Recuerdos del Centenario
Pasaron las fechas, pasaron las celebraciones, pasaron los desfiles militarizados, pasaron los fuegos artificiales, los uniformes vistosos y costosos, pasaron los “te veías bien”, los comentarios históricos, las hipótesis antiguas, las nuevas visiones de la historia, ya que la historia la han escrito los vencedores.
Decididamente algo que antes era para mí casi como una verdad de fe lo que todos los años se repite, sin embargo, gracias a Dios existen nuevos investigadores que no queriendo darle culto a nadie en particular sino a la verdad, se atreven a compartir sus sesudos estudios, con lo cual comenzamos a ver de otra manera más justa la génesis de nuestra nacionalidad, no pocas veces presentada con notorias lagunas.
En una agradable sobremesa, hace poco departiendo aquí en Panamá con un amigo colombiano de Cali, trabajador habilísimo, honesto, cristiano y cordial, me salió con que “Panamá es un país artificial”, “Que los gringos crearon a Panamá”, “Que Panamá sin los gringos no sería nada, sería como el Chocó”, y lo que más llamó la atención fue que una panameña, la anfitriona de la reunión, vinculada por matrimonio a un ciudadano norteamericano, lo apoyó, suscribió lo dicho y soltó otra serie de comentarios negativos contra su propia gente, nosotros, los panameños y panameñas, gesto que yo con todo respeto reconozco por lo menos muy poco elegante, hechos todos que constantemente se repiten en distintos círculos locales, puntos de vista que respeto pero que de ninguna manera tengo que aceptar, me han llevado a crear una nueva curiosidad por volver a escrutar quiénes somos, sobre todo, tras haber vivido en Estados Unidos, en Centroamérica y en Colombia.
Por otro lado, es usual que en nuestros debates sobre la historia de Panamá cuando rozan con la presencia, ausencia y poder que ha tenido el gobierno norteamericano en el desarrollo de la vida republicana ya no funciona el razonamiento objetivo, ni el patriotismo elemental sino que surge una actitud indefinible como una seudo nacionalidad norteamericana como si hubieras nacido en Wall Street, o en Omaha, Nebraska o Topeka, Kansas siendo así que viviste toda tu vida en Calle 14 Oeste, Santa Ana o en el Terraplén de Panamá, y surge una apologética “pro States” “pro domo tua” que, por el contrario, muchas veces uno ni percibe ni siente en muchas revistas serias norteamericanas, que descarnadamente reconocen sus errores que nosotros alabamos como aciertos. Con la impresión, entre nosotros, de que si opinas lo contrario ya te matriculas en posiciones izquierdistas o ultra nacionalistas de los que son calificados despectivamente como los que comen “bandera” y “dignidad” y de que nadie vive de “idealismos”, y que como dijo aquel señor mayor que para él la Patria era “su bolsillo” y se lo golpeaba enardecido, y su bolsillo depende del dólar.
En el pasado escuché que teníamos un patriotismo bastante débil en el sentido de que ignorábamos nuestra historia, nuestra geografía, y desconocíamos el origen de muchos de nuestros símbolos y valores nacionales y hechos relevantes fuera de los deportivos e hípicos, de nuestra gente, y tartamudeábamos cuando los extraños nos interrogaban sobre nuestro país por no tener qué decir. Pero también he asistido a una mayor concienciación de todos estos hechos, sobre todo últimamente y en su medida son de alabar programas que fomenten aprecio a lo nuestro, sin meternos a calificar su calidad y el gobierno literario del que hagan uso.
En estas fechas del centenario y en esta línea patriótica fuera de toda la parafernalia y fanfarria típicas y explicables para esta conmemoración de desfiles, fuegos artificiales, cantantes y tarimas con todo lo conflictual del asunto, para mí y lógicamente, la Eucaristía programada del 3 de noviembre a las 8 de la mañana simultaneada con todas expresiones culturales ecuménicas y culminada con el canto de la letra del Himno Nacional por la abigarrada concurrencia de gente madura y no ya estudiantes sino de personas mayores de ambos sexos, viejitos y viejitas, en una fusión de razas y etnias, con devoción patriótica, como en una sola voz fue el mejor recuerdo del Centenario, ya que nunca oír el himno tan profundamente y sinceramente entonado y cantado como para grabarse en un CD para la posteridad.
