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Re-Constituyente


En este país hay jarabes, ungüentos y píldoras que médicos y seudo curanderos, recetan para tratar muchas dolencias, así mismo de manera cíclica nos recomiendan el purgante de las siete potencias que zafios y politólogos recetan para curar los males de la mismísima patria que nos vio nacer. A todo primer mandatario, al inicio del nuevo gobierno, la re-constituyente le es propuesta como alfombra mágica para volar más allá del plazo fatal de (apenitas) 5 añitos de gobierno; con plañidera voz lo aconsejan un coro de amigotes, compañeros de viaje y sabihondos del círculo íntimo que como la mujer de Lot en el primer revés se convierten en estatuas de sal. Otro grupo, ajeno al gobierno, toma por asalto los medios de comunicación, pretendiendo convencernos de que la fatal enfermedad que padece la Nación tiene la misma cura segura: Una constitución moderna para el país de Panamá, pero tiene que ser escrita por ellos. Lo último, en una movida inesperada, desesperada y tangencial, los Doens del PRD sugieren que el mejor purgante para la goma de mayo es eliminar la constitución del 72, suprema creación del primer Torrijos de nuestra reciente historia revolucionaria.

Según los más recalcitrantes re-constitucionalistas, la carta magna que tenemos es un adefesio engendrado por un grupejo de juristas borrachos al mando de los militares del 68 y alegan que nuestra ley de leyes se ha convertido en una colcha de retazos, inservible para enrumbar la nave del Estado hacia el destino manifiesto de Panamá. Ignoran la historia de países centenarios que depuran su ley suprema en la jurisprudencia y no por casualidad son los pueblos más desarrollados y destacados del mundo moderno. Sin dudas ni ambages, estos gurús predicen que la re-constituyente es un salto al infinito, a la presidencia llegarán estadistas preclaros elegidos por voluntad de Dios y en las alturas brillarán como luceros doctores de todas las ciencias y las artes, magistrados y sabios ministros tocados con el cayado de Pedro gobernarán la nave del Estado. Los auto ungidos constitucionalistas depositarios divinos de la voluntad ciudadana, en plan optimista aducen que no es difícil que el país se regale una nueva constitución, simple cuestión de aprovechar la oportunidad, como hicieron nuestros próceres al independizar el país en 1903 o remedar el carisma despótico del joven doctor Arnulfo Arias del 41, que en contra vía generó dos constituciones en menos de un lustro, contando la de 1946 provocada por el golpe que lo defenestró. También podemos darnos una nueva carta copiando las circunstancias histéricas del Golpe de Estado de la milicia del año 68. Como ven, es facilísimo servirnos una re-constitución a la medida de los abundantes y convincentes argumentos de estos doctos personajes del patio limoso que el público reconoce a diario por lo enjundioso, insultante y vacuo de su verborrea.

Ignoran que derogar una para imponer otra constitución solamente es viable mediante el golpe estilo Omar Torrijos o de insurgentes como Fidel Castro y la otra avenida constituyente es conformar una amalgama compacta de grupos variopintos que en conjunto integran el gran cuerpo y el alma nacional. Idem ver juntos y revueltos al CD con arnulfistas y PRD, la Cámara de Comercio con el SUNTRACS, ambientalistas con mineros, religiosos con ateos, tirios y troyanos, etc. etc. En tanto en el Panamá de hoy no imperen las armas o un pacto cívico de los grupos de presión y de poder, tendremos que conformarnos con –de vez en cuando- hilar otro retazo a la colcha constitucional que mal o bien nos cobija.

101 años de Panamá América

 
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