Reelección, la experiencia dominicana
Como dijimos en ocasión previa, en la historia reciente de nuestro continente, el exmandatario dominicano Joaquín Balaguer es el decano de los reeleccionistas, habiendo ganado seis de las ocho elecciones en las que participó como candidato a presidente de su país desde 1966 hasta 1994.
Fue consejero del dictador militar Rafael Leonidas Trujillo, en la época en que la capital de su nación llevaba su nombre. Y en ese período se destacó tras bambalinas por ser un hábil político, de extraordinaria sobrevivencia. Tras la caída de la tiranía en 1961, se erigió en indiscutible sucesor del régimen triunfando en repetidos comicios, tras el derrocamiento del gobierno civilista de Juan Bosh en 1963.
En cierto sentido, guarda Balaguer ese elemento común con nuestro presidente Pérez Balladares. Ambos pusieron su talento al servicio de tiranías militares y ambos surgieron como jefes de gobierno tras elecciones libres celebradas luego del derrumbe de sus respectivas dictaduras.
Hay también otros paralelos. Cuando Panamá era agredida en 1964 por el ejército norteamericano, República Dominicana era invadida por el mismo ejército para sofocar una rebelión popular que pretendía restablecer en el poder a Bosh. Sin embargo la magnitud de esta acción bélica ejecutada por Estados Unidos, sólo es comparable a la invasión similar sufrida por Panamá en diciembre de 1989.
La constitución dominicana, quizás por la enorme influencia norteamericana tras la ocupación del país por el ejército de la última entre 1916 y 1924, preveía la reelección presidencial inmediata aunque con la agravante de ser sin límites. Así, mientras en Estados Unidos los presidentes pueden reelegirse por un término adicional seguido de cuatro años, en Dominicana ello podía hacerse cuantas veces quisiera y fuera elegido el mandatario.
De ese modo, Balaguer triunfó en forma consecutiva en los comicios de 1966, 1970 y 1974, para perder dos veces seguidas en 1978 (con Antonio Guzmán) y 1982 (con Salvador Jorge Blanco), para volver a ganar en nueva racha de tres al hilo, las elecciones de 1986, 1990 y 1994 aunque las últimas muy cuestionadas, las que motivaron un pacto nacional, bajo presión norteamericana, que condujo a la abreviación a dos años del último período presidencial de Balaguer y la prohibición de la reelección.
Una vez reformada la constitución, se verificaron nuevas elecciones en 1996 en la que Balaguer abrevió su periodo posibilitando el triunfo de
Leonel Fernández.
La experiencia dominicana enseña que la reelección conduce hacia gobiernos casi perpetuos. Por ironía, nosotros vamos hacia donde ellos vienen de regreso.
Fue consejero del dictador militar Rafael Leonidas Trujillo, en la época en que la capital de su nación llevaba su nombre. Y en ese período se destacó tras bambalinas por ser un hábil político, de extraordinaria sobrevivencia. Tras la caída de la tiranía en 1961, se erigió en indiscutible sucesor del régimen triunfando en repetidos comicios, tras el derrocamiento del gobierno civilista de Juan Bosh en 1963.
En cierto sentido, guarda Balaguer ese elemento común con nuestro presidente Pérez Balladares. Ambos pusieron su talento al servicio de tiranías militares y ambos surgieron como jefes de gobierno tras elecciones libres celebradas luego del derrumbe de sus respectivas dictaduras.
Hay también otros paralelos. Cuando Panamá era agredida en 1964 por el ejército norteamericano, República Dominicana era invadida por el mismo ejército para sofocar una rebelión popular que pretendía restablecer en el poder a Bosh. Sin embargo la magnitud de esta acción bélica ejecutada por Estados Unidos, sólo es comparable a la invasión similar sufrida por Panamá en diciembre de 1989.
La constitución dominicana, quizás por la enorme influencia norteamericana tras la ocupación del país por el ejército de la última entre 1916 y 1924, preveía la reelección presidencial inmediata aunque con la agravante de ser sin límites. Así, mientras en Estados Unidos los presidentes pueden reelegirse por un término adicional seguido de cuatro años, en Dominicana ello podía hacerse cuantas veces quisiera y fuera elegido el mandatario.
De ese modo, Balaguer triunfó en forma consecutiva en los comicios de 1966, 1970 y 1974, para perder dos veces seguidas en 1978 (con Antonio Guzmán) y 1982 (con Salvador Jorge Blanco), para volver a ganar en nueva racha de tres al hilo, las elecciones de 1986, 1990 y 1994 aunque las últimas muy cuestionadas, las que motivaron un pacto nacional, bajo presión norteamericana, que condujo a la abreviación a dos años del último período presidencial de Balaguer y la prohibición de la reelección.
Una vez reformada la constitución, se verificaron nuevas elecciones en 1996 en la que Balaguer abrevió su periodo posibilitando el triunfo de
Leonel Fernández.
La experiencia dominicana enseña que la reelección conduce hacia gobiernos casi perpetuos. Por ironía, nosotros vamos hacia donde ellos vienen de regreso.