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Redefinir "Oposición"


A CASI SIETE meses de los resultados del pasado 2 de mayo, las dirigencias de los sectores que concurrieron a la lucha electoral frente al perredismo no han hecho (al menos, no públicamente) un balance serio de sus acciones ni un análisis profundo de las causas reales detrás del resultado que reinstauró en el poder a un partido político que, hace más o menos dos años atrás, parecía electoralmente liquidado.
Ese ejercicio autoreflexivo debería llevar a la enorme masa de votantes "No-PRD" (la mayoría combinada del electorado votante actual) a reexaminar su naturaleza y a redefinir su accionar, ante una realidad nueva, distinta, que sólo los políticos más arrogantes, obcecados y mediocres no quieren reconocer como tal. Este proceso parte por establecer qué somos, ante esta nueva circunstancia. No puede circunscribirse solamente a "no ser PRD" o a la honrosa pero caduca etiqueta de "civilista" o de "antimilitarista", hoy tristemente vaciadas de sentido por diversas razones (comenzando por la auto-descalificación inmoral de muchos que anteriormente se decían "civilistas" y que traicionaron sus principios y su propia trayectoria, al participar en las infamias de ese triste gobierno de pesadilla que recién expiró).
Por eso, muchos como yo creemos firmemente que debe darse un vuelco radical a lo que ha sido el liderazgo político tradicional de los partidos de la actual oposición. La era de los ungidos, de los liderazgos prefabricados y del poder omnímodo del billete y de los apellidos, quedó atrás, aunque les cueste entenderlo. Para tal recomposición, es indispensable que se conforme un liderazgo claro y con real poder de convocatoria ciudadana, que actúe con autoridad para conducir la edificación de una nueva alternativa para los demócratas honestos de este país, hoy disgregados en una realidad post-electoral multicéfala, desorientada, indefinida y desmoralizada.
Como demostraron las últimas elecciones, la miopía de algunas nóminas democráticas alternativas y la severa limitación de sus propuestas le quitaron buena parte de su propio espacio electoral tradicional. El 2 de mayo demostró que la actual oposición no fue capaz de vertebrar un verdadero modelo alternativo de desarrollo ni de convencer con propuestas creíbles (más allá de apelar a la lucha anticorrupción o a la necesidad de una asamblea constituyente) respecto a temas graves que afectan directamente al día a día del elector común: su derecho al trabajo, a la salud, a la alimentación, a la seguridad pública, a un futuro mejor, real y creíble.
El politólogo sudamericano Sadio Garavini di Turno, en un escrito reciente denominado "Reflexiones para la oposición", apunta que, en muchos casos, la oposición política ha sido víctima de un deterioro mental auto-infringido y de un severo desgaste de figuras, fruto de su propia fatiga moral, lo cual fuerza a la búsqueda de nuevos líderes. Dice este autor que, para salir del hiato, la oposición política moderna tiene que "... trabajar en desarrollar su capacidad simbólica, para reconectarse con vastos sectores populares. Los líderes no se inventan, surgen... de la reagrupación y fortalecimiento de los propios partidos..." o sea, de su propia catarsis, un proceso siempre traumático pero inevitable.
Por eso, creemos que una de las primeras condiciones para esta refundación democrática en Panamá es archivar a los caciques y a sus prácticas de politiquería provinciana (plata, guaro, demagogia) y de las viejas malas mañas oligárquicas (componendas de antecámara, conciliábulos antidemocráticos entre poderosos y pseudo-aristócratas a espaldas de las mayorías) y de otras prácticas igualmente desfasadas y fuera de tiempo. Hay un potencial enorme en la juventud, en la clase media, en las organizaciones de la sociedad civil, en el empresariado pequeño y mediano (en los que pagan impuestos y no hacen trampa). Esa es la cantera de adonde debe provenir ese liderazgo nuevo, limpio, sin "rabos de paja" ni "tejados de vidrio", entusiasta y realmente comprometido con la edificación de una nueva y sólida mayoría.
Otra pre condición es negarse a defender oficiosamente a los maleantes, aunque sean copartidarios. Siendo coherentes con lo que siempre hemos planteado y exigido, desde los tiempos de la dictadura: el combate radical a la corrupción y el castigo justo a todos los corruptos, usando las herramientas de la legalidad. Sobre esto, sí es posible un consenso nacional amplio, para sanar las heridas y curar (entre todos) esta enfermedad odiosa que carcome la vida nacional.
Esta nueva mayoría debe partir de una propuesta ideológica, que debe ser definida por todos y consensuada a lo largo de este proceso de redefinición de sentido. La oposición debe contar con una visión clara, inteligente e integral de futuro para sí misma y para la Nación toda. Debe trabajar bajo una actitud permanentemente positiva, para lo cual debe contar hasta con su propio "Gabinete Fantasma" y su propio juego de propuestas para cada tema perentorio de la vida nacional (la remilitarización de la Policía, la ampliación del Canal, las alternativas para la CSS, los procesos contra la corrupción en el gobierno anterior, la lucha por una Constituyente). Necesitamos un liderazgo nuevo y visionario, que no se limite al tradicional y oportunista rol meramente reactivo, que busca explotar los errores o vicios del gobierno incumbente, sin aportar a la solución de nuestras taras y nuestras lacras. Sólo haciendo política moderna e inteligente y actuando con verdadera honestidad y verticalidad, podremos vertebrar una alternativa mejor a este gobierno escamado que ya saca las uñas, por el cual no votamos la mayoría absoluta de los panameños.
(luis.wong@lycosmail.com)

101 años de Panamá América

 
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