Recesión generalizada en América Latina
El ministro de Trabajo, Joaquín Vallarino, ha dicho - justificando la actual postración que sufre la economía nacional - que lo que ocurre es consecuencia del mismo mal que aqueja al mundo. En más de una ocasión, hemos escuchado lo mismo a la Presidenta Moscoso.
Es preciso hacer una distinción entre cifras macro y micro económicas. En cuanto a las primeras, el país lo está haciendo bien, pese a su pesada deuda pública y los tropiezos del gobierno para controlar sus gastos. Eso se muestra en la buena acogida que, en circunstancias normales, siempre registra la presentación de los valores panameños en el mercado internacional. El juicio de las calificadoras es igual de estable dentro de lo aceptable. La evolución del producto interno bruto (PIB) es sin embargo débil, y de él depende todo lo demás, tanto lo macro como lo micro, incluyendo lo que cada cual se lleva a casa. El índice de desocupación, se ha elevado a 15% oficial, igual al que muestra Uruguay desde antes de los actuales saqueos y el cierre de su banca.
Lo micro, es un desastre total, salvo la excepción de los puertos, la energía y comunicaciones entre otros. Las empresas están cerrando. Hay una contracción del crédito y una disminución de las ventas. Los depósitos bancarios merman, aunque el sistema se fortalece gracias a más sanas prácticas. El desempeño de las empresas es la clave del PIB en cuyo crecimiento está la solución.
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) acaba de revelar cifras en el continente que no sirven de consuelo por más que sea "mal de muchos". Según ella, el continente está en recesión, previéndose para este año una reducción de 0.8% de su PIB, "marco en el cual el desempleo superará el 9%" - bastante menor que el nuestro de 15% -. Argentina refleja, para la primera mitad del año, una caída en el rubro de 13.5%, de 5% Uruguay, 3.5% Venezuela, 1.5% Haití y 1% Paraguay, todos en negativo. Panamá registra un estimado de 0.5% de crecimiento, muy débil, pero al menos positivo.
Pero no somos partidarios de compararnos con los peores, sino con los que, teniendo similares condiciones a Panamá, pueden servirnos de ejemplo. Ese es el caso de República Dominicana, que marca en el mismo período un aumento de su PIB de 3.5%; de Ecuador, Honduras (!), El Salvador (!) y Nicaragua (!), 2.5%; Costa Rica y Guatemala, 2%; Bolivia, 1.5%; Colombia y Cuba (!), 1%; por no mencionar a otros que tienen muy superior condición estructural que nosotros, como Chile que marca 2.5%, Brasil, 1.5% y México, 1%.
Las estimaciones con una nota optimista pero desinflada de inmediato con otra en contrario, cuando dice que para el segundo semestre espera una mejora, producto de una favorable evolución de las economías de Estados Unidos y Europa, aunque tal "en cualquier caso será insuficiente para compensar las pérdidas".
En esas circunstancias, lo que cabe es que los principales factores de poder, el gobierno, sector privado, sociedad civil, sindicatos y partidos, con una visión de Patria, unan esfuerzos. Hay que fortalecer la estrategia de un país marítimo y un país de servicios el cual algunos países desarrollados se empeñan en desmantelar. Un cuarto de la economía desarrollada y dos tercios de la de Estados Unidos, deviene de los servicios. Esa es la tendencia más promisoria del mundo de hoy y, en ese sentido, Panamá lleva décadas de estar adelantada a su tiempo.
Es preciso hacer una distinción entre cifras macro y micro económicas. En cuanto a las primeras, el país lo está haciendo bien, pese a su pesada deuda pública y los tropiezos del gobierno para controlar sus gastos. Eso se muestra en la buena acogida que, en circunstancias normales, siempre registra la presentación de los valores panameños en el mercado internacional. El juicio de las calificadoras es igual de estable dentro de lo aceptable. La evolución del producto interno bruto (PIB) es sin embargo débil, y de él depende todo lo demás, tanto lo macro como lo micro, incluyendo lo que cada cual se lleva a casa. El índice de desocupación, se ha elevado a 15% oficial, igual al que muestra Uruguay desde antes de los actuales saqueos y el cierre de su banca.
Lo micro, es un desastre total, salvo la excepción de los puertos, la energía y comunicaciones entre otros. Las empresas están cerrando. Hay una contracción del crédito y una disminución de las ventas. Los depósitos bancarios merman, aunque el sistema se fortalece gracias a más sanas prácticas. El desempeño de las empresas es la clave del PIB en cuyo crecimiento está la solución.
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) acaba de revelar cifras en el continente que no sirven de consuelo por más que sea "mal de muchos". Según ella, el continente está en recesión, previéndose para este año una reducción de 0.8% de su PIB, "marco en el cual el desempleo superará el 9%" - bastante menor que el nuestro de 15% -. Argentina refleja, para la primera mitad del año, una caída en el rubro de 13.5%, de 5% Uruguay, 3.5% Venezuela, 1.5% Haití y 1% Paraguay, todos en negativo. Panamá registra un estimado de 0.5% de crecimiento, muy débil, pero al menos positivo.
Pero no somos partidarios de compararnos con los peores, sino con los que, teniendo similares condiciones a Panamá, pueden servirnos de ejemplo. Ese es el caso de República Dominicana, que marca en el mismo período un aumento de su PIB de 3.5%; de Ecuador, Honduras (!), El Salvador (!) y Nicaragua (!), 2.5%; Costa Rica y Guatemala, 2%; Bolivia, 1.5%; Colombia y Cuba (!), 1%; por no mencionar a otros que tienen muy superior condición estructural que nosotros, como Chile que marca 2.5%, Brasil, 1.5% y México, 1%.
Las estimaciones con una nota optimista pero desinflada de inmediato con otra en contrario, cuando dice que para el segundo semestre espera una mejora, producto de una favorable evolución de las economías de Estados Unidos y Europa, aunque tal "en cualquier caso será insuficiente para compensar las pérdidas".
En esas circunstancias, lo que cabe es que los principales factores de poder, el gobierno, sector privado, sociedad civil, sindicatos y partidos, con una visión de Patria, unan esfuerzos. Hay que fortalecer la estrategia de un país marítimo y un país de servicios el cual algunos países desarrollados se empeñan en desmantelar. Un cuarto de la economía desarrollada y dos tercios de la de Estados Unidos, deviene de los servicios. Esa es la tendencia más promisoria del mundo de hoy y, en ese sentido, Panamá lleva décadas de estar adelantada a su tiempo.