Reflexión centenaria
La Patria está de fiesta. Celebramos cien años de República independiente y es el momento para que hagamos un alto en el camino todos los panameños y no nacionales que conviven en esta hermosa tierra, sin distingo de ninguna clase.
Todos debemos unirnos en un haz de voluntades, pues nuestra nación se lo merece.
Los actuales problemas del país se pueden resolver si el gobierno, la oposición, los trabajadores, los empresarios, los campesinos, los estudiantes, las amas de casa y los jubilados nos unimos para resolverlos. No con mentiras ni verdades a medias, no con críticas destructivas ni insultos, no con acusaciones sin pruebas ni con respuestas absurdas, no con el morbo ni con rumores especulativos, no con la diatriba ni con el desinterés o poco importa. Por el contrario, el gobierno debe ejercer el mandato constitucional dado por el pueblo cuando lo eligió; la oposición y los políticos deben ser garantes de que esto se cumpla con objetividad, críticas sanas y constructivas; los trabajadores públicos y privados debemos realizar nuestras labores con responsabilidad y eficiencia; el campesino debe producir la tierra con empeño y esperanza en el mañana; el estudiante debe prepararse para el presente y así enfrentar el futuro; las amas de casa deben continuar forjando en el hogar los valores morales y cívicos, y los jubilados ser vigilantes de todos sus logros y conquistas.
Si todos cumplimos con nuestra parte podemos cantar a los cuatro vientos: “Alcanzamos por fin la victoria, en el campo feliz de la unión”.
Desde una perspectiva realista, es preferible una juventud que proteste por las reivindicaciones que considera válidas en vez de estar robando; que opta por la organización frente a los problemas nacionales en vez de la drogadicción; que grita consignas -que es una expresión de los estudiantes durante estos cien años, en vez de tomar las armas como ha ocurrido en otros países. Es decir, que resulta más rentable a la nación un joven con conciencia, con una visión crítica de su realidad, que una juventud que -también por problemas sociales, se sumerja al vicio, en la indiferencia y en el “no me importa”.
En fin, en el tránsito de este centenario hacia otro necesitamos de nuestra juventud, la juventud panameña con elevado espíritu de la patria istmeña.
Todos debemos unirnos en un haz de voluntades, pues nuestra nación se lo merece.
Los actuales problemas del país se pueden resolver si el gobierno, la oposición, los trabajadores, los empresarios, los campesinos, los estudiantes, las amas de casa y los jubilados nos unimos para resolverlos. No con mentiras ni verdades a medias, no con críticas destructivas ni insultos, no con acusaciones sin pruebas ni con respuestas absurdas, no con el morbo ni con rumores especulativos, no con la diatriba ni con el desinterés o poco importa. Por el contrario, el gobierno debe ejercer el mandato constitucional dado por el pueblo cuando lo eligió; la oposición y los políticos deben ser garantes de que esto se cumpla con objetividad, críticas sanas y constructivas; los trabajadores públicos y privados debemos realizar nuestras labores con responsabilidad y eficiencia; el campesino debe producir la tierra con empeño y esperanza en el mañana; el estudiante debe prepararse para el presente y así enfrentar el futuro; las amas de casa deben continuar forjando en el hogar los valores morales y cívicos, y los jubilados ser vigilantes de todos sus logros y conquistas.
Si todos cumplimos con nuestra parte podemos cantar a los cuatro vientos: “Alcanzamos por fin la victoria, en el campo feliz de la unión”.
Desde una perspectiva realista, es preferible una juventud que proteste por las reivindicaciones que considera válidas en vez de estar robando; que opta por la organización frente a los problemas nacionales en vez de la drogadicción; que grita consignas -que es una expresión de los estudiantes durante estos cien años, en vez de tomar las armas como ha ocurrido en otros países. Es decir, que resulta más rentable a la nación un joven con conciencia, con una visión crítica de su realidad, que una juventud que -también por problemas sociales, se sumerja al vicio, en la indiferencia y en el “no me importa”.
En fin, en el tránsito de este centenario hacia otro necesitamos de nuestra juventud, la juventud panameña con elevado espíritu de la patria istmeña.