Recordando el Futuro: Política y gobernantes. Establecimiento de la República: Hacia la crisis de la República
La semana pasada completé el tema de las frustraciones de la República con los Estados Unidos, en cuanto a la interpretación del Convenio del Canal Istmico de 1903 y cómo se fue gestando una tradición diplomática reivindicativa de Panamá. Esta semana consideraré el tema social en la República y cómo se fue gestando la crisis de 1931: Nuevas perspectivas sociales. Por último cabe señalar otra condición de la tercera década de este primer período de nuestra historia como República independiente. Resultado del aumento de población, de los niveles de vida diferenciados y de un mundo de trabajo más complejo, se comenzaron a desarrollar en Panamá organizaciones gremiales y políticas más conscientes de los problemas socioeconómicos de la población.
En los años 1904 y 1905 se dieron en la Zona del Canal tres huelgas de obreros. La tercera fue de 200 jamaicanos, la cual fue reprimida por la Policía Nacional panameña. En 1916, una huelga tuvo lugar en la Zona del Canal, convocada por la Unión Marítima del Istmo, pero dos tuvieron lugar del lado panameño, entre los conductores y motoristas de tranvía y entre antillanos empleados en el Hospital Santo Tomás. En 1919 y 1920 hubo tres huelgas, una en el puerto de Cristóbal y otra de 17,000 empleados de la Zona del Canal que integraban el llamado "silver roll", es decir los que ganaban salarios más bajos en parte, al menos, por discriminación racial. El paro lo convocó la logia denominada "United Brotherhood of Maintenance Way", que en sus 14 puntos de reivindicación incluía tanto reclamos salariales como sociales. Sólo cesó porque el Gobernador norteamericano de la Zona comenzó a sustituir a los huelguistas por empleados panameños, que sufrían de desempleo desde el fin de la construcción del Canal, y a repatriar a los antillanos. En el lado panameño hubo una en La Fuerza y Luz, y una manifestación frente al Club Unión para protestar por la intención norteamericana de militarizar toda Taboga. En 1922 y 1923 hubo una huelga y varios conatos por parte de la Unión Federal de Panaderos, Pasteleros y Confiteros.
"En relación al desarrollo del proletariado y a las transformaciones de los sectores populares, afirman los autores de Las luchas obreras en Panamá, 1850-1978, hay que considerar, a lo menos, cuatro hechos de importancia: 1) la construcción del canal, 2) la formación, mantenimiento y desarrollo de "enclaves" [la Zona del Canal y las bananeras,] con los que se establece la presencia directa del gran capital de los Estados Unidos, 3) el desarrollo urbano y la relativa ampliación del mercado interior y 4) el lento reacomodo del sector agropecuario".
Estos hechos produjeron primero la diferenciación de "un proletariado de enclave", y aunque se puede hablar de su desvinculación con respecto al proletariado panameño, no hay la menor duda que el primero influyó sobre el segundo, como los demuestra el hecho que el fenómeno de huelgas se inició en la Zona del Canal y luego se extendió al resto de Panamá. Y sería estéril negar que los indígenas que trabajaban en las bananeras no tuvieron impacto sobre la suerte de los pueblos indígenas. En segundo lugar, los cuatro hechos produjeron la formación de "un proletariado pre-fabril" en Panamá y Colón, sobre todo en los sectores de transporte, la construcción, el comercio y los servicios. En tercer lugar, la desintegración de la vida campesina y la consecuente proletarización rural fue lenta e incompleta, excepto en la zona de tránsito, y aún allí tendió a suscitar formas de vida ambivalente, entre campesina y proletaria .
En 1918 se fundó la Confederación Obrera Panamericana (COPA), vinculada al sindicalismo norteamericano, y en 1920 la Federación Obrera de la República de Panamá, patrocinada por el Presidente Porras. Pero fue con la fundación del Sindicato General de Trabajadores (SGT) en 1924 que el sindicalismo comenzó a hacerse sentir, con el aporte de anarcosindicalistas españoles y de una polaca, además de socialistas peruanos y de un colombiano. En 1921 se había integrado un Grupo Comunista, que tuvo participación importante tanto en el SGT como en la Liga Inquilinaria en 1925. En 1923 se formó Acción Comunal, que respondía más bien a sectores de clases medias y que pondría fin a este primer período de nuestra historia como República independiente, al derrocar al Presidente Florencio Harmodio Arosemena, gracias al golpe de Estado del 2 de enero de 1931.
