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Recursos de la narcoguerrilla


Ciento cuarenta y siete miembros del Ejército colombiano, de las tropas especiales, mientras realizaban sus tareas específicas en la selvática zona del Caguán, donde proliferan narcotraficantes y guerrilleros, el rato menos pensado localizaron 14 millones de dólares que estaban estratégicamente ocultos en una cueva y que pertenecían a las autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
El caso es que esta abultada suma no fue a manos de las pertinentes autoridades, como determinaba el procedimiento a ser aplicado en estos casos, sino que, los uniformados en referencia, ante la tentación del dinero fácil, simple y llanamente se apropiaron y repartieron. Como si se tratara de un botín, empezaron a gastarlo con ostentación y derroche, lo que sirvió para que se descubra la bochornosa conducta. La justicia ha tomado ya cartas en el asunto y seguramente aplicará las correspondientes sanciones a quienes participaron en este hecho indigno para militares de honor.
Frente a lo acontecido, cabe la pregunta, ¿cuánto de dinero manejarán las FARC, si en un solo sitio se encontró lo indicado?
Se calcula esos recursos en aproximadamente dos mil millones de dólares, producto de secuestros, extorsiones, asaltos y más actos de esa índole, sobre todo de la más ruin de las industrias, el narcotráfico.
Al proteger por la vía armada las plantaciones y los laboratorios ilícitos, a igual que otros intereses de los mafiosos, los rebeldes cobran ingentes cantidades de dinero sucio. Además, estos facciosos directamente participan en el proceso de elaboración y expendio de narcóticos, por eso el ex presidente de Colombia y actual secretario general de la Organización de Estados Americanos, César Gaviria, catalogó al grupo sedicioso en mención como el tercer cartel de las drogas, luego del primer y segundo lugar que, en su orden, tuvieron los de Cali y Medellín.
Es correcta la designación de narcoguerrilla que se ha dado a las FARC, por su íntima alianza con el narcotráfico, esa relación es algo así como la que une a los hermanos siameses.
Numerosos y representativos intelectuales colombianos, presididos por el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, ya en diciembre de 1993 y en carta abierta que se publicó en la prensa nacional e internacional, mediante un histórico manifiesto expresaron que esa insurrección cayó en los peores excesos criminales, generando, a su vez, más formas de violencia y delincuencia que constituyen violaciones abominables a los derechos humanos.
Por las atrocidades que perpetran, a las FARC se les considera terroristas. Los argumentos sobran para esta catalogación. En concreto, no desean la concordia para Colombia sino proseguir en el cumplimiento de sus execrables hechos, a los que se acostumbraron como forma de vida, en razón de que les proporciona caudalosos y turbios ingresos.
En la noche del 20 de febrero de 2002, el en ese entonces primer mandatario Andrés Pastrana, al proceder a la ruptura del mal llamado proceso de paz públicamente denunció que Tirofijo y sus compinches le habían asaltado en su buena fe, por cuanto creyó en la palabra de los bandoleros a los que incluso proporcionó más de 40 mil kilómetros cuadrados de territorio, que sirvieron únicamente para intensificar las protervas actividades de la narcosubversión.
El diálogo con malandrines no conduce a ningún lado : "Los colombianos hemos ofrecido la mano abierta y las FARC nos han respondido con una bofetada. Nuestro país no soporta más expectativas, más incertidumbres, más frustraciones", añadió Pastrana en la memorable oportunidad.
El poderío económico alcanzado por la narcoguerrilla es fuerte, producto de las nocivas y puntualizadas actividades, lo que le posibilita mantenerse por décadas en la incalificable virulencia que dan origen y que constituye colosal riesgo no solamente para Colombia, en razón de que el narcotráfico y el terrorismo sobrepasan fronteras y soberanías.
No debe tardar la mutua colaboración de los gobiernos para que se enfrente con seriedad y fortaleza a uno de los mayores peligros que asechan al hemisferio. Se debe tener muy en claro que se trata de un enorme peligro que no es de responsabilidad exclusiva de la nación colombiana. De lo contrario, quedaría en nada la solidaridad de los pueblos ante las mortíferas amenazas a su bienestar y futuro.

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