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Razones científicas, sociales y legales del aborto


DURANTE AÑOS, los avances en el campo de las ciencias de la salud, en especial las investigaciones relacionadas con el embarazo y el desarrollo fetal, forzaron a muchas legislaciones a despenalizar el aborto por razones eugenésicas, como son los casos de anomalías fetales, y para preservar la vida de la mujer embarazada.
A finales del siglo XX para casi todos es evidente que, desde un punto de vista social, la reducción del número de embarazos no deseados y también de abortos, sólo se podría alcanzar en el marco de una política sanitaria global que no excluya el aborto, y cuyos objetivos primordiales sean la universalización del conocimiento y del acceso al uso de los métodos anticonceptivos y la educación sexual de la población. Las luchas de los grupos sociales conservadores en contra de estas medidas han llevado a un panorama jurídico que se caracteriza por unas leyes que podríamos llamar del "tira y afloja".
Las leyes que regulan el derecho al aborto pueden clasificarse en dos grandes categorías: las que permiten el aborto bajo una serie de premisas médicas, económicas y
o psicológicas, y leyes de plazos que contemplan como único requisito la decisión de la mujer sobre la continuación o interrupción de la gestación.
Entre 1970 y 1980, las legislaciones se tornaron más permisivas. Por ejemplo, Francia y los Países Bajos, añadieron nuevas indicaciones, como la angustia ante el embarazo, la edad avanzada, el diagnóstico del SIDA y el bienestar familiar. Hungría, Chipre, Italia y Taiwan agregaron a éstos, la minoría de edad. A partir de 1990 las legislaciones se volvieron más restrictivas: el Reino Unido redujo el plazo límite de la intervención; en Estados Unidos y en Alemania se ha restringido la gratuidad de este servicio; y en los Países Bajos se ha impuesto un período de reflexión de entre tres y siete días. En los años 20, del siglo pasado, por vez primera, la legislación de un Estado -la entonces joven y hoy extinta Unión Soviética- protegió la voluntariedad del acto de ser madre reconociendo la legalidad del aborto y su acceso a través de la sanidad pública, aparte de otras disposiciones legales sobre la anticoncepción.
En Panamá, como es conocido, no se respetan las leyes humanas ni mucho menos la divina; por tanto, se presenta una doble moral cuando profesionales de la medicina aceptan en público la sanción moral de la Iglesia y la sanción legal, y a lo oculto se dedican a la práctica del aborto. Otros ven en el aborto una forma fácil y práctica de obtener dinero, y para remediar los problemas que acarrea un embarazo no deseado.
La doctrina religiosa prohíbe el aborto inducido, porque considera que, desde el momento de su concepción, el feto es un ser vivo con alma. Los credos religiosos, como el budismo y el islamismo, mantiene así mismo, una posición contraria al respecto. La iglesia católica mantuvo cierta tolerancia hasta mediados del siglo XIX, basándose en las teorías de San Agustín sobre la animación de los fetos, ya que suponía que los machos no tenían alma hasta los 40 días y las hembras hasta los 80.
En cuanto a los aspectos psicológicos, la hora de decidir y planear la interrupción de un embarazo influirá la situación personal de la mujer, su decisión y actitud ante ella: la situación económica, los modelos familiares dominantes, las creencias religiosas, las presiones del entorno social y la facilidad o dificultad con que la mujer puede acceder a la información a los recursos públicos o privados de salud. Todos ellos, juntos o aislados, pueden convertirse en factores de angustia que provoquen una sintomatología depresiva reactiva de la situación e incluso cuadros de ansiedad. Pero, en ellos pueden hallarse las claves que permitirán que una mujer viva con tranquilidad su decisión; por ejemplo, se ha comprobado que, a medida que crece la aceptación del aborto, las secuelas psicológicas perjudiciales de una interrupción del embarazo tienden a desaparecer.
Por otra parte, la reacción psicológica inversa ante el nacimiento de un hijo no deseado es muy común y puede resultar más grave que las secuelas psicológicas de un aborto. Investigaciones muy recientes corroboran este hecho al mostrar que muchos niños fruto de un embarazo no deseado son más propensos a tener problemas sociales y psicológicos.
La situación de conflicto que se crea durante el embarazo no deseado puede ser importante. En la mayoría de los casos, la situación anímica conflictiva dura sólo hasta que se resuelve el problema, por lo que desaparece una vez llevado a cabo el aborto o pocos días después. Esta situación de angustia, si se acompaña de un cuadro grave de depresión, puede dar lugar a la aparición de ideas de suicidio.
Sin embargo, mujeres con ciertas características corren un mayor riesgo de sufrir serios trastornos psicológicos tras un aborto. Por ejemplo, la mujer que no desea abortar, pero los familiares y circunstancias la inducen a ello; aquellas en que se les detecta una patología fetal, en especial si se trata de un embarazo largamente deseado o si la mujer estaba ya en los últimos años de su vida fértil; cuando el embarazo está adelantado; y, en las mujeres que antes del embarazo presentan trastornos psíquicos.
Curiosamente, esta evolución regresiva se contradice con los resultados de las más recientes encuestas realizadas en diversos países que demuestran que cada vez son más las personas que consideran que el Estado no debe intervenir en el derecho del ciudadano a decidir sobre el contenido, expresión y función de su sexualidad en general, y sobre la continuidad o interrupción de una gestación. Para ello, es necesaria una orientación y una educación sexual en nuestra comunidad que refuercen el respeto a la dignidad humana, ya que el aborto es utilizado a diario como un método para evitar hijos no deseados y constituye una de las principales causas de mortalidad materna.
Es imperante más centros de ayuda para parejas y para la juventud en que enseñen la sexualidad unida a los valores del amor, el matrimonio y la procreación seria y responsable como el fortalecimiento de familias fuertes y sanas en todos los aspectos.

101 años de Panamá América

 
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