Reelección y doble vuelta
Prematuramente, y pareciera que para desviar la atención de otros temas que son más relevantes, como, por ejemplo, las consecuencias políticas de los nombramientos de los magistrados de la Corte Suprema o la recientemente fallida venta de 760 millones de dólares de bonos en el mercado internacional de capitales, para procurarle liquidez al gobierno, ha vuelto al tapete la reelección presidencial inmediata, asociándola con las reformas electorales cuya discusión ha sido anunciada para comenzar en la segunda quincena de enero de 2010. Mezclarlas, salvo que existan propósitos ocultos o segundas intenciones, es absurdo.
Introducir el tema de la reelección presidencial, le hace un flaco favor a un gobierno, que apenas completa su primer semestre de gestión. La reelección presidencial inmediata requeriría de una reforma constitucional y para concretarla, siendo que ya no está disponible la vía de las dos asambleas distintas, aparte de un período previo “para venderla” a la ciudadanía, necesita, además, de la concurrencia de dos legislaturas diferentes y de un referendo; y tomaría cerca de los dos años. En tales circunstancias, es saludable que el presidente Martinelli, cuanto antes, corte “las piruetas prematuras” de algunos de sus allegados que vienen actuando de francotiradores.
Cuando el Tribunal Electoral nuevamente se apresta a reiniciar el proceso perverso de “manosear”, durante dos o más años, el Código Electoral, para que al final no se reforme ninguno de los aspectos verdaderamente fundamentales, tales como el financiamiento turbio de las campañas electorales o la apertura real del proceso electoral, un tema ha asumido el papel estelar: la doble vuelta para la elección presidencial.
Panamá es uno de los poquísimos, sino el único de los países del entorno latinoamericano, que no ha adoptado el sistema de la doble vuelta. La razón principal ha sido, y sigue siendo, que los partidos y el flamante Tribunal Electoral la han saboteado reiteradamente. Su establecimiento, lo saben, sentenciaría, fatalmente, los arreglos y componendas de las alianzas electorales y el consiguiente reparto del poder.
Durante la campaña electoral, el entonces candidato Martinelli, en repetidas ocasiones se declaró favorable a la doble vuelta. Y recientemente uno de sus voceros, el ministro de Comercio e Industrias, miembro de su partido Cambio Democrático, ratificó que esa sigue siendo la posición del ahora presidente. Así las cosas, ¿qué se requiere para que la intención se haga realidad? Contrario a lo que algunos afirman, no se necesita de una reforma constitucional. Basta con desarrollar mediante una ley el Artículo 177 de la Constitución. Esa norma dice que el presidente “será elegido por sufragio popular directo y por la mayoría de votos . . . ”. La ley sólo tendría que aclarar que “la mayoría” es la mitad más uno de los votos válidos y agregar, en desarrollo de la norma constitucional, función que corresponde a la ley, que, “si ninguno de los candidatos obtiene el 50%, más uno de los votos válidos, los dos candidatos más votados concurrirán a una segunda elección, que se realizará 30 días después de la primera”.
Para establecer la doble vuelta y que el presidente Martinelli cumpla su promesa electoral, no se necesitan inagotables debates, “dirigidos por el TE; sólo se requiere que el Órgano Ejecutivo proponga el proyecto de ley y con su mayoría en la Asamblea, lo convierta en Ley de la República. Y, para facilitar la tarea, como contribución personal, ya le envié al presidente, el respectivo anteproyecto.