Además de esto cifro en dos escritos la ganancia del Centenario, el Editorial del Semanario El Espectador, y el libro “Homenaje pro Panamae et mundi beneficio” de la Sociedad Amigos de Panamá, donde ocho escritores panameños en un opúsculo que ya está la venta a un módico precio, reflexionan “a fin de despertar al panameño al orgullo y grave responsabilidad de ser y sentirse panameño... Basta ya - continúa el presentador, el maestro Fermín Azcárate Crespo - de ofensas y calumnias contra la Patria panameña” (pág. V), que según él se han originado en nuestra vecina del Sur cuyos voceros han presentado una historia que la hemos repetido y se nos ha enseñado en Panamá y que, afortunadamente, no es la exacta y ya es hora que nosotros digamos nuestra parte que es lo que dice el editorial (Oscar Alarcón Núñez) del Espectador: “Panamá fue siempre de Panamá...” Y más adelante añade “Panamá no era de Colombia, como tampoco lo fueron Venezuela o lo que hoy es Ecuador...” (El Espectador, 12-XI-03).
El proceso electoral que Marco Robles presidió fue el peor que había vivido el país desde 1948. La parcialización política sectaria dividió al oficialismo llevando a adversarios acérrimos del Dr. Arnulfo Arias a apoyarlo. Y provocó al Partido Demócrata Cristiano, comprometido a sanear los procesos electorales como medio indispensable para consolidar una democracia auténtica, a iniciarle un juicio ante la Asamblea con incuestionables evidencias de su abuso de los recursos del Estado con fines partidarios.
Como resultado de su juicio fue debidamente depuesto de su cargo. Su recurso al juez municipal Toribio Ceballos y el acatamiento de la decisión de dicho juez por la alta oficialidad de la Guardia, condujeron a que un destacamento de la Guardia al mando del teniente coronel Omar Torrijos cerrara la Asamblea donde se encontraban sesionando los legisladores y estaba presente el vicepresidente Eric Del Valle, ya juramentado como presidente y su recién nombrado Gabinete. Estos hechos demostraron hasta qué punto se habían vuelto irreconciliables los dos componentes del Estado Nacional, el aparato estatal cada vez más subordinado a la Guardia Nacional y las fuerzas sociales supeditadas políticamente al caudillismo carismático de Arnulfo Arias.
En semejante fragmentación de los factores integrantes del Estado Nacional el sentimiento de identidad, o sea el nacionalismo no pudo jugar su papel de fuerza unitiva y motora.
Al abandonar el país antes de la toma de posesión de Arnulfo Arias, Robles hizo dejación de su papel en la historia republicana y anticipó el Golpe que vendría en pocos días.
(ariyan@sinfo.net)
Decididamente algo que antes era para mí casi como una verdad de fe lo que todos los años se repite, sin embargo, gracias a Dios existen nuevos investigadores que no queriendo darle culto a nadie en particular sino a la verdad, se atreven a compartir sus sesudos estudios, con lo cual comenzamos a ver de otra manera más justa la génesis de nuestra nacionalidad, no pocas veces presentada con notorias lagunas.
En una agradable sobremesa, hace poco departiendo aquí en Panamá con un amigo colombiano de Cali, trabajador habilísimo, honesto, cristiano y cordial, me salió con que “Panamá es un país artificial”, “Que los gringos crearon a Panamá”, “Que Panamá sin los gringos no sería nada, sería como el Chocó”, y lo que más llamó la atención fue que una panameña, la anfitriona de la reunión, vinculada por matrimonio a un ciudadano norteamericano, lo apoyó, suscribió lo dicho y soltó otra serie de comentarios negativos contra su propia gente, nosotros, los panameños y panameñas, gesto que yo con todo respeto reconozco por lo menos muy poco elegante, hechos todos que constantemente se repiten en distintos círculos locales, puntos de vista que respeto pero que de ninguna manera tengo que aceptar, me han llevado a crear una nueva curiosidad por volver a escrutar quiénes somos, sobre todo, tras haber vivido en Estados Unidos, en Centroamérica y en Colombia.
Por otro lado, es usual que en nuestros debates sobre la historia de Panamá cuando rozan con la presencia, ausencia y poder que ha tenido el gobierno norteamericano en el desarrollo de la vida republicana ya no funciona el razonamiento objetivo, ni el patriotismo elemental sino que surge una actitud indefinible como una seudo nacionalidad norteamericana como si hubieras nacido en Wall Street, o en Omaha, Nebraska o Topeka, Kansas siendo así que viviste toda tu vida en Calle 14 Oeste, Santa Ana o en el Terraplén de Panamá, y surge una apologética “pro States” “pro domo tua” que, por el contrario, muchas veces uno ni percibe ni siente en muchas revistas serias norteamericanas, que descarnadamente reconocen sus errores que nosotros alabamos como aciertos. Con la impresión, entre nosotros, de que si opinas lo contrario ya te matriculas en posiciones izquierdistas o ultra nacionalistas de los que son calificados despectivamente como los que comen “bandera” y “dignidad” y de que nadie vive de “idealismos”, y que como dijo aquel señor mayor que para él la Patria era “su bolsillo” y se lo golpeaba enardecido, y su bolsillo depende del dólar.
