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Recorrido por un cementerio


Era verano en pleno mes de invierno. Ella se sentía preparada para conocer el lugar donde estaban los restos del hombre que más ha querido en su vida.
Hace seis años, un mes y 13 días que él murió, sin darse cuenta, en un accidente de tránsito.
Nunca había visitado el cementerio municipal de Juan Díaz, donde yacían los restos de aquel joven de 26 años que se despidió de la vida camino a casa, luego de un fin de semana en la playa.
Ayer caminaba hacia las bóvedas, pero desconocía en que sección o módulo se encontraba. La verdad sintió vergüenza de llamar a la madre de su inolvidable amor, hace tanto que no sabe de ella.
Recordó por qué dejó de frecuentarla, y es que el dolor era mayor cuando iba a esa casa, donde cada foto, cada esquina se lo recordaba aún más.
Al tiempo que avanzaba era mayor la cantidad de personas que limpiaban las tumbas y pintaban las criptas, se debe a que el 2 de noviembre es el "Día de los Difuntos". La paz era solamente cortada por los trinos de algunos pájaros que jugueteaban entre las ramas de los árboles.
Empieza la búsqueda, cuantos nombres se asoman, cuantas personas duermen tranquilamente.
MIRA PARA TODOS LADOS.
¿A quién busca joven? Preguntaron más de tres. Ella siempre responde: a un amigo, pero no sé dónde está.
Un adolescente de unos 14 años se ofrece a ayudarla, lo hace por unos 15 minutos. Luego se esfuma, tenía muchas tumbas que pintar.
Rojas, amarillas y rosadas eran los colores de la mayoría de las flores artificiales que habían en las bóvedas y tumbas. Otras con menos suerte no tienen nada, pareciera que nadie se acuerda de ellas.
La razón de las flores no naturales se debe a la que la Alcaldía de Panamá ha prohibido las de verdad, ya que es una manera de contrarrestar los focos de infestación del mosquito Aedes aegypti.
Que ironía pensaba a medida que subía la pequeña colina, y es que al final de cada sección encontraba charcos de agua de todos los tamaños, seguro que habían larvas del detestado transmisor del dengue.
Seguía mirando, en busca de él, pero nada. Solamente encontraba nombres que no le decían nada. Muy bajito decía "guíame a dónde estás?
Placas de bronce, de mármol, de cemento...unas lindas y ostentosas, otras muy sencillas. Pero, en otras sólo un nombre pintado de negro en el cemento rústico.
Llama su atención los herbazales y algunas criptas llenas de limo porque las tuberías están rotas y el agua filtrada hace lo suyo. Alguien debe limpiar, piensa, mientras sigue caminando...
Vuelve a encontrarse con uno de los señores que le preguntó a quién buscaba. El interroga: ¿lo encontró? No nada. Entonces le sugiere, si gusta puede ir a las oficinas, allí le pueden ayudar.
Mira una sección más. Se da por vencida y decide ir a las oficinas administrativas. ¿Cómo no se me ocurrió? se preguntó.
En su andar se encuentra una pareja que arregla una tumba, ellos discuten sin importarles que están en un camposanto.
Más adelante, dos ancianas han terminado de colocar las flores rojas en una bóveda, una le dice a otra: "vamos a rezar".
Sigue y ve a dos señores limpiando otra fosa, mientras una pareja supervisaba de cerca el trabajo. Escucha cuando la señora de unos 45 años toma unas flores y dice: "a mami le hubiesen gustado, a ella le encantaban las rosas".
Al fin llega a la oficina, tuvo que esperar porque la funcionaria le explicaba a una señora que tenía que pagar B/.18.00 de impuestos, ya que en la tumba de su familiar realizaban unas mejoras.
Llegó su turno, y le dijo a la atenta funcionaria que quería saber dónde estaba un amigo que enterraron el 20 de septiembre de 1994.
"Lástima que no pueda ayudarla, lo que pasa es que aquí sólo tenemos los archivos de 1996 para acá". Los de años anteriores tiene que buscarse en las oficinas de administración de cementerios en la sede de Servicios Múltiples, ubicada frente a la policlínica Pediátrica, expresó.
Decide partir, otro día irá a preguntar.
Mientras sale del cementerio y observa las dos enormes torres blancas que hay en la entrada, se pregunta si fue lo mejor.
Sin embargo, el corazón le dice que ya aceptó la realidad de que ese ser tan querido haya muerto en un choque, ya aceptó que ese joven llenó de vida no esté por la imprudencia de un conductor irresponsable, ya aceptó que él haya sido el único que murió mientras iba dormido en el puesto del copiloto.

101 años de Panamá América

 
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