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Reelección


La reelección presidencial inmediata está explícitamente prohibida en el artículo 178 de nuestra Constitución Política. Esta norma es sabia y prudente. Sabia, porque aleja la tentación autoritaria de perpetuarse en el poder que ha afectado a tantos presidentes del continente y que produce en el camino la destrucción del sistema republicano de pesos y contrapesos, y por ende de la libertad. Es prudente, porque le permite a los estadistas que hayan servido bien a la Patria, volver a hacerlo desde el solio presidencial luego de haber adquirido, en el hiato de diez años, perspectiva y madurez sobre su primer período. A la vez, es prudente porque, al impedirla en los dos períodos inmediatos, disminuye la posibilidad de que el Palacio de las Garzas sea ocupado por una pareja de cómplices electoreros que se alternen en el poder a través de sendos procesos fraudulentos.
El sistema político de presidencialismo exacerbado que padecemos hace aún más peligroso para la vigencia de la democracia liberal que un presidente de la República busque la reelección inmediata. Si vemos lo que ha sucedido en otros países, en donde presidentes exitosos se han empecinado en un segundo y hasta tercer mandato consecutivo, notaremos que en casi todos los casos, los segundos períodos no han sido tan buenos como los primeros o, en la casi totalidad de los casos, tan desatinados, que el Presidente ha salido en desgracia de la casa de gobierno.
Si vemos el uso que se ha dado a la reelección presidencial en países como Venezuela comprenderemos más la importancia de esta prohibición constitucional. Los panameños somos capaces de darnos buenos gobernantes periódicamente y nuestro sistema es ya lo suficientemente robusto como para poder equivocarnos de vez en cuando sin que nos hundamos del todo -nuestra experiencia reciente es prueba de ello-, incluso hemos mostrado la sabiduría de no aceptar la reforma constitucional que permitiría la reelección inmediata.
Por todo lo anterior, Panamá avanza en la dirección correcta. Falta mucho por hacer, pero será más fácil con una democracia vigorosa que con una pantomima política.

101 años de Panamá América

 
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