Recordando al tío Arnulfo
Muy gratas son las vivencias que guarda mi memoria de Arnulfo Arias Madrid. Aunque algunos recuerdos en lo personal los guardo para mí y mi familia, hay hechos relevantes que pertenecen a todos los panameños.
El siempre decía que en su vida había tenido dos grandes amores; ellos eran, su madre (mi abuela Carmen Madrid) y Panamá, este último fue lo que lo impulsó a la vida pública.
El optimismo y el positivismo fueron su norte. Recuerdo, siendo yo un niño, durante su exilio en Argentina, una carta que le envió a Lando, mi hermano mayor. En ella le decía: Los pastizales secos producto del verano se convertirán en praderas floridas y con abundante fruto, y a la tierra había que abonarla, para que no sufriera una degradación producto del mal cuido y de las malas hierbas.
Creo que hablaba en parábolas.
Sus desvelos fueron para su pueblo y porque Panamá alcanzara un desarrollo acorde con lo logrado por otras naciones del siglo XX. Y fue la política el vehículo y nutriente que le permitió mantenerse vigente por seis décadas, durante las cuales logró crear respeto, apoyo hacia su lucha y figura por parte de los elementos populares de este país.
Fueron cinco los movimientos políticos en los que militó dejando en cada uno de ellos pedazos de su vida, y como decía el poeta Miró: "Entre jirones de amor y dolor". ¿Por qué la creación de tantos partidos? Creo que lo explica su personalidad y concepto mesiánico de misión por cumplir, que no aceptaba más colaboración que la de sus íntimos allegados. Dentro de nuestra cultura política está la de robarse el mandado, o recoger los mangos bajitos, y les demostró que quien gozaba de credibilidad era él, y los votos siempre los puso su persona.
Después de su muerte no sólo lo perdimos a él como figura aglutinadora, sino que también nos arrebataron el partido. Entonces, es que en base a su recuerdo que, Mireya Moscoso principalmente, junto con otros hombres y mujeres, copartidarios nuestros, logramos reagruparlo bajo el nombre de "Partido Arnulfista", y consolidarlo.
La formación de un nuevo partido atrajo la adhesión de viejos adversarios y otros dignos de practicar la doctrina panameñista; sin embargo, ingresaron otros a quienes se les permitió de alguna manera co-manejar el partido, aislando y marginando a aquellos que eran la verdadera reserva moral del colectivo político. Los resultados ya lo vimos el 2 de mayo pasado.
Desde el más allá, él debe estar observando los acontecimientos y revolcándose en su tumba del Jardín de Paz. Él nunca perdió, ni mucho menos conoció el voto castigo. Se vanagloriaba de su liderazgo, poder de convocatoria y de la enorme credibilidad que le otorgaban sus 60 años de lucha política, confirmado absolutamente el día de su sepelio, cuando todos los estratos sociales, sin ser convocados, espontáneamente los panameños le rendimos el más impresionante tributo póstumo a un servidor de la patria.
Hoy como sangre de su sangre, me toca como panameñista, de la vieja escuela, a ayudar a recoger los despojos de lo que un día fue el gran partido de Arnulfo Arias Madrid.
Sólo con la democratización y el consecuente entierro de esos personajes nefastos que han sometido al partido a la única vergüenza electoral de su historia, podrá ver la luz nuevamente, la doctrina y espíritu de Arnulfo Arias Madrid.
El siempre decía que en su vida había tenido dos grandes amores; ellos eran, su madre (mi abuela Carmen Madrid) y Panamá, este último fue lo que lo impulsó a la vida pública.
El optimismo y el positivismo fueron su norte. Recuerdo, siendo yo un niño, durante su exilio en Argentina, una carta que le envió a Lando, mi hermano mayor. En ella le decía: Los pastizales secos producto del verano se convertirán en praderas floridas y con abundante fruto, y a la tierra había que abonarla, para que no sufriera una degradación producto del mal cuido y de las malas hierbas.
Creo que hablaba en parábolas.
Sus desvelos fueron para su pueblo y porque Panamá alcanzara un desarrollo acorde con lo logrado por otras naciones del siglo XX. Y fue la política el vehículo y nutriente que le permitió mantenerse vigente por seis décadas, durante las cuales logró crear respeto, apoyo hacia su lucha y figura por parte de los elementos populares de este país.
Fueron cinco los movimientos políticos en los que militó dejando en cada uno de ellos pedazos de su vida, y como decía el poeta Miró: "Entre jirones de amor y dolor". ¿Por qué la creación de tantos partidos? Creo que lo explica su personalidad y concepto mesiánico de misión por cumplir, que no aceptaba más colaboración que la de sus íntimos allegados. Dentro de nuestra cultura política está la de robarse el mandado, o recoger los mangos bajitos, y les demostró que quien gozaba de credibilidad era él, y los votos siempre los puso su persona.
Después de su muerte no sólo lo perdimos a él como figura aglutinadora, sino que también nos arrebataron el partido. Entonces, es que en base a su recuerdo que, Mireya Moscoso principalmente, junto con otros hombres y mujeres, copartidarios nuestros, logramos reagruparlo bajo el nombre de "Partido Arnulfista", y consolidarlo.
La formación de un nuevo partido atrajo la adhesión de viejos adversarios y otros dignos de practicar la doctrina panameñista; sin embargo, ingresaron otros a quienes se les permitió de alguna manera co-manejar el partido, aislando y marginando a aquellos que eran la verdadera reserva moral del colectivo político. Los resultados ya lo vimos el 2 de mayo pasado.
Desde el más allá, él debe estar observando los acontecimientos y revolcándose en su tumba del Jardín de Paz. Él nunca perdió, ni mucho menos conoció el voto castigo. Se vanagloriaba de su liderazgo, poder de convocatoria y de la enorme credibilidad que le otorgaban sus 60 años de lucha política, confirmado absolutamente el día de su sepelio, cuando todos los estratos sociales, sin ser convocados, espontáneamente los panameños le rendimos el más impresionante tributo póstumo a un servidor de la patria.
Hoy como sangre de su sangre, me toca como panameñista, de la vieja escuela, a ayudar a recoger los despojos de lo que un día fue el gran partido de Arnulfo Arias Madrid.
Sólo con la democratización y el consecuente entierro de esos personajes nefastos que han sometido al partido a la única vergüenza electoral de su historia, podrá ver la luz nuevamente, la doctrina y espíritu de Arnulfo Arias Madrid.