Receta para matar a la gallina de los huevos de oro
La Autoridad del Canal es una institución autónoma, con un régimen especial, cuyo objetivo fundamental es prestar un servicio público internacional de tránsito de buques en forma segura y expedita de un océano a otro.
Este compromiso con todos los países del mundo exige plena autonomía, por lo que esta empresa, aunque sea del estado panameño, debe operar con alta calificación de eficiencia y efectividad, con personal adiestrado y altamente calificado y con amplia autonomía financiera y operativa. Estas características especiales para la operación del Canal deben ser una preocupación permanente del Estado panameño y deben manifestarse en una política de fortalecimiento de su autonomía operativa y financiera, porque de otra forma estaríamos matando la gallina de los huevos de oro.
Según cifras de la ACP, en los primeros cuatro años de estar en manos panameñas, el Canal aportará 870 millones de balboas al Estado, que es el 46% de todo lo pagado a Panamá durante 85 años de administración estadounidense. Además, de manera indirecta aportará al Tesoro Nacional 469.7 millones de balboas en seguro social, impuesto sobre la renta y seguro educativo, además de 1,307.3 millones de balboas en concepto de planilla y compras a proveedores locales.
El Canal constituye el 43% del sector servicios y es el más importante generador de divisas del país. Fue precisamente con el propósito de proteger esta fuente de riqueza para nuestro país que otro gobierno, con luces de más largo alcance, luchó por que se aprobara el Título Constitucional y la Ley Orgánica de esta institución. Sin embargo, últimamente han surgido serias preocupaciones por la tendencia de un sector del país a comprometer la autonomía de esta institución y a cambiar la Constitución Política para afectar su independencia. La excusa es que la ACP se ha convertido en “una republiquita”.
¡Qué miopía y qué falta de visión! Más bien deben preocuparse por los bajos niveles de eficiencia en el resto de las instituciones del Estado y no por el Canal, que genera ingresos para la economía nacional en vez de producir gastos, lo que es la regla general en el gobierno. En vez de tratar de elevar a todas las instituciones del gobierno a un nivel de eficiencia y autonomía comparable con la Autoridad del Canal y con las exigencias del mundo moderno tomando a la ACP como modelo, hacen lo contrario y tratan de bajar al Canal al nivel de ineficiencia del resto de las instituciones del gobierno. Queremos marchar para atrás. Los panameños no merecen verse afectados por esta miopía.
En pocas palabras, cuestionamos y criticamos lo que está bien y no nos preocupa lo que está mal. ¿Cuándo comenzaremos a pensar como buenos estadistas, con visión de futuro, en fin, como un país de avanzada? En vez de ver a la Autoridad del Canal como una república aparte y cuestionarla porque tiene reglas claras y transparentes, usémosla de modelo y tratemos de llevar al resto de las instituciones a ese nivel. Preocupémonos por arreglar las cosas que están mal y que no funcionan adecuadamente y no por las que están funcionando y dando resultados.
Como últimamente estoy aprendiendo a cocinar, quisiera compartir con ustedes una receta infalible para matar una gallina de los huevos de oro:
Acabar con la estabilidad laboral y ceder “espacios políticos” a los allegados al gobierno de turno. Reducir los salarios, reducir la fuerza laboral y acabar con las condiciones de trabajo de los canaleros, para sacarle más huevos de oro a la gallina. Acabar con la capacitación (si total, ya saben demasiado). Meter la gallina, bien condimentada con la pimienta verde de envidia y la sal de crítica destructiva, en el horno político hasta que esté bien quemada.
Para: 3 gatos (y el pueblo se muere de hambre).
Este compromiso con todos los países del mundo exige plena autonomía, por lo que esta empresa, aunque sea del estado panameño, debe operar con alta calificación de eficiencia y efectividad, con personal adiestrado y altamente calificado y con amplia autonomía financiera y operativa. Estas características especiales para la operación del Canal deben ser una preocupación permanente del Estado panameño y deben manifestarse en una política de fortalecimiento de su autonomía operativa y financiera, porque de otra forma estaríamos matando la gallina de los huevos de oro.
Según cifras de la ACP, en los primeros cuatro años de estar en manos panameñas, el Canal aportará 870 millones de balboas al Estado, que es el 46% de todo lo pagado a Panamá durante 85 años de administración estadounidense. Además, de manera indirecta aportará al Tesoro Nacional 469.7 millones de balboas en seguro social, impuesto sobre la renta y seguro educativo, además de 1,307.3 millones de balboas en concepto de planilla y compras a proveedores locales.
El Canal constituye el 43% del sector servicios y es el más importante generador de divisas del país. Fue precisamente con el propósito de proteger esta fuente de riqueza para nuestro país que otro gobierno, con luces de más largo alcance, luchó por que se aprobara el Título Constitucional y la Ley Orgánica de esta institución. Sin embargo, últimamente han surgido serias preocupaciones por la tendencia de un sector del país a comprometer la autonomía de esta institución y a cambiar la Constitución Política para afectar su independencia. La excusa es que la ACP se ha convertido en “una republiquita”.
¡Qué miopía y qué falta de visión! Más bien deben preocuparse por los bajos niveles de eficiencia en el resto de las instituciones del Estado y no por el Canal, que genera ingresos para la economía nacional en vez de producir gastos, lo que es la regla general en el gobierno. En vez de tratar de elevar a todas las instituciones del gobierno a un nivel de eficiencia y autonomía comparable con la Autoridad del Canal y con las exigencias del mundo moderno tomando a la ACP como modelo, hacen lo contrario y tratan de bajar al Canal al nivel de ineficiencia del resto de las instituciones del gobierno. Queremos marchar para atrás. Los panameños no merecen verse afectados por esta miopía.
En pocas palabras, cuestionamos y criticamos lo que está bien y no nos preocupa lo que está mal. ¿Cuándo comenzaremos a pensar como buenos estadistas, con visión de futuro, en fin, como un país de avanzada? En vez de ver a la Autoridad del Canal como una república aparte y cuestionarla porque tiene reglas claras y transparentes, usémosla de modelo y tratemos de llevar al resto de las instituciones a ese nivel. Preocupémonos por arreglar las cosas que están mal y que no funcionan adecuadamente y no por las que están funcionando y dando resultados.
Como últimamente estoy aprendiendo a cocinar, quisiera compartir con ustedes una receta infalible para matar una gallina de los huevos de oro:
Una gallina que pone huevos de oro: Un Canal productivo
Un gobierno de turno con luces de corto alcance (sólo hasta las próximas elecciones).
Una Asamblea Legislativa complaciente con el gobierno de turno
Una reforma constitucional que elimine la autonomía financiera y operativa del Canal.
Sal de crítica destructiva
Pimienta verde de envidia
Acabar con la estabilidad laboral y ceder “espacios políticos” a los allegados al gobierno de turno. Reducir los salarios, reducir la fuerza laboral y acabar con las condiciones de trabajo de los canaleros, para sacarle más huevos de oro a la gallina. Acabar con la capacitación (si total, ya saben demasiado). Meter la gallina, bien condimentada con la pimienta verde de envidia y la sal de crítica destructiva, en el horno político hasta que esté bien quemada.
Para: 3 gatos (y el pueblo se muere de hambre).