Recursos y transporte
Por culpa del pésimo sistema de transporte público, se hace más difícil circular por la capital. Cada año entran unos 40 mil autos nuevos al mercado panameño, lo que significa, linealmente, unos 180 kilómetros de autos, pero no se construyen esos 180 kilómetros nuevos de calles cada año en la ciudad. Si le sumamos la insensata guerra que tienen las autoridades con lo que los norteamericanos llaman "carpooling" ("taxis piratas") -con lo que se fomenta el ineficiente uso del transporte motorizado-, tenemos una gigantesca maquinaria para tragar combustible, que es el principal componente de nuestra factura petrolera.
La tragedia del autobús en la vía Martín Sossa le brindó al Gobierno una oportunidad única para arreglar el sistema pero, como en muchos otros casos, la dejó pasar. Sabemos de estudios de la época que favorecían un sistema de autobuses articulados para reemplazar a los "Diablos Rojos", pero Panamá no puede seguir buscando soluciones del siglo XX para los problemas del siglo XXI.
Junto a un plan de generación eléctrica por la fuerza hídrica de los ríos represados, se debe evaluar aquella que se genera de la fuerza de las mareas y la explotación de reservas de gas natural ubicada en Darién. Esta forma de generación más limpia y económica que la de los hidrocarburos, debe ser también la energía que mueva un sistema de transporte público para el Panamá de hoy. Un sistema de trenes ligeros que recorran desde La Chorrera hasta Chepo y desde Ancón a Colón, deben ser complementados con vehículos "alimentadores" con motores eléctricos o híbridos y áreas públicas de estacionamientos en terminales de transporte estratégicamente ubicadas, para movilizar a la ciudadanía de manera eficiente y responsable con el ambiente.
La solución para el transporte y el azote petrolero no está en China, ni en Bogotá o en Curitiba, sino en nuestras manos y en nuestros ríos, mares y selva.