Rasgadura de vestido
He señalado con anterioridad en un artículo de opinión que existía un argumento esgrimido con "alguna propiedad", en el sentido que la política era "Hacer posible lo imposible". Me referí a la precipitada y forzada escogencia del candidato a vicepresidente por la fórmula oficialista, cuando era evidente la contradicción con la candidata a presidenta, profundizada en las elecciones primarias de su partido. El tono ofensivo con que se trataron en ese evento dio la impresión que la reconciliación -si se daba- tardaría un poco, lo cual no fue así. Es claro que los dos bloques que resultaron de ese hecho eleccionario partieron al PRD, poniéndolo en una situación angustiosa y difícil.
Luego entonces, la fusión Balbina-Navarro fue justificada sobre la base de la unidad del partido, más que sobre el reconocimiento de la fuerza interna del ahora candidato a la vicepresidencia, y sobre la necesidad de presentar pujanza ante la debilidad manifiesta que no se ocultaba. Para muchos miembros del partido gobernante, no fue fácil digerir esa unión, sobre todo si se hablaba de traición. Y, no faltaron quienes vieron como justificación de ese acto, una actitud de cristianos, que "sanaba heridas" y "pasaba la página".
De igual manera, ante la impensable unión con el Partido Popular -enemigos históricos no contrarios políticos- surgieron defensas, con la tesis de la fusión sobre la base de la "identificación en principios y en una visión conjunta de país". Atrás quedó el escarnio público, lo mismo que las persecuciones, destierros, carcelazos, desapariciones y el desmadre del gobierno militar sustentado ayer por el partido político que hoy está en el gobierno. Así, las justificaciones aparecieron, y peor aún cuando, sin ningún recato, las hacen convencidos de que sus "verdades" son válidas y que los panameños somos unos mentecatos. Con la libertad de escoger a sus aliados, el PRD ha hecho unión con los que ha querido. Ese mismo derecho tienen los que los adversan.
Pero como en política se hace "posible lo imposible", lo que parecía irrealizable se concretó.
Desde luego, hablar de un bloque de oposición es hacer realidad el axioma de "que el todo es la suma de las partes", y consecuencialmente de una cohesión, que da una fuerza, difícilmente vencible. He allí el problema, y he allí la rasgadura de vestidos. De modo que, escandalizarse como la ha hecho el oficialismo, expresa -por ello- una posición de desesperación y temor, e igualmente una supina ignorancia, por cuanto que debió saberse que en la "lucha política" estarán de un lado quienes se oponen y del otro lado, quienes comparten ideas y acciones. Era de esperar que si el oficialismo se presentaba con una candidatura única, la oposición -tarde o temprano- por necesidad evolucionaría hacia lo mismo, si en verdad aspira a ganar el gobierno.
De allí que los términos éticos y morales que quieren esgrimirse ahora, cuando ayer la llamada "clase política" los excluyó de esa actividad, es otra de las argucias de los que se creen inventaron la astucia. Lo sí queda claro es que una de las acciones de la oposición política al PRD y al gobierno perrediano es explicar los términos de la alianza y, sobre todo, el espacio que le corresponderá al pueblo en ese concierto. Lo mismo deberá hacer el oficialismo con toda la seriedad del caso, y no con el razonamiento del origen popular, sentado hoy sobre una declaración patrimonial millonaria. Desafortunadamente, ante la ausencia de una oferta electoral eminentemente popular, habrá que elegir entre lo que hay.
El llamado es el de acudir a las urnas para que, como dijese el comentarista deportivo Juan Carlos Tapia: "votar por el que más nos guste o el que menos nos disguste", porque quiérase o no, la llamada "clase política" ha llevado al panameño al terreno de la subjetividad más que al de la objetividad, lo cual no le ha permitido optar con criterios bien formados por una adecuada propuesta de gobierno.