Reflexiones ante un editorial
En El Panamá América del 10 del presente mes en curso, aparece una visión extremadamente preocupante de la evolución del derecho internacional, -del cual sólo por la lectura nos percatamos se trata del área Derecho Internacional Público, y por ende, del sistema internacional en general, a partir de una posible conducta interna y externa, a observar en el futuro por la República de Panamá, a partir de la exposición oral ante la Cámara de Comercio, de la Jefa de Misión de los Estados Unidos, Linda Watt.
A partir de allí, se presentan conclusiones realmente aterradoras para la nación panameña, gracias a la simplificación de conceptos como: "orden internacional", sumado a la alteración de otros como "supranacional"; el trastornamiento de principios como el de la "soberanía de los estados" y el de la "autodeterminación de los pueblos", sin obviar el de la "no intervención" y con un enfoque totalmente informal del papel de la O.N.U., desde el punto de vista de su Carta constitutiva y sus acciones particulares, sin olvidar la utilización baladí de "interdependencia entre los Estados". Todo ello para respaldar actitudes fiscalizadoras y al límite de la intromisión.
En relación a la disertación de la Jefa de la Misión diplomática, no percibo en ello nada más allá, del ejercicio de sus funciones inscritas en el artículo 3 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, párrafo b: "proteger en el Estado receptor los intereses del Estado acreditante y los de sus nacionales, dentro de los límites permitidos por el derecho internacional".
Por ende al interrogarnos, ¿si hubo injerencia dentro de la exclusividad de la competencia de la República de Panamá? Es algo muy complejo de establecer, porque simplemente no actuó dentro de una inmediatez propia a una intromisión dentro de ningún proceso vigente de toma de decisión, ya que todo ello fue hábilmente presentado como un objetivo a materializar en el futuro, dentro de los intereses del Estado por ella representado y sus nacionales. Además, no ha expresado ninguna novedad sobre nuestra sociedad, la cual no sea ampliamente ventilada por todos los medios de comunicación, por lo tanto la garantía de la libertad de expresión, también abarca al personal del servicio exterior acreditado ante nuestro gobierno.
Pero de lo anterior a tratar como hace el medio local, obviando todo el rigor existente en la discusión sobre el papel actual y futuro del Estado dentro del sistema internacional, viola las normas más elementales de la teoría y de la práctica en las ciencias sociales en general.
Uno de los recuerdos más desagradables que tengo del período autoritario de M. A. Noriega y de otros quienes como él andan en un fárrago, era su incapacidad para comprender, cómo dentro de la actividad profesional y técnica del conocimiento, la teoría y la práctica son indisociables, es decir si la teoría no refleja la experiencia, pues es simplemente falsa.
Puedo comprender las numerosas dificultades para reflexionar sobre el sistema creado en los tratados de Westfalia de 1648, por ende dirimir, como bien lo expresa Raymond Aron, la rivalidad milenaria que opone "Estado-nación" al sistema actual, el cual desea ser más mundial o global. Pero olvidar a T. Hobbes, a M. Weber, en sus concepciones del Estado como la unidad base del sistema internacional, en aras de una simple contradicción entre "..viejo orden y nuevo orden surgido de la caída del muro de Berlín y del cese de la guerra fría.." (sic), es todo lo contrario del gran debate escolástico actual.
Todos los especialistas conocemos la existencia a partir del modelo del Estado, de una contradicción entre soberanía y poder, la cual es fuertemente heurística, por lo cual, aún se encuentra sobre el tapete; pero como se trata de un sistema internacional definido como democrático-representativo, no será hasta que se produzca un consenso, cuando el nuevo enfoque estará vigente.
La universalización del "Estado-nación" como eje del sistema internacional a través de la "Soberanía", el "Principio de la autodeterminación de los pueblos", más el "Principio de la no intervención", los cuales garantizan en nuestros días, la vigencia de la igualdad entre los Estados. Sin embargo, encontramos personas cuestionando dicha universalidad, a través de una estrecha visión de la sociología histórica; mediante énfasis en la existencia de diferencias tales como: étnicas, clanes, tribales, religiosas, culturales o minorías que se erigen como naciones, en el seno de cada uno de los nuevos Estados productos del desmembramiento colonial. Estableciendo luego un paralelo, con la homogeneidad institucional e identidades similares a lo interno de cada una de las naciones europeas, los Estados Unidos de América y Canadá, llegando a la conclusión que no existe una universalidad del Estado, por lo cual este último grupo debe actuar ante tales diferencias en el seno de tercer mundo, solo bajo la premisa del poder, el interés particular y la fuerza.
En nuestro mundo cotidiano de acuerdo a lo anterior, el Estado como actor aparece dentro del grupo de los países del tercer mundo, enfrentado a fuerzas internas incontroