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Realidades fiscales


A CONSECUENCIA de las continuas críticas ciudadanas a la reforma tributaria, llamada fiscal, aprobada en febrero - una reforma todavía pendiente de reglamentación - y en su empeño por mostrar una aparente mejoría en el desempeño financiero del gobierno, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) hizo público recientemente su "Informe sobre la ejecución fiscal del Sector Público No Financiero y de Gobierno Central al 30 de junio de 2005".
Este Informe, cuya elaboración es inusual en la práctica del MEF, parece asimismo responder a la falta de publicación oportuna de los informes trimestrales de coyuntura que normalmente presentaba ese ministerio a uno o dos meses del cierre de cada periodo. De hecho, el informe de coyuntura de abril-junio, cuyos datos fiscales debieron publicarse con anterioridad para con ellos sustentar los resultados de este nuevo Informe, aún no ha visto la luz. Por ejemplo, mientras el MEF asume para sus cálculos una cifra de crecimiento del 5.8% del PIB, analistas locales e internacionales han pronosticado una cifra mucho menor. Al no existir a la fecha una cifra de PIB trimestral proveniente del MEF, la credibilidad de ese 5.8% se ve afectada por no contar con el fundamento adecuado. Para colmo, el pasado 24 de agosto la Contraloría reportó un crecimiento semestral diferente, uno del 6.1% medido solo a través del Indice Mensual de Actividad Económica (IMAE) y sin precisar el crecimiento medido por el IMAE en el primer semestre de 2004.
Con respecto a los ingresos del gobierno central, el Informe del MEF reporta un aumento de $211.1 millones en comparación a igual periodo de 2004. Pero este aumento responde en realidad a mayores recaudaciones producto de los cambios a los impuestos de consumo y sobre la renta de la reforma de febrero. Estas mayores recaudaciones, sin embargo, son en detrimento de la actividad económica en general, en la que para cubrir los nuevos pagos tributarios al Estado se está invirtiendo menos y, por tanto, generando menos empleos.
De forma preocupante, habiendo aumentado los ingresos, también aumentaron los gastos del sector público. Esto indica que no se ha cumplido con la disminución del gasto prometida por el gobierno al aprobar la reforma de febrero. En el caso del Sector Público No Financiero (SPNF), el incremento en los gastos operativos fue de $43.7 millones, mientras el rubro de servicios profesionales del gobierno central subió $900, 000 en comparación al del 2004. Si este último rubro, tal y como las autoridades del MEF argumentaron en septiembre pasado, estaba aparentemente abultado por motivaciones políticas del gobierno anterior, uno se pregunta cómo entonces el actual gobierno ha podido aumentar, en vez de reducir, el gasto total por este tipo de contratos.
Incluso el propio MEF se encuentra moroso con la transparencia igualmente prometida, pues aún no ha hecho públicos sus contratos por servicios profesionales en todo el año transcurrido desde el 1 de septiembre de 2004.
Otro rubro que aumentó fue el pago de los intereses de la deuda, que aumentó en $46.4 millones, principalmente por el incremento que el propio gobierno hizo de la deuda en más de $990 millones durante los últimos meses. Mientras el gobierno no ponga orden en sus gastos, este problema continuará siendo grave: el servicio de la deuda está acaparando más del 40% de los ingresos del Estado.
Es sorprendente que el incremento en los gastos públicos no se acompañe con otro en las inversiones públicas en áreas como infraestructura, escuelas y hospitales. Estas bajaron de $281.7 millones en 2004 a $220.5 millones un año después, lo cual significa una reducción de más del 21%. Los gastos de capital, como porcentaje del gasto total, disminuyeron de un 16% a un 12%. Según el MEF, podrá verse un aumento en las inversiones en el segundo semestre del 2005, un aumento que, si los actuales niveles gasto continúan, producirá un aumento en el déficit fiscal.
Uno concluye de este Informe que el monstruoso aparato estatal se mantiene consumiendo recursos con un apetito voraz sin reflejar un aumento en los niveles de producción ni de la calidad de vida de los panameños. Tras la reforma de febrero, el sacrificio del sector privado no va acompañado por un sacrificio del gobierno. No se vislumbra una reducción en el déficit fiscal y el peso de la deuda se vuelva cada vez más insostenible. Lamentablemente, los gastos del gobierno siguen creciendo para mantener un abultado aparato estatal clientelista, en vez de para desarrollar un auténtico programa de inversiones que beneficie al pueblo panameño en general.
(fdelima@cableonda.net)

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