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Razón del primer concurso internacional de piano


EL ÉXITO del Primer Concurso Internacional de Piano de Panamá superó las expectativas más entusiastas. El evento constituyó una oportunidad sin precedentes para escuchar, en el término de pocos días, a una pléyade de jóvenes pianistas de altísimo nivel, procedente de diversos puntos del mapamundi, en una competencia nunca antes vista en la región centroamericana. Y esa fue precisamente la razón fundamental por la que se organizó el evento, brindar a la juventud nacional la posibilidad de constatar el alto nivel de ejecución que se puede alcanzar cuando existe talento y voluntad de trabajo.
Cualquier profesión, artística, científica o deportiva, requiere una meticulosa preparación, a través de un esfuerzo cotidiano que hay que saber mantener durante muchos años. En el caso del piano no se ha concienciado todavía en Panamá, que el dominio del mismo exige, además del talento, la capacidad física y mental para dedicar un promedio de cuatro a cinco horas diarias, al estudio.
Talento hay, lo que falta es precisamente esa capacidad de trabajo intenso y sostenido que ha llegado a caracterizar, en forma general, el estudio instrumental en Panamá lo que ha dado como resultado un pobre nivel de ejecución, que se podría justificar, en parte, por el total desconocimiento que existe sobre la calidad y dominio que es posible adquirir desde temprana edad. Es sabido que las múltiples dificultades mecánicas que necesariamente surgen en el decorrer del estudio del piano deberían quedar resueltas entre los 15 y 18 años de edad para que el cronograma de desarrollo sea normal, provechoso y competitivo en los diferentes niveles de la ejecución, de ahí la necesidad de iniciar el estudio desde temprana edad lo que es perfectamente plausible toda vez que existe el Instituto Nacional de Música que algunos llaman todavía Conservatorio Nacional de Música.
No se trata de que todo el que estudie el piano tenga que dominarlo a la perfección, pero el que pretenda y decida ser pianista debe trabajar tenazmente hasta alcanzar el desarrollo necesario, tanto muscular como intelectual, para enfrentar con éxito la gran literatura escrita para el instrumento. Tendríamos que comenzar por extirpar del vocabulario cotidiano, aquella expresión, tan panameña como intolerable, de que "eso esta bien para Panamá", frase que sólo pone de manifiesto un arraigado complejo de inferioridad al considerarnos a priori incapaces de alcanzar los niveles de ejecución que se logran en otras latitudes cuando en realidad la diferencia no radica ni en la nacionalidad, ni en el clima, ni en el color de la piel: estriba, en gran parte, en la dificultad de asumir la responsabilidad de un trabajo cotidiano para alcanzar los niveles que demanda el arte de la verdadera ejecución. No existe pianista de renombre, que haya podido prescindir de un entrenamiento cotidiano intenso y mantenido durante los 15 primeros años de su preparación. Pianista es el que ejerce, o ejerció, su profesión ofreciendo recitales o actuando como solista con orquesta, exponiendo su arte al público y a la crítica especializada. El que toca para sí mismo o para amigos en la placidez del hogar es un aficionado, excelente, bueno o malo, pero no un profesional.
Como quiera que creo que es absolutamente imposible convencer a cualquier estudiante de piano panameño, rodeado de un medio tan árido como el nuestro, del espléndido nivel que se puede adquirir con un trabajo tenaz y sostenido durante varios años, la Fundación Concursos Internacionales, decidió convocar en Panamá, a través de un certamen internacional, a un grupo de jóvenes virtuosos de diferentes países para que se enfrentaran en una competencia de alto nivel brindando a nuestra juventud la posibilidad de escucharlos personalmente.
Hoy por hoy, después del Primer Concurso Internacional, que esperamos se repita en noviembre de 2006, me atrevería a afirmar que una gran cantidad de panameños ha podido, al fin, constatar, por primera vez en su vida, la excelencia del arte pianístico que se puede alcanzar desde los 20 años de edad. Si el evento ha logrado sembrar dicha inquietud aunque sólo sea en unos pocos, creo que bien valió el gran esfuerzo de todos aquellos que de una forma u otra decidimos organizarlo y llevarlo a feliz término.
Por esa razón y como corolario del plan general, la Fundación ha decidido lanzar un concurso a nivel nacional que tendrá lugar en noviembre de 2005, organizado esta vez en unión del Instituto Nacional de Cultura (INAC) y la Universidad de Panamá, respectivamente. Creemos que es hora de que los jóvenes talentosos nacionales se pongan en acción, particularmente aquellos que sueñan y sienten la pasión irrenunciable de ser pianistas, pasión que justifica ampliamente el esfuerzo de toda una vida.

101 años de Panamá América

 
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