En el pasado escuché que teníamos un patriotismo bastante débil en el sentido de que ignorábamos nuestra historia, nuestra geografía, y desconocíamos el origen de muchos de nuestros símbolos y valores nacionales y hechos relevantes fuera de los deportivos e hípicos, de nuestra gente, y tartamudeábamos cuando los extraños nos interrogaban sobre nuestro país por no tener qué decir. Pero también he asistido a una mayor concienciación de todos estos hechos, sobre todo últimamente y en su medida son de alabar programas que fomenten aprecio a lo nuestro, sin meternos a calificar su calidad y el gobierno literario del que hagan uso.
En estas fechas del centenario y en esta línea patriótica fuera de toda la parafernalia y fanfarria típicas y explicables para esta conmemoración de desfiles, fuegos artificiales, cantantes y tarimas con todo lo conflictual del asunto, para mí y lógicamente, la Eucaristía programada del 3 de noviembre a las 8 de la mañana simultaneada con todas expresiones culturales ecuménicas y culminada con el canto de la letra del Himno Nacional por la abigarrada concurrencia de gente madura y no ya estudiantes sino de personas mayores de ambos sexos, viejitos y viejitas, en una fusión de razas y etnias, con devoción patriótica, como en una sola voz fue el mejor recuerdo del Centenario, ya que nunca oír el himno tan profundamente y sinceramente entonado y cantado como para grabarse en un CD para la posteridad.
Además de esto cifro en dos escritos la ganancia del Centenario, el Editorial del Semanario El Espectador, y el libro “Homenaje pro Panamae et mundi beneficio” de la Sociedad Amigos de Panamá, donde ocho escritores panameños en un opúsculo que ya está la venta a un módico precio, reflexionan “a fin de despertar al panameño al orgullo y grave responsabilidad de ser y sentirse panameño... Basta ya - continúa el presentador, el maestro Fermín Azcárate Crespo - de ofensas y calumnias contra la Patria panameña” (pág. V), que según él se han originado en nuestra vecina del Sur cuyos voceros han presentado una historia que la hemos repetido y se nos ha enseñado en Panamá y que, afortunadamente, no es la exacta y ya es hora que nosotros digamos nuestra parte que es lo que dice el editorial (Oscar Alarcón Núñez) del Espectador: “Panamá fue siempre de Panamá...” Y más adelante añade “Panamá no era de Colombia, como tampoco lo fueron Venezuela o lo que hoy es Ecuador...” (El Espectador, 12-XI-03).
El proceso electoral que Marco Robles presidió fue el peor que había vivido el país desde 1948. La parcialización política sectaria dividió al oficialismo llevando a adversarios acérrimos del Dr. Arnulfo Arias a apoyarlo. Y provocó al Partido Demócrata Cristiano, comprometido a sanear los procesos electorales como medio indispensable para consolidar una democracia auténtica, a iniciarle un juicio ante la Asamblea con incuestionables evidencias de su abuso de los recursos del Estado con fines partidarios.
Como resultado de su juicio fue debidamente depuesto de su cargo. Su recurso al juez municipal Toribio Ceballos y el acatamiento de la decisión de dicho juez por la alta oficialidad de la Guardia, condujeron a que un destacamento de la Guardia al mando del teniente coronel Omar Torrijos cerrara la Asamblea donde se encontraban sesionando los legisladores y estaba presente el vicepresidente Eric Del Valle, ya juramentado como presidente y su recién nombrado Gabinete. Estos hechos demostraron hasta qué punto se habían vuelto irreconciliables los dos componentes del Estado Nacional, el aparato estatal cada vez más subordinado a la Guardia Nacional y las fuerzas sociales supeditadas políticamente al caudillismo carismático de Arnulfo Arias.
En semejante fragmentación de los factores integrantes del Estado Nacional el sentimiento de identidad, o sea el nacionalismo no pudo jugar su papel de fuerza unitiva y motora.
Al abandonar el país antes de la toma de posesión de Arnulfo Arias, Robles hizo dejación de su papel en la historia republicana y anticipó el Golpe que vendría en pocos días.
(ariyan@sinfo.net)