A principios de octubre de 1925, el movimiento de la Liga de Inquilinos inició una huelga de no pago de alquileres y decidió celebrar un mitin en el Parque de Santa Ana en protesta por el alza de 25 a 50% en los alquileres, en razón del impuesto sobre el inmueble de cinco por mil sobre el valor catastral que el gobierno había introducido.
El gobierno de Chiari reprimió a los manifestantes, causando numerosos detenidos, varios heridos y cuatro muertos. Dos días más tarde, previa decisión del Gabinete, 600 soldados norteamericanos se instalaron en Santa Ana y el Parque Lesseps, algunos de los cuales se quedaron hasta el 23 de octubre. Estos sucesos revelaron que el malestar social en la República se ampliaba y profundizaba, y que a raíz de ello nuevas fuerzas e ideas comenzaban a manifestarse en el país.
A la par que estos incipientes cambios socio-políticos de mentalidad y comportamiento, en 1923 se fundó el Partido Nacional Feminista con Clara González de Behringer a la cabeza. Uno de sus propósitos básicos era luchar porque se reconociera explícitamente a la mujer como ciudadana y que por ello tuviera derecho a elegir y a ser electa. La Constitución de 1904 decía: "Son ciudadanos de la República todos los panameños mayores de veintiún años" (art. 11). El Partido pretendió postular a Clara González para las siguientes elecciones legislativas, interpretando este artículo en su sentido más amplio. Pero las fuerzas contrarias hicieron que se aprobara la Ley No. 60 del 31 de marzo de 1925, la cual interpretaba el texto constitucional restringiéndolo a los varones y excluyendo a las mujeres.
Se hacía así evidente que la República, tal que había quedado configurada políticamente, se revelaba muy limitada para hacer avanzar la agenda nacionalista y la agenda social que comenzaban a plantearse cada vez con más insistencia. Y tampoco se mostraba dispuesta a reformarse y capaz de hacerlo para superar los fraudes electorales y la creciente corrupción. La República se encaminaba a una crisis.
Los tres caudillos-gobernantes: No cabe la menor duda de que Porras fue factor decisivo en la construcción de la República, que inicialmente rechazó. Ha sido, sin duda, el más grande de los tres caudillos-gobernantes panameños que hemos tenido en lo que va de nuestra historia republicana: Belisario Porras, el caudillo-gobernante político; Arnulfo Arias, el caudillo- gobernante social; y Omar Torrijos, el caudillo-gobernante nacionalista.
Porras superó en esta categoría al Dr. Arnulfo Arias, porque Porras gobernó nueve años y seis meses en tres períodos diferentes, mientras que Arnulfo Arias, al provocar tres golpes de estado en su contra, sólo gobernó 30 meses y dos días en sus tres presidencias, que en principio le hubieran permitido gobernar 12 años ó 144 meses. Por otra parte, aunque Porras llevó el presidencialismo caudillista muy lejos en cuanto a personalismo, no tuvo los arranques de arbitrariedad subjetivista que tuvo Arnulfo Arias y que ocasionaron sus tres caídas de la presidencia.
Porras superó también al General Torrijos en esta misma categoría, aunque éste gobernó 12 años y cinco meses, es decir casi tres años más que aquél. Pero Porras ni se impuso por las armas ni su régimen fue responsable de una violación masiva de los derechos humanos. Además, la importante contribución duradera de los dos últimos sobresalió sobre todo en una dimensión, en el campo social la creación de la Caja de Seguro Social y en el campo del nacionalismo la panameñización del Canal respectivamente. Por contraste, Porras gracias a su liderazgo político abarcó toda una gama de medidas e instituciones que hicieron efectivo el estado republicano panameño en su conjunto. Su aporte fue realmente pluridimensional, al punto de confundirse con el curso mismo de la historia republicana en su primera etapa y en relación con su primer proyecto nacional.
