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Redes de protección social


Cuando alguien, esgrimiendo premisas baladíes, se atreve a cuestionar el enorme esfuerzo que realiza la actual administración paran implementar el Proyecto de Apoyo a las Redes de Protección Social, que consiste en proveer de una cantidad de dinero a cada familia en situación de miseria y pobreza extrema a cambio del compromiso de que manden a sus niños a las escuelas y les atiendan integralmente en el área sanitaria, sólo tengo que recordar las palabras emitidas por un cacique guaymí ante el General Torrijos en 1973, “Hambre quiere hoy, hambre no quiere mañana”, que hoy son más vigentes que nunca para entender que estamos en el camino justo.

Si bien es cierto que es mejor enseñarle a pescar a una persona que regalarle un pescado, como reza el viejo refrán; nos olvidamos que esta gente no tiene vara, ni carnada, ni lago lleno de cardumen para poder hacerlo en el momento actual. 

No cabe duda que la educación y la formación técnica y profesional son las lámparas modernas de Aladino que pueden transformar a un paria en una persona que llene el sentido de su vida plenamente, pero mientras se prepara para estar en esa potencialidad, el Estado debe protegerlo y atender, de manera que satisfaga, sus necesidades vitales. No puede ser justo que mientras unos pocos se están enfermando de congestión en este país, muchos de los que constituyen el 40% de nuestra población se sigan muriendo por desnutrición, diarreas por falta de agua potable y bronconeumonías por déficit en la atención médica.

No es con caravanas, ferias de la salud o teletones con los que se atiende de manera responsable las infinitas necesidades de la población en el área de la salud, sino con reformular y volver a implementar los programas de salud que hace 39 años nacieron con la propuesta de José Renán Esquivel.

No es suficiente para disminuir la cantidad de pobres en Panamá, que nos quedemos en el gesto solidario y plausible de dotarles de una mínima entrada monetaria y atención educativa y sanitaria, por parte de dos sistemas que sabemos no están en capacidad real de hacerlo, sino también se hace impostergable que se legisle para que el salario mínimo nacional no sea sinónimo de nivel de pobreza y que se eliminen los contratos por unos cuantos meses, sin derecho a nada en los diferentes sectores de la vida comercial y que se regule con efectividad, la voracidad de las empresas privadas de trascendencia personal y pública, pues este pueblo cada día, pierde su capacidad económica para mantener el nivel de su calidad de vida, sin que alguien haga algo real por defenderlo, con la excepción de las promesas electorales que se hacen cada cinco años.

101 años de Panamá América

 
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