Recuerdos del carnaval
Se añora el pasado; se añora lo bueno que se ha tenido y hasta se añoran momentos difíciles cuando el fruto de los mismos ha sido positivo y satisfactorio.
Me pregunto si cualquier tiempo pasado fue mejor o es que uno cambia internamente, pero los gustos siguen siendo iguales mientras el tiempo progresa. Bueno, esta filosofía barata muestra un poco de nostalgia por los carnavales de antaño, cuando "nosotros" nos divertíamos de verdad, sanamente, sin necesidad de miedo a enfermedades; la única era los traguitos que nos tomábamos acompañando la alegría del carnaval tableño. Bailábamos al son de la murga y de la música típica.
A menos que algo grande sucediera, me instalaba en Las Tablas desde el viernes, así es que hacía de la fiesta un jolgorio de cinco días. El "cuartel de calle abajo", la reina frustrada, los disfraces del lunes de carnal, los culecos, las tunas y las majestades hermosamente ataviadas y llevando dignamente la corona.
En otra ocasión les he contado qué es la reina frustrada; pero como tengo nuevos lectores, lo haré nuevamente. Resulta que yo no fui reina del carnaval tableño porque en mi época no había reinados. Por lo tanto siempre he tenido el complejo de reina; saludo como tal y acepto cualquier reinado que me ofrezcan. Así que un día le dije a mi marido que inventaría un reinado y yo sería la primera reina. Dispuse que ese martes de carnaval, pasados los culecos, se me coronaría en una ceremonia frente al cuartel de calle abajo con manto con flores y corona de cartulina. Pocas veces me he divertido tanto y fui reina por un rato y hasta el año siguiente. Desde entonces, todos los años, por más de 25, se corona la reina frustrada en calle abajo y siempre es alguien que nunca fue reina. Ahora la coronación se hace los lunes.
Es una costumbre bonita y sólo la tenemos en calle abajo. Todo esto, unido a las majestades y las tunas, hacían del carnaval tableño una fiesta nacional. El "cuartel de calle abajo" es una casa frente al parque que ahora alquilamos; al principio era prestado y en él tenemos nuestra propia diversión. ¿La cuota? Una botella de licor. Había un letrero que decía: el que no po.. no to.. (el que no pone no toma).
Las tonadas eran hermosas en letra y música. Las de ahora no se pueden ni alcanzar al ritmo por lo rápido que van y, por lo tanto, no se entiende la letra.
En Panamá, salían los carros alegóricos con comparsas que iban detrás de los carros con la gente bailando y gozando sanamente. Ahora ponen una tarima con una mala orquesta, la gente parada enfrente escuchando la música y ni siquiera bailan. Al finalizar, la gente se va a su casa y se acabó la noche de carnaval. ¿Hay de veras participación de la gente en el carnaval o sólo son observadores? No hay toldos donde la gente baile como Dios manda y la reina no visita los lugares donde se hacen bailes que de populares no tienen nada.
¿Cuál es pues, el papel de la reina? Pasearse en un carro alegórico o ser la reina del pueblo, de todos los panameños? ¿Va la reina al parque de Santa Ana a distraer a la gente que allí se reúne? ¿Dónde están los carros llenos de empolleradas desfilando el domingo de carnaval? Nadie quiere vestir el traje típico por miedo a que le roben sus joyas. No estoy criticando; sólo preguntando y diciendo lo que fue antes y que nos gustaría que volviera.
Priva la música foránea y de vez en cuando toca un conjunto nacional. Aquellas cumbias tan lindas ya no se escuchan. Las murgas van desapareciendo para dar paso al regué, lo más feo (a mi parecer) que se ha escrito como música.
Como vemos, mejor me ha parecido coger camino a la playa a recordar los tiempos pasados, saborear una copita de vino y hablar, como lo hace la gente de mi edad, sobre la gloria pasada.
Me pregunto si cualquier tiempo pasado fue mejor o es que uno cambia internamente, pero los gustos siguen siendo iguales mientras el tiempo progresa. Bueno, esta filosofía barata muestra un poco de nostalgia por los carnavales de antaño, cuando "nosotros" nos divertíamos de verdad, sanamente, sin necesidad de miedo a enfermedades; la única era los traguitos que nos tomábamos acompañando la alegría del carnaval tableño. Bailábamos al son de la murga y de la música típica.
A menos que algo grande sucediera, me instalaba en Las Tablas desde el viernes, así es que hacía de la fiesta un jolgorio de cinco días. El "cuartel de calle abajo", la reina frustrada, los disfraces del lunes de carnal, los culecos, las tunas y las majestades hermosamente ataviadas y llevando dignamente la corona.
En otra ocasión les he contado qué es la reina frustrada; pero como tengo nuevos lectores, lo haré nuevamente. Resulta que yo no fui reina del carnaval tableño porque en mi época no había reinados. Por lo tanto siempre he tenido el complejo de reina; saludo como tal y acepto cualquier reinado que me ofrezcan. Así que un día le dije a mi marido que inventaría un reinado y yo sería la primera reina. Dispuse que ese martes de carnaval, pasados los culecos, se me coronaría en una ceremonia frente al cuartel de calle abajo con manto con flores y corona de cartulina. Pocas veces me he divertido tanto y fui reina por un rato y hasta el año siguiente. Desde entonces, todos los años, por más de 25, se corona la reina frustrada en calle abajo y siempre es alguien que nunca fue reina. Ahora la coronación se hace los lunes.
Es una costumbre bonita y sólo la tenemos en calle abajo. Todo esto, unido a las majestades y las tunas, hacían del carnaval tableño una fiesta nacional. El "cuartel de calle abajo" es una casa frente al parque que ahora alquilamos; al principio era prestado y en él tenemos nuestra propia diversión. ¿La cuota? Una botella de licor. Había un letrero que decía: el que no po.. no to.. (el que no pone no toma).
Las tonadas eran hermosas en letra y música. Las de ahora no se pueden ni alcanzar al ritmo por lo rápido que van y, por lo tanto, no se entiende la letra.
En Panamá, salían los carros alegóricos con comparsas que iban detrás de los carros con la gente bailando y gozando sanamente. Ahora ponen una tarima con una mala orquesta, la gente parada enfrente escuchando la música y ni siquiera bailan. Al finalizar, la gente se va a su casa y se acabó la noche de carnaval. ¿Hay de veras participación de la gente en el carnaval o sólo son observadores? No hay toldos donde la gente baile como Dios manda y la reina no visita los lugares donde se hacen bailes que de populares no tienen nada.
¿Cuál es pues, el papel de la reina? Pasearse en un carro alegórico o ser la reina del pueblo, de todos los panameños? ¿Va la reina al parque de Santa Ana a distraer a la gente que allí se reúne? ¿Dónde están los carros llenos de empolleradas desfilando el domingo de carnaval? Nadie quiere vestir el traje típico por miedo a que le roben sus joyas. No estoy criticando; sólo preguntando y diciendo lo que fue antes y que nos gustaría que volviera.
Priva la música foránea y de vez en cuando toca un conjunto nacional. Aquellas cumbias tan lindas ya no se escuchan. Las murgas van desapareciendo para dar paso al regué, lo más feo (a mi parecer) que se ha escrito como música.
Como vemos, mejor me ha parecido coger camino a la playa a recordar los tiempos pasados, saborear una copita de vino y hablar, como lo hace la gente de mi edad, sobre la gloria pasada.