Además, mientras Arias y Torrijos intentaron innovaciones constitucionales ajenas al espíritu moderado del ordenamiento constitucional establecido por los próceres al fundar la República y el país debió deshacerse de las mismas, Porras se mantuvo dentro del espíritu republicano original.
Los tres caudillos-gobernantes compartieron, sin embargo, una característica, a saber sus raíces inmediatas en el interior del país, en la Tablas el uno, en Río Grande de Penonomé el segundo, y en Santiago de Veraguas el tercero. Ello explica que su liderazgo abarcó al país en su complejidad, tanto al país de tránsito como al país del Interior. Pero explica también el tradicionalismo político caudillista que los tres mantuvieron vigente, basando su liderazgo en nexos de lealtad personal y de clientelismo, y no en la pertenencia a una organización moderna en la cual predomine el concepto de mérito. Con ello acarrearon una concepción en buena medida patrimonial del Estado que se acompañó de una praxis paternalista de la relación entre el gobernante y los gobernados.
Cada uno de ellos, fue medio de expresión de aspiraciones y frustraciones profundas del pueblo en diferente etapas de su desarrollo como sujeto colectivo de nuestra historia. En vez de aportarle soluciones o de estimularlo a participar en la búsqueda de ellas, con frecuencia ellos exacerbaron y manipularon sus sentimientos y deseos, para compensar por su falta de soluciones, pero manteniendo su propio poderío sobre el pueblo, y en esa medida fueron populistas. Su personalismo presidencialista y populista dejó al pueblo, en un grado mayor de adolescencia cívico-política que el que sería tolerable para el propio bien del país. Si el pueblo maduró bajo un caudillo-gobernante no fue por su adhesión a él o a su movimiento, sino gracias al esfuerzo y a veces a la lucha por superar su predominio sin dejar de aprovechar su obra. Porque los tres dejaron una obra.
Junto con los demás políticos de esta etapa y a la cabeza de ellos, Porras convirtió el Departamento de Colombia en la República de Panamá, aunque su obra estuvo fuertemente comprometida por su legado de caudillismo presidencialista y populista. A su partido lo dejó agotado y fragmentado y al Estado en crisis de desprestigio y expuesto eventualmente a un golpe de estado. Después de un caudillo-gobernante los pueblos suelen experimentar un diluvio. En el caso de Porras el diluvio fue el golpe de estado de 1931.
(La semana próxima comienzo a considerar la segunda etapa de nuestro primer siglo como República independiente: Desarrollo hacia el estado nacional, 1931-1968).
(ariyan@sinfo.net)
En los años 1904 y 1905 se dieron en la Zona del Canal tres huelgas de obreros. La tercera fue de 200 jamaicanos, la cual fue reprimida por la Policía Nacional panameña. En 1916, una huelga tuvo lugar en la Zona del Canal, convocada por la Unión Marítima del Istmo, pero dos tuvieron lugar del lado panameño, entre los conductores y motoristas de tranvía y entre antillanos empleados en el Hospital Santo Tomás. En 1919 y 1920 hubo tres huelgas, una en el puerto de Cristóbal y otra de 17,000 empleados de la Zona del Canal que integraban el llamado "silver roll", es decir los que ganaban salarios más bajos en parte, al menos, por discriminación racial. El paro lo convocó la logia denominada "United Brotherhood of Maintenance Way", que en sus 14 puntos de reivindicación incluía tanto reclamos salariales como sociales. Sólo cesó porque el Gobernador norteamericano de la Zona comenzó a sustituir a los huelguistas por empleados panameños, que sufrían de desempleo desde el fin de la construcción del Canal, y a repatriar a los antillanos. En el lado panameño hubo una en La Fuerza y Luz, y una manifestación frente al Club Unión para protestar por la intención norteamericana de militarizar toda Taboga. En 1922 y 1923 hubo una huelga y varios conatos por parte de la Unión Federal de Panaderos, Pasteleros y Confiteros.
"En relación al desarrollo del proletariado y a las transformaciones de los sectores populares, afirman los autores de Las luchas obreras en Panamá, 1850-1978, hay que considerar, a lo menos, cuatro hechos de importancia: 1) la construcción del canal, 2) la formación, mantenimiento y desarrollo de "enclaves" [la Zona del Canal y las bananeras,] con los que se establece la presencia directa del gran capital de los Estados Unidos, 3) el desarrollo urbano y la relativa ampliación del mercado interior y 4) el lento reacomodo del sector agropecuario".
Estos hechos produjeron primero la diferenciación de "un proletariado de enclave", y aunque se puede hablar de su desvinculación con respecto al proletariado panameño, no hay la menor duda que el primero influyó sobre el segundo, como los demuestra el hecho que el fenómeno de huelgas se inició en la Zona del Canal y luego se extendió al resto de Panamá. Y sería estéril negar que los indígenas que trabajaban en las bananeras no tuvieron impacto sobre la suerte de los pueblos indígenas. En segundo lugar, los cuatro hechos produjeron la formación de "un proletariado pre-fabril" en Panamá y Colón, sobre todo en los sectores de transporte, la construcción, el comercio y los servicios. En tercer lugar, la desintegración de la vida campesina y la consecuente proletarización rural fue lenta e incompleta, excepto en la zona de tránsito, y aún allí tendió a suscitar formas de vida ambivalente, entre campesina y proletaria .
En 1918 se fundó la Confederación Obrera Panamericana (COPA), vinculada al sindicalismo norteamericano, y en 1920 la Federación Obrera de la República de Panamá, patrocinada por el Presidente Porras. Pero fue con la fundación del Sindicato General de Trabajadores (SGT) en 1924 que el sindicalismo comenzó a hacerse sentir, con el aporte de anarcosindicalistas españoles y de una polaca, además de socialistas peruanos y de un colombiano. En 1921 se había integrado un Grupo Comunista, que tuvo participación importante tanto en el SGT como en la Liga Inquilinaria en 1925. En 1923 se formó Acción Comunal, que respondía más bien a sectores de clases medias y que pondría fin a este primer período de nuestra historia como República independiente, al derrocar al Presidente Florencio Harmodio Arosemena, gracias al golpe de Estado del 2 de enero de 1931.
A principios de octubre de 1925, el movimiento de la Liga de Inquilinos inició una huelga de no pago de alquileres y decidió celebrar un mitin en el Parque de Santa Ana en protesta por el alza de 25 a 50% en los alquileres, en razón del impuesto sobre el inmueble de cinco por mil sobre el valor catastral que el gobierno había introducido.
El gobierno de Chiari reprimió a los manifestantes, causando numerosos detenidos, varios heridos y cuatro muertos. Dos días más tarde, previa decisión del Gabinete, 600 soldados norteamericanos se instalaron en Santa Ana y el Parque Lesseps, algunos de los cuales se quedaron hasta el 23 de octubre. Estos sucesos revelaron que el malestar social en la República se ampliaba y profundizaba, y que a raíz de ello nuevas fuerzas e ideas comenzaban a manifestarse en el país.
A la par que estos incipientes cambios socio-políticos de mentalidad y comportamiento, en 1923 se fundó el Partido Nacional Feminista con Clara González de Behringer a la cabeza. Uno de sus propósitos básicos era luchar porque se reconociera explícitamente a la mujer como ciudadana y que por ello tuviera derecho a elegir y a ser electa. La Constitución de 1904 decía: "Son ciudadanos de la República todos los panameños mayores de veintiún años" (art. 11). El Partido pretendió postular a Clara González para las siguientes elecciones legislativas, interpretando este artículo en su sentido más amplio. Pero las fuerzas contrarias hicieron que se aprobara la Ley No. 60 del 31 de marzo de 1925, la cual interpretaba el texto constitucional restringiéndolo a los varones y excluyendo a las mujeres.
Se hacía así evidente que la República, tal que había quedado configurada políticamente, se revelaba muy limitada para hacer avanzar la agenda nacionalista y la agenda social que comenzaban a plantearse cada vez con más insistencia. Y tampoco se mostraba dispuesta a reformarse y capaz de hacerlo para superar los fraudes electorales y la creciente corrupción. La República se encaminaba a una crisis.
Los tres caudillos-gobernantes: No cabe la menor duda de que Porras fue factor decisivo en la construcción de la República, que inicialmente rechazó. Ha sido, sin duda, el más grande de los tres caudillos-gobernantes panameños que hemos tenido en lo que va de nuestra historia republicana: Belisario Porras, el caudillo-gobernante político; Arnulfo Arias, el caudillo- gobernante social; y Omar Torrijos, el caudillo-gobernante nacionalista.
Porras superó en esta categoría al Dr. Arnulfo Arias, porque Porras gobernó nueve años y seis meses en tres períodos diferentes, mientras que Arnulfo Arias, al provocar tres golpes de estado en su contra, sólo gobernó 30 meses y dos días en sus tres presidencias, que en principio le hubieran permitido gobernar 12 años ó 144 meses. Por otra parte, aunque Porras llevó el presidencialismo caudillista muy lejos en cuanto a personalismo, no tuvo los arranques de arbitrariedad subjetivista que tuvo Arnulfo Arias y que ocasionaron sus tres caídas de la presidencia.
Porras superó también al General Torrijos en esta misma categoría, aunque éste gobernó 12 años y cinco meses, es decir casi tres años más que aquél. Pero Porras ni se impuso por las armas ni su régimen fue responsable de una violación masiva de los derechos humanos. Además, la importante contribución duradera de los dos últimos sobresalió sobre todo en una dimensión, en el campo social la creación de la Caja de Seguro Social y en el campo del nacionalismo la panameñización del Canal respectivamente. Por contraste, Porras gracias a su liderazgo político abarcó toda una gama de medidas e instituciones que hicieron efectivo el estado republicano panameño en su conjunto. Su aporte fue realmente pluridimensional, al punto de confundirse con el curso mismo de la historia republicana en su primera etapa y en relación con su primer proyecto nacional.
Además, mientras Arias y Torrijos intentaron innovaciones constitucionales ajenas al espíritu moderado del ordenamiento constitucional establecido por los próceres al fundar la República y el país debió deshacerse de las mismas, Porras se mantuvo dentro del espíritu republicano original.
Los tres caudillos-gobernantes compartieron, sin embargo, una característica, a saber sus raíces inmediatas en el interior del país, en la Tablas el uno, en Río Grande de Penonomé el segundo, y en Santiago de Veraguas el tercero. Ello explica que su liderazgo abarcó al país en su complejidad, tanto al país de tránsito como al país del Interior. Pero explica también el tradicionalismo político caudillista que los tres mantuvieron vigente, basando su liderazgo en nexos de lealtad personal y de clientelismo, y no en la pertenencia a una organización moderna en la cual predomine el concepto de mérito. Con ello acarrearon una concepción en buena medida patrimonial del Estado que se acompañó de una praxis paternalista de la relación entre el gobernante y los gobernados.
Cada uno de ellos, fue medio de expresión de aspiraciones y frustraciones profundas del pueblo en diferente etapas de su desarrollo como sujeto colectivo de nuestra historia. En vez de aportarle soluciones o de estimularlo a participar en la búsqueda de ellas, con frecuencia ellos exacerbaron y manipularon sus sentimientos y deseos, para compensar por su falta de soluciones, pero manteniendo su propio poderío sobre el pueblo, y en esa medida fueron populistas. Su personalismo presidencialista y populista dejó al pueblo, en un grado mayor de adolescencia cívico-política que el que sería tolerable para el propio bien del país. Si el pueblo maduró bajo un caudillo-gobernante no fue por su adhesión a él o a su movimiento, sino gracias al esfuerzo y a veces a la lucha por superar su predominio sin dejar de aprovechar su obra. Porque los tres dejaron una obra.
Junto con los demás políticos de esta etapa y a la cabeza de ellos, Porras convirtió el Departamento de Colombia en la República de Panamá, aunque su obra estuvo fuertemente comprometida por su legado de caudillismo presidencialista y populista. A su partido lo dejó agotado y fragmentado y al Estado en crisis de desprestigio y expuesto eventualmente a un golpe de estado. Después de un caudillo-gobernante los pueblos suelen experimentar un diluvio. En el caso de Porras el diluvio fue el golpe de estado de 1931.
(La semana próxima comienzo a considerar la segunda etapa de nuestro primer siglo como República independiente: Desarrollo hacia el estado nacional, 1931-1968).
(ariyan@sinfo.net)