente rechazo de un componente importante de esta especie, a sacrificar un poco de lo muchísimo que tiene, en beneficio de aquellos que sólo se reparten necesidades y agonías.
Quienes tienen el NO a flor de labios, son especialistas, además, en mantener al país sometido a las turbulentas olas de crisis reales o ficticias, conscientes que "en río revuelto, ganancias de pescadores". Saben, a ciencia cierta, que la agitación social les produce dividendos, aunque sacrifiquen legítimos derechos de terceros.
Su nefasta actividad se suma a otras peligrosas degeneraciones de un cuerpo social enfermo, que requiere urgente terapia antes que los males se tornen incurables. Pruebas al canto: Horrendos crímenes cometidos por sicarios autóctonos y foráneos, a los que se agregan los perpetrados por delincuentes comunes; violencia social e intrafamiliar, inclusive las injustificadas reyertas estudiantiles, que ya tienen como saldo muertes y pérdidas materiales incalculables, cuyos autores no han sido sancionados ejemplarmente o se han suspendidos los efectos de las aplicadas, lo que se erige en abominable pedagogía.
Como si los síntomas descritos no fueran suficientes, considérese que ese NO característico de quienes no hacen ni dejan hacer, también muestra su funesto rostro mediante hábitos perniciosos de ciudadanos irresponsables, que contribuyen diariamente a incrementar los índices de contaminación existentes, a la destrucción de los ecosistemas, a la proliferación de deshechos en ríos, quebradas, alcantarillas y drenajes pluviales, causantes de las perjudiciales inundaciones anuales, cuyas consecuencias pagan, generalmente, los panameños más humildes.
La actitud de los profesionales del NO en nuestra república, quienes lanzan críticas infundadas contra todo y contra todos, también es solidaria de aquellos que, por sus perniciosos hábitos, favorecen el surgimiento de mortales enfermedades y la reaparición de otras no menos dañinas, por ejemplo, las causadas por el Aedes Aegypti (Dengue clásico y el hemorrágico), Cólera y tuberculosis, entre otras.
Sólo nos queda esperar el despertar consciente de una mayoría silenciosa, que hoy paga un altísimo precio por las actividades de los profesionales del NO. También esperamos la aplicación de numerosísimas leyes que, hasta la fecha, duermen engavetadas, en tanto que muchos demuestran que el delito y la oposición obtusa sí rinden dividendos.
En la categoría de los que únicamente conocen la palabra NO, con la que duermen, se despiertan, comen y, en fin, viven y actúan, se cuentan niños, jóvenes y adultos; estudiantes y profesionales; mujeres y hombres; empresarios, obreros y otras figuras del espectro social panameño, ampliamente conocidas por el negativismo que se les desborda.
Esta funesta práctica no es reciente, ni carece de fines, propósitos y metas. Surge por el convencimiento de muchos, que les es más rentable una actitud de rechazo a todo, que la de apoyar expresa o tácitamente, planteamientos, medidas o acciones oficiales, que en una u otra forma benefician a las grandes mayorías, aunque no a intereses particulares.
No es preciso sortear obstáculos fabricados en bibliotecas muchas veces inaccesibles, ni remontarse al lejano pretérito, fácil en el presente gracias a las herramientas puestas al servicio del hombre por la tecnología (Internet, Cable y otras), para comprobar la existencia de esta especie propia de una sociedad surrealista como la nuestra, cuya actividad no sólo retrasa la puesta en marcha de respuestas de positivo impacto colectivo, sino que anulan o boicotean sus efectos.
Jamás pierden oportunidad para ganar protagonismo, a través de un NO cargado de malas intenciones, nunca mediante el aporte de iniciativas que, en un momento dado, beneficien a coterráneos golpeados por la miseria y la miseria extrema, como resultado de la pésima distribución de la riqueza nacional y la imposición foránea de medidas estructurales, convertidas hoy en un capitalismo salvaje, sin rostro ni corazón.
Nada se le escapa al NO de los expertos en regar pesimismo a lo largo y ancho de la geografía nacional, ni actividad alguna está exonerada de su terrible influencia, porque así, y solamente así, mantienen vigencia en un medio como el nuestro, donde imponen su ley, mediante la fabrica de conflictos, el cierre de vías y servicios públicos, además del permanente rechazo de un componente importante de esta especie, a sacrificar un poco de lo muchísimo que tiene, en beneficio de aquellos que sólo se reparten necesidades y agonías.
Quienes tienen el NO a flor de labios, son especialistas, además, en mantener al país sometido a las turbulentas olas de crisis reales o ficticias, conscientes que "en río revuelto, ganancias de pescadores". Saben, a ciencia cierta, que la agitación social les produce dividendos, aunque sacrifiquen legítimos derechos de terceros.
Su nefasta actividad se suma a otras peligrosas degeneraciones de un cuerpo social enfermo, que requiere urgente terapia antes que los males se tornen incurables. Pruebas al canto: Horrendos crímenes cometidos por sicarios autóctonos y foráneos, a los que se agregan los perpetrados por delincuentes comunes; violencia social e intrafamiliar, inclusive las injustificadas reyertas estudiantiles, que ya tienen como saldo muertes y pérdidas materiales incalculables, cuyos autores no han sido sancionados ejemplarmente o se han suspendidos los efectos de las aplicadas, lo que se erige en abominable pedagogía.
Como si los síntomas descritos no fueran suficientes, considérese que ese NO característico de quienes no hacen ni dejan hacer, también muestra su funesto rostro mediante hábitos perniciosos de ciudadanos irresponsables, que contribuyen diariamente a incrementar los índices de contaminación existentes, a la destrucción de los ecosistemas, a la proliferación de deshechos en ríos, quebradas, alcantarillas y drenajes pluviales, causantes de las perjudiciales inundaciones anuales, cuyas consecuencias pagan, generalmente, los panameños más humildes.
La actitud de los profesionales del NO en nuestra república, quienes lanzan críticas infundadas contra todo y contra todos, también es solidaria de aquellos que, por sus perniciosos hábitos, favorecen el surgimiento de mortales enfermedades y la reaparición de otras no menos dañinas, por ejemplo, las causadas por el Aedes Aegypti (Dengue clásico y el hemorrágico), Cólera y tuberculosis, entre otras.
Sólo nos queda esperar el despertar consciente de una mayoría silenciosa, que hoy paga un altísimo precio por las actividades de los profesionales del NO. También esperamos la aplicación de numerosísimas leyes que, hasta la fecha, duermen engavetadas, en tanto que muchos demuestran que el delito y la oposición obtusa sí rinden dividendos.