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Reconocimiento a los hispanos en EU


El presidente norteamericano, George Bush hijo, asistió ayer a un desayuno organizado en Washington para homenajear el aporte hispano a la grandeza de Estados Unidos. En el acto, el mandatario hizo especial énfasis en el sacrificio de sangre y vidas que dio ese grupo en la última guerra contra Irak. El evento tuvo su clímax cuando el presidente condecoró a un inmigrante mexicano herido en la guerra, al tiempo que le concedía la ciudadanía norteamericana. El inmigrante, hasta ese momento, tenía más de 30 años de vivir en Estados Unidos sin adoptar la nacionalidad del país anfitrión, y se desempeñaba como oficial de artillería de la infantería de marina.
Fuentes oficiales estimaron en más de 15 mil los soldados hispanos que combatieron durante los 26 días más arduos del conflicto. Decenas de ellos no regresaron con vida y otros tantos retornaron heridos. Ellos son parte de la llamada "mayor minoría étnica de Estados Unidos", insistiéndose por ende en el concepto erróneo de la etnia, sin percatarse todavía que el ser "latino" es un concepto cultural que nada tiene que ver con la raza o color de piel.
Los soldados hispanos se unen pues a las glorias deportivas que dan lustre a su grupo por aquellos lares, compitiendo de igual a igual con sus colegas de otras naciones y del patio, muchas veces superando condiciones mil veces más adversas. Un Sammy Sossa, por ejemplo, es un portento de beisbolista y un ejemplo como persona. Y así en otras disciplinas, como el arte y la cultura, por no mencionar la ciencia y los negocios. Los hispanos pues han consolidado su presencia en Norteamérica y han pagado para ello una elevada cuota de sangre y exportando una gran cuota de discriminación, con lo cual se han ganado el respeto.
Por eso, en parte, estimamos que no es tan fácil para los gobernantes estadounidenses, forzar una salida bélica frente a Cuba. Los hispanos son ya parte de la nación norteamericana y los cubanos son su misma sangre. No es el caso de los iraquíes divididos en sunitas, chiítas y turcos, cada uno con su idioma y costumbres, arrastrando entre sí pesados odios históricos.
Cubanos e hispano-norteamericanos son la misma cosa, comparten la misma lengua, religión, música, costumbres, dieta, todo. De allí que lo que se imponga sea una solución negociada y pacífica. Debe haber unos 40 millones de hispanos en Estados Unidos, nada agradados de ver agredir y matar a sus hermanos.
Superado el problema cubano, es posible prever en pocos años un mayor crecimiento de la hispanidad en Norteamérica, con el español consolidado como segundo idioma. Sería irónico, pero muy probable, ver declarar a Estados Unidos, oficialmente, en país bilingüe, tal cual está ocurriendo recíprocamente en Latinoamérica. A la postre, ¿quién terminó "invadiendo" a quién?. Ninguno. Lo que se está produciendo es una inevitable amalgama cultural y étnica que terminará tarde o temprano integrando a todo el continente, al anglosajón y al hispano, realizando el sueño de Bolívar por una vía impensable hace siglo y medio.
La reconstrucción de Irak constituye otro desafío del siglo XXI y demostrará la diferencia entre las atrocidades y penurias del totalitarismo y las realizaciones de quienes gozan de libertad y democracia.

101 años de Panamá América

 
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