Recordando a Gerardo Arias L.
Dios no quiso que tuviese un hermano biológico, pero sí permitió que adquieriera uno quien, a pesar de no compartir mi genética, se convirtió en el hermano que no tuve. Se llamó: Gerardo Arias Linares, hijo de Arnulfo Arias Madrid y Ana Matilde Linares de Arias.
Mi hermano Gerardo murió el 15 de agosto de 2002, fecha que coincide con el aniversario natalicio de su padre. Como lo expresé en mis palabras de despedida en la Iglesia, no fue una coincidencia que Gerardo muriera en esa fecha. Los 15 de agosto seguidos a la muerte de su padre, eran fechas muy duras y tristes para Gerardo, por el dolor de su desaparición física, ya que sentía un enorme amor y una gran admiración por su padre, sumados al dolor del ostracismo que sufrió de quienes heredaron su fortuna y controlan la memoria pública de Arnulfo Arias. Estoy convencido que murió de pena y dolor.
Nunca me lo dijo, pero puedo jurar que Gerardo resistió el mal trato económico y moral que recibió desaparecido su padre. Murió tranquilo en su humilde, pero decorosa casa en Boquete, a pasos de las propiedades de su padre que pudieron haber sido suyas. Murió sin responder el último mensaje electrónico que le envié, es posible que a pocos minutos de su recibo. Aún conservo la impresión de nuestro intercambio electrónico.
Conocí a Gerardo en Boquete, a través de mi primo José Benjamín de Dianous en la década del 50 del siglo pasado. Debo admitir que mi primera evaluación de su personalidad fue de que era "creido", "esnobista", pero los años de relación me permitieron corregir esa impresión. Gerardo era tímido y las personas así pueden proyectar erradamente ser elitistas. Más tarde, nos reíamos de mi mala evaluación inicial de su personalidad.
Nuestra relación se afianzó durante la década del 70, ambos casados, ambos ingenieros agrónomos, al inicio de mi carrera profesional, primero en Divisa y luego en mi ciudad natal, David. Nuestras hijos y esposas establecieron una relación familiar que aún perdura. Mis hijos recuerdan con mucho cariño a su Tío Gerardo.
Gerardo era un alma noble, gran amigo, de poco apego a las cosas materiales, sencillo. Indudablemente que su tímida personalidad fue moldeada por la férrea y dominante personalidad de su padre. Tenía una alta curiosidad científica. Hubiese sido un excelente investigador. La botánica y la medicina naturista le fascinaban. Cuando el Chase me envió a Trinidad y Tobago en enero de 1964, Gerardo nos visitó y su primera recorrido fue al excelente Jardín Tropical que existe en Port-of-Spain; trajo consigo a Panamá las primeras semillas de Pino del Caribe, o sea que fue pionero del cultivo en el país de ese valioso árbol. Por él aprendí que era necesario traer tierra de donde crecía el Pino, además de las semillas, para introducir el nematodo que vive en simbiosis con el Pino y que es esencial para su germinación y vida. Gerardo, en la época, trabajaba con el Ministerio de Agricultura. Mantengo la impresión de que mi relación personal con el Dr. Arias, quien me honró con su amistad y aprecio, y que nace de su relación comercial con el Chase Manhattan, mi empleador de la época; era en gran parte producto del hecho de que el Dr. Arias conoció bien mi relación de hermandad con su hijo.
Siento la ausencia física de mi hermano. Disfrutaba mucho su presencia, su seco sentido del humor, nuestras tertulias sobre temas agrícolas y científicos, y vivencias familiares. Hoy me apena no haber hecho mayores esfuerzos para visitarlo con más frecuencia en Boquete.
Querido hermano, paz en tu Descanso Eterno, que disfrutes de los jardines botánicos del Paraíso.
El 15 de agosto de 1914, además de ajustarse 395 años de la fundación de la primera Panamá, se hacía el viaje inaugural del Canal de Panamá: un sueño centenario hecho realidad. Eso es lo que celebramos este año.
Pero no debemos olvidar que la obra inició 10 años antes, en 1904. También ajustaríamos 100 años de lucha contra las enfermedades tropicales, 100 años de la modernización de la región interoceánica; 100 años del inicio del crisol de razas; 100 años de la introducción de tecnología especial con la que se batieron récords, aún no rebasados.
El Canal supuso, a 90 años de distancia y proyectándose al futuro, adquirir, desarrollar y mantener sistemas de conservación ecológica, hídrica y de investigación botánica y zoológica. Nos brinda un interesante recorrido por la mente humana, el desarrollo tecnológico, las luchas de interés, los factores económicos y la vida internacional.
El Canal es de nosotros, pero no nos hemos apropiado de él. Tampoco de Panamá Viejo. Necesitamos hacer nuestros estos patrimonios, conocer sus factores de construcción, desarrollo y funcionamiento.
Debemos visitarlos, olerlos, tocarlos, admirarlos, conservarlos y llevarlos a un perfeccionamiento a futuro para las presentes y futuras generaciones. Debemos compartirlos y darlos a conocer a propios y extraños.
panahistoria1@yahoo.es
Mi hermano Gerardo murió el 15 de agosto de 2002, fecha que coincide con el aniversario natalicio de su padre. Como lo expresé en mis palabras de despedida en la Iglesia, no fue una coincidencia que Gerardo muriera en esa fecha. Los 15 de agosto seguidos a la muerte de su padre, eran fechas muy duras y tristes para Gerardo, por el dolor de su desaparición física, ya que sentía un enorme amor y una gran admiración por su padre, sumados al dolor del ostracismo que sufrió de quienes heredaron su fortuna y controlan la memoria pública de Arnulfo Arias. Estoy convencido que murió de pena y dolor.
Nunca me lo dijo, pero puedo jurar que Gerardo resistió el mal trato económico y moral que recibió desaparecido su padre. Murió tranquilo en su humilde, pero decorosa casa en Boquete, a pasos de las propiedades de su padre que pudieron haber sido suyas. Murió sin responder el último mensaje electrónico que le envié, es posible que a pocos minutos de su recibo. Aún conservo la impresión de nuestro intercambio electrónico.
Conocí a Gerardo en Boquete, a través de mi primo José Benjamín de Dianous en la década del 50 del siglo pasado. Debo admitir que mi primera evaluación de su personalidad fue de que era "creido", "esnobista", pero los años de relación me permitieron corregir esa impresión. Gerardo era tímido y las personas así pueden proyectar erradamente ser elitistas. Más tarde, nos reíamos de mi mala evaluación inicial de su personalidad.
Nuestra relación se afianzó durante la década del 70, ambos casados, ambos ingenieros agrónomos, al inicio de mi carrera profesional, primero en Divisa y luego en mi ciudad natal, David. Nuestras hijos y esposas establecieron una relación familiar que aún perdura. Mis hijos recuerdan con mucho cariño a su Tío Gerardo.
Gerardo era un alma noble, gran amigo, de poco apego a las cosas materiales, sencillo. Indudablemente que su tímida personalidad fue moldeada por la férrea y dominante personalidad de su padre. Tenía una alta curiosidad científica. Hubiese sido un excelente investigador. La botánica y la medicina naturista le fascinaban. Cuando el Chase me envió a Trinidad y Tobago en enero de 1964, Gerardo nos visitó y su primera recorrido fue al excelente Jardín Tropical que existe en Port-of-Spain; trajo consigo a Panamá las primeras semillas de Pino del Caribe, o sea que fue pionero del cultivo en el país de ese valioso árbol. Por él aprendí que era necesario traer tierra de donde crecía el Pino, además de las semillas, para introducir el nematodo que vive en simbiosis con el Pino y que es esencial para su germinación y vida. Gerardo, en la época, trabajaba con el Ministerio de Agricultura. Mantengo la impresión de que mi relación personal con el Dr. Arias, quien me honró con su amistad y aprecio, y que nace de su relación comercial con el Chase Manhattan, mi empleador de la época; era en gran parte producto del hecho de que el Dr. Arias conoció bien mi relación de hermandad con su hijo.
Siento la ausencia física de mi hermano. Disfrutaba mucho su presencia, su seco sentido del humor, nuestras tertulias sobre temas agrícolas y científicos, y vivencias familiares. Hoy me apena no haber hecho mayores esfuerzos para visitarlo con más frecuencia en Boquete.
Querido hermano, paz en tu Descanso Eterno, que disfrutes de los jardines botánicos del Paraíso.
El 15 de agosto de 1914, además de ajustarse 395 años de la fundación de la primera Panamá, se hacía el viaje inaugural del Canal de Panamá: un sueño centenario hecho realidad. Eso es lo que celebramos este año.
Pero no debemos olvidar que la obra inició 10 años antes, en 1904. También ajustaríamos 100 años de lucha contra las enfermedades tropicales, 100 años de la modernización de la región interoceánica; 100 años del inicio del crisol de razas; 100 años de la introducción de tecnología especial con la que se batieron récords, aún no rebasados.
El Canal supuso, a 90 años de distancia y proyectándose al futuro, adquirir, desarrollar y mantener sistemas de conservación ecológica, hídrica y de investigación botánica y zoológica. Nos brinda un interesante recorrido por la mente humana, el desarrollo tecnológico, las luchas de interés, los factores económicos y la vida internacional.
El Canal es de nosotros, pero no nos hemos apropiado de él. Tampoco de Panamá Viejo. Necesitamos hacer nuestros estos patrimonios, conocer sus factores de construcción, desarrollo y funcionamiento.
Debemos visitarlos, olerlos, tocarlos, admirarlos, conservarlos y llevarlos a un perfeccionamiento a futuro para las presentes y futuras generaciones. Debemos compartirlos y darlos a conocer a propios y extraños.
panahistoria1@yahoo.es