Redescubriendo a Divalá
Desde Chiriquí, el grito del corresponsal fue dramático: "Señora Presidenta, sus encuestas de carne y hueso se le están muriendo de hambre...". A renglón seguido, el radioperiodista dio cuenta de algunas muertes por inanición, o sea por hambre, de niños del distrito chiricano de Divalá. La angustiosa alarma de "Toti" Urriola, tuvo la virtud de movilizar a las agencias del Estado que, con cacerolas y cucharones en ristre, acudieron a mitigar el hambre de aquellos infelices panameños. Divalá, pues, ocupó las primeras planas de los periódicos compitiendo con el crimen y al escándalo de cada día.
Luego de la "llamará e" capullo", como le dicen los del interior a los alborotos pasajeros, las aguas han vuelto a su nivel, lo que equivale decir que el hambre sigue reinando en nuestros campos, y no sólo entre los indígenas. Esto sí: el hambre como asunto temático, hoy por hoy le compite en moda a la devastación ambiental, al Fondo Fiduciario y hasta al asunto de la corrupción.
Recientemente tomé la cola de un encuentro que sobre "Desarrollo Humano sostenible", organizó en buen momento el PNUD (sistema de la Naciones Unidas), conjuntamente con la Asamblea Legislativa. Loable iniciativa sin dudas, aunque sincera y descarnadamente me atrevo a asegurar que los indios de Divalá, Veraguas o Bocas del Toro, poco y nada recibirán en beneficio de la montaña de cifras y diagnósticos vertidas en este y otros tantos eventos similares. Porque repito, hablar del hambre de los demás está de moda.
No obstante me llamó la atención las palabras de la legisladora Teresita de Arias (FUNDAMUJER): "EL 48.9 % de las familias panameñas no alcanzan los B/100.00 mensuales... medio millón de niñas y niños sobreviven en estado de pobreza y pobreza extrema...el 72% de las niñas y niños panameños nacen fuera de una unión estable...150,000 niños y niñas, es decir casi el 13% de los menores de 18 años no han sido reconocidos por sus respectivos padres...". Me hizo recordar (al menos, estos encuentros nos sirven para renovar nuestro compromiso social y de allí poder contarles estas cosas) que "en las áreas rurales, incluidas la indígenas, la incidencia de la pobreza es de 65 por cada 100 personas, observándose que en la población rural no indígena la pobreza alcanza cerca de 59 personas de cada 100 y que la pobreza es alarmante en las zona indígenas ("abismal", dice el BM), donde cerca de 95 personas de cada 100, viven en condición de pobreza. Es decir, aquellas personas cuyo gasto total anual se encuentra por debajo de los 519 balboas al año" ("El Problema Agrario en Panamá", Informe de APEMEP; abril, 2001). Para curarme en salud, acudo a la transparencia del PNUD que nos relata en forma casi anecdótica que "... el Centro Bancario Internacional mueve en un año activos cercanos a 38 mil millones de dólares...". (Informe Nacional sobre Desarrollo Humano -2002-).
Sigue el Informe del PNUD: "...A partir del Censo de 2000 y basada en la Línea de Pobreza oficial, se observa que la pobreza de ingreso en Panamá alcanza un 40.5 %, que se divide en 14% de pobreza en general y un 26, 5% de pobreza extrema; es decir, que la pobreza extrema es mayor que la pobreza general, según estas estimaciones" (sic).
Pero existe otro dato quizás más aterrador: La desigualdad en la distribución de la riqueza nacional se descarga sobre la masa juvenil de menos de 20 años. No es casual entonces los graves índices de delincuencia entre este sector, incluyendo el embarazo precoz (20% de la población). Panamá, es la provincia que acusa mayores índices de pobreza. Los cinturones de marginalidad en Panamá-Oeste, Arraiján-La Chorrera; Chilibre, Tocumen, "24 de diciembre", son ya áreas explosivas en espera de algún detonante. En tanto, la llamada "clase política-empresaria" continúa "alegre y confiada " jugando a la politiquería, haciendo valer la sentencia del PNUD que "...los panameños y panameñas parecemos no tener una clara conciencia sobre los aspectos humanos de la pobreza, ni hemos despertado una sensibilidad suficiente respecto a las implicaciones de la pobreza para el desarrollo nacional". Y yo agregaría, para la seguridad de todos, incluyendo la de los ricos.
No ha de sorprender, que en cualquier momento, otro grito desgarrador nos despierte anunciando otras muertes o violencias por hambre, ya desde Divalá, o cualquier otro punto, esta vez desde el corazón capitalino, siempre "alegre y confiado".
(adagal43@hotmail.com)
Una vez aclarada esta pequeña confusión esperamos que todos los servidores públicos, sin distinción de ninguna clase sientan la importancia de coadyuvar en la ejecución y desarrollo de la Ley No. 9 de 1994 y sus respectivos reglamentos, que en realidad busca alcanzar la excelencia en la prestación de los servicios públicos y dar el sitial de honor que se merecen los Servidores Públicos como funcionarios al servicio del Estado.
Luego de la "llamará e" capullo", como le dicen los del interior a los alborotos pasajeros, las aguas han vuelto a su nivel, lo que equivale decir que el hambre sigue reinando en nuestros campos, y no sólo entre los indígenas. Esto sí: el hambre como asunto temático, hoy por hoy le compite en moda a la devastación ambiental, al Fondo Fiduciario y hasta al asunto de la corrupción.
Recientemente tomé la cola de un encuentro que sobre "Desarrollo Humano sostenible", organizó en buen momento el PNUD (sistema de la Naciones Unidas), conjuntamente con la Asamblea Legislativa. Loable iniciativa sin dudas, aunque sincera y descarnadamente me atrevo a asegurar que los indios de Divalá, Veraguas o Bocas del Toro, poco y nada recibirán en beneficio de la montaña de cifras y diagnósticos vertidas en este y otros tantos eventos similares. Porque repito, hablar del hambre de los demás está de moda.
No obstante me llamó la atención las palabras de la legisladora Teresita de Arias (FUNDAMUJER): "EL 48.9 % de las familias panameñas no alcanzan los B/100.00 mensuales... medio millón de niñas y niños sobreviven en estado de pobreza y pobreza extrema...el 72% de las niñas y niños panameños nacen fuera de una unión estable...150,000 niños y niñas, es decir casi el 13% de los menores de 18 años no han sido reconocidos por sus respectivos padres...". Me hizo recordar (al menos, estos encuentros nos sirven para renovar nuestro compromiso social y de allí poder contarles estas cosas) que "en las áreas rurales, incluidas la indígenas, la incidencia de la pobreza es de 65 por cada 100 personas, observándose que en la población rural no indígena la pobreza alcanza cerca de 59 personas de cada 100 y que la pobreza es alarmante en las zona indígenas ("abismal", dice el BM), donde cerca de 95 personas de cada 100, viven en condición de pobreza. Es decir, aquellas personas cuyo gasto total anual se encuentra por debajo de los 519 balboas al año" ("El Problema Agrario en Panamá", Informe de APEMEP; abril, 2001). Para curarme en salud, acudo a la transparencia del PNUD que nos relata en forma casi anecdótica que "... el Centro Bancario Internacional mueve en un año activos cercanos a 38 mil millones de dólares...". (Informe Nacional sobre Desarrollo Humano -2002-).
Sigue el Informe del PNUD: "...A partir del Censo de 2000 y basada en la Línea de Pobreza oficial, se observa que la pobreza de ingreso en Panamá alcanza un 40.5 %, que se divide en 14% de pobreza en general y un 26, 5% de pobreza extrema; es decir, que la pobreza extrema es mayor que la pobreza general, según estas estimaciones" (sic).
Pero existe otro dato quizás más aterrador: La desigualdad en la distribución de la riqueza nacional se descarga sobre la masa juvenil de menos de 20 años. No es casual entonces los graves índices de delincuencia entre este sector, incluyendo el embarazo precoz (20% de la población). Panamá, es la provincia que acusa mayores índices de pobreza. Los cinturones de marginalidad en Panamá-Oeste, Arraiján-La Chorrera; Chilibre, Tocumen, "24 de diciembre", son ya áreas explosivas en espera de algún detonante. En tanto, la llamada "clase política-empresaria" continúa "alegre y confiada " jugando a la politiquería, haciendo valer la sentencia del PNUD que "...los panameños y panameñas parecemos no tener una clara conciencia sobre los aspectos humanos de la pobreza, ni hemos despertado una sensibilidad suficiente respecto a las implicaciones de la pobreza para el desarrollo nacional". Y yo agregaría, para la seguridad de todos, incluyendo la de los ricos.
No ha de sorprender, que en cualquier momento, otro grito desgarrador nos despierte anunciando otras muertes o violencias por hambre, ya desde Divalá, o cualquier otro punto, esta vez desde el corazón capitalino, siempre "alegre y confiado".
(adagal43@hotmail.com)
Una vez aclarada esta pequeña confusión esperamos que todos los servidores públicos, sin distinción de ninguna clase sientan la importancia de coadyuvar en la ejecución y desarrollo de la Ley No. 9 de 1994 y sus respectivos reglamentos, que en realidad busca alcanzar la excelencia en la prestación de los servicios públicos y dar el sitial de honor que se merecen los Servidores Públicos como funcionarios al servicio del Estado.