default

Recordar el futuro de Panamá, en nuestro primer centenario


Pareciera un contrasentido hablar de recordar el futuro. Pero esto es lo que conviene que hagamos como pueblo en nuestro primer centenario como República independiente. La circunstancia nos convoca a transcender la conciencia individual y a hacer memoria común sobre lo que hemos recorrido desde el 3 de noviembre de 1903. Podremos así determinar el sentido de lo que hemos logrado como patria y como nación y el alcance de aquello en lo que hemos fallado o que aún podríamos recuperar. Sobre todo podremos visualizar lo mucho que nos queda aún por alcanzar para satisfacer nuestras aspiraciones fundamentales. Necesitamos recordarnos a nosotros mismos que tenemos un gran futuro por forjar y que no es un futuro cualquiera, sino uno concebido en razón de los sólidos y los vacíos con los que el pasado ha estructurado nuestro presente.
"Revuelvo la mirada y a veces siento espanto cuando no veo el camino que a ti me ha de tornar", reza el verso de Ricardo Miró. Sería mejor todavía conceptualmente, aunque no poéticamente, si dijera "cuando no veo el camino que a partir de ti me ha de conducir". No se trata, como sugiere nuestro poeta nacional, de concebir el futuro bajo una modalidad nostálgica, como la recuperación de un paraíso perdido. Se trata de concebirlo bajo una modalidad proyectiva, como vocación a realizar una convivencia más humana, que anhelamos pero no hemos todavía sabido conformar. Acerca de esa proyección, habiéndonos constituido como pueblo con nuestra propia identidad, reconociéndonos como solidarios gracias al origen en una patria compartida y consolidándonos como estado nacional finalmente soberano, tenemos que preguntarnos si en ello consiste la meta definitiva o si más bien debemos emprender nuevos rumbos y hacia dónde hemos hacerlo.
El pueblo es la sustancia libre y viva que actúa políticamente, el sujeto político primordial, que recuerda el pasado y anhela el porvenir. La patria es algo así como el hogar familiar del pueblo en razón de su origen común en una tierra. Por eso la patria vive del recuerdo, pero no se reduce a ejercer la memoria. En efecto, intentamos que el hogar patrio perdure y mejore, lo que envuelve una dimensión de un tiempo venidero. La nación, por contraste, aunque es una comunidad de origen compartido, incluye en mucho mayor grado que la patria una aspiración hacia un horizonte de propósitos comunes. Por ello, se torna más directamente hacia el futuro, aún cuando nuestro esfuerzo por alcanzarlo deje su trazo indeleble en el pasado.
222...el oportunismo, egocentrismo y el individualismo se han enseñoreado del ambiente nacional y nuestros recientes presidentes no nos han propuesto causas que nos unifiquen...
Una visión en profundidad de nosotros mismos como pueblo, patria y nación la tuvieron varios de nuestros estadistas que no fueron presidentes y algunos pocos de nuestros presidentes que fueron estadistas: Justo Arosemena, Eusebio A. Morales, José Dolores Moscote, Ricardo J. Alfaro y Harmodio Arias Madrid entre los más distinguidos. Los panameños tuvimos una visión equivalente, difusa pero actuante, a lo largo de la gesta generacional por panameñizar el Canal y otra en la época heroica de la lucha contra la dictadura y por la democracia, cuando los panameños y panameñas hicimos tanto, sacrificamos tanto, sufrimos tanto, compartimos tanto y aprendimos tanto por salvar a nuestro país.
Pero desde que vivimos nuevamente en democracia el oportunismo, egocentrismo y el individualismo se han enseñoreado del ambiente nacional y nuestros recientes presidentes no nos han propuesto causas que nos unifiquen al mismo tiempo que nos motiven a dar lo mejor de nosotros mismos. Como resultado nuestro electorado puede ahora votar libremente, pero aún no sabe votar bien. Los dirigentes encuentran difícil por no decir imposible establecer lealmente los necesarios consensos, así como discutir civilizadamente los inevitables desacuerdos. La gobernabilidad de Panamá se ve por ello comprometida y sólo en raros momentos y circunstancias se realiza la obra de Gobierno que nuestra población y nuestro país reclaman.
Quisiera contribuir a que se formule una visión semejante para nuestro tiempo que ayude a formar un nuevo estilo de liderazgo. Y por ello me he propuesto escribir un libro en el que resuma los casi cuarenta años de mi vida política, con sus aciertos y errores, y sobre todo proponga las reflexiones que esa experiencia me inspira con respecto al futuro de nuestro país. Su título será: Recordar el futuro de Panamá, en la celebración de nuestro primer centenario. Pensé para hacerlo suspender mis columnas dominicales, que al convertirse en verdaderos ensayos me absorben mucho tiempo. Pero he pensado que sería mejor reducir la extensión de mis columnas a la mitad para mantener así el comentario sobre la actualidad, mientras adelanto la reflexión en profundidad de cara al futuro. Y como espero publicar el libro antes del 3 de noviembre del 2003, puede que por añadidura contribuya a ofrecer criterios para la escogencia de los primeros gobernantes de nuestro segundo siglo como República independiente.
(ariyan@sinfo.net)
"Si la adjudicación se hizo dos años después de la licitación, las condiciones en el área del proyecto han cambiado. Puede ser que si tenías que remover mil metros, cambie a cinco mil metros y eso es significativo", añadió.
El funcionario indicó que como el precio total del proyecto no puede aumentar, lo que se hace es buscar maneras de hacer la obra sin afectar ese monto, y es por eso que se eliminan paradas de autobuses, señalización o pintura.
Pero si se justifica o no la eliminación de alguna parte de la obra establecida en el pliego de cargos, eso es una decisión que debe tomar la empresa que inspecciona, en conjunto con el contratista.
"A veces hay que mover tierra que no estaba contemplada, y hay que hacerlo sin que al Estado le cueste más. Pero hay que hacer el proyecto, y es por esta razón que a veces hay carreteras que se le reducen dos, tres o cinco kilómetros de lo previsto. Hay que hacer el proyecto a como dé lugar", señaló.
Como por lo general las obras tienen cinco años de garantía, es necesario hacer una muy buena inspección, porque después de ese periodo es el MOP quien tiene la responsabilidad de darle mantenimiento a la obra. "Por eso necesitamos una inspección seria y minuciosa, porque a la larga la obra viene para acá", dijo Rogelio Estripeaut.
"Para certificar que se está realizando una buena obra y aunque la inspección la hace una empresa privada, siempre asignamos un funcionario de enlace, quien es el que queda inspeccionando a la empresa inspectora", dijo el funcionario.
"Me siento más confiado cuando hacemos la inspección nosotros. Porque tenemos que inspeccionarlos a ellos también", insistió.
"Si nosotros no nos metemos en la inspección y sino sabemos qué han hecho, cómo le vamos a dar mantenimiento, después que se acabe la garantía", preguntó.
"El sistema de inspectoras privadas resulta muy bien en Estados Unidos, no sé por qué aquí no", se cuestionó. Luego Stripeaut reconsideró y agregó: "Bueno, aquí está funcionando, pero no tan bien... sinceramente preferiría que la inspección la haga el MOP, claro, después de reforzar la Dirección con más profesionales y equipo, lo cual implica más presupuesto".
Añadió que "si inspeccionamos nosotros controlamos mejor la calidad de la obra. Si nosotros mismos mandamos a nuestros inspectores, no tengo que estar correteando al otro privado... porque muchas veces yo di una orden, pero el inspector privado se me va por otro lado. Hay veces que no compaginamos". "Si tú no inspeccionas bien algo, no puedes aseverar que está bien hecho... y está en la duda que se haga óptima", añadió Stripeaut.
La educadora, quien antes de dirigir el IFN fue directora del Angel Rubio, una escuela que se creó con los estudiantes más indisciplinados del sector de Juan Díaz y Pedregal, manifestó que la fórmula que utilizó en ambas escuelas para mejorar la disciplina fue tratar que los alumnos entendieran que eran lo más importante para mejorar la escuela.
"Los alumnos sabían que yo era estricta, pero me tenían cariño, no me tenían miedo", manifestó. Explicó que la mística se pudo levantar entre los estudiantes creando clubes de lectura, de ciencias, bandas de música, las rondallas, los conjuntos típicos, los clubes de jardinerías, entre otros.
"Los estudiantes aprendieron a querer su escuela, respetar el mobiliario que ellos mismos mantenían y deseaban estar en el colegio hasta los sábados", comentó. Precisó que lo primero que pudo observar en los alumnos con problemas de disciplina era que tenían sed de autoridad, y de cariño, además de que traían problemas originados en sus hogares.
El problema de la indisciplina en los colegios se ha agravado porque no hay dedicación de parte de las más altas autoridades del Ministerio de Educación como tampoco de los profesores, denunció. Hay que buscar una mística a través del Ministerio de Educación para que las escuelas tengan otra proyección.
Indicó que la mayoría de los profesores y directores de escuelas se consideran instructores y se olvidan que antes de educadores, son orientadores y no se involucran en los problemas de los adolescentes. Manifestó que los directores y profesores no recorren la escuela para observar, escuchar y hablar con los jóvenes.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América