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Reactivación y sentido común


El Ministerio de Economía y Finanzas equivocadamente ha planteado la política de reactivación con base a la reforma del sistema tributario, cuando lo lógico sería que se fundamentara en torno a la disminución de la carga impositiva para sectores estratégicos que darían una fuerte capacidad de respuesta a ese tipo de medidas. Pero según el MEF, esto no sería posible, ya que durante el primer semestre del año disminuyeron los ingresos fiscales, lo que mantiene la desconfianza y acentúa el peligro de que en algún momento haya un pánico financiero por el desajuste presupuestario que dicha situación pudiera acarrear.
El Gobierno debiera enfocar el tema de otro modo. Existen muchas posibilidades efectivas de reactivación sin costo fiscal que hemos puntualizado en este diario. Pero en lo fundamental, el problema sigue siendo el mismo: falta de sentido común. Un medio para reactivar la liquidez consiste en la banca electrónica. Cuando se paga con cheque, en el trámite de recibir y depositar, para la correspondiente acreditación de fondos, pasan tres días. Con un manejo de la cuenta por e-mail, la acreditación es inmediata, con lo cual quien recibe los fondos paga a su vez a sus acreedores en forma inmediata. O sea que un circuito de pagos que normalmente duraría dos semanas, se puede realizar en un día. Aumenta lo que en la teoría monetaria se llama "velocidad de circulación del dinero", que es otro componente de la oferta monetaria. A pesar de que esto reduce sensiblemente el costo bancario, los bancos no lo promueven sino en forma muy limitada. Tal vez la Superintendencia debiera inducir a los bancos a que avancen en esta forma de operar. Lamentablemente en esto los bancos oficiales son los más atrasados.
Otra forma de reactivar la economía consistiría en que el Estado entregue títulos por sus deudas flotantes, extendiendo el sistema de deudas litigiosas, para lo que previamente habría que implementar un sistema de transacción de juicios. Quienes reciban títulos, pueden utilizarlos para cubrir deudas o bien como garantías para créditos. Para el Estado, la deuda es la misma con o sin títulos, pero con la diferencia de que una vez la deuda se consolida, desaparecen los trámites conexos con el cobro, que generan considerables papeleos burocráticos en la administración pública. En cuanto a los juicios, con transacciones y entrega de títulos, los montos se reducen sustancialmente, amén de evitar que sigan aumentando.
Nada de lo que se ha señalado anteriormente es tema de discusión y preocupación por parte del equipo económico del gobierno. Parece que ninguno de los funcionarios que lo integran hubiera estudiado este tema, ni supiera lo que pasó en la crisis del "30, ni hubiese leído Keynes, cuyo pensamiento, por supuesto, debe ser reinterpretado para adaptarlo a la situación panameña actual. Reactivar la economía es una tarea compleja, pero si los actuales gobernantes pusieran a trabajar el sentido común, verían cómo se genera la confianza indispensable para tal gestión. El ejemplo de Harmodio Arias, quien gobernó durante la peor parte de la crisis mundial en su período de 1932-36, demuestra que con sencillez y sentido común, sí se pueden alcanzar los objetivos de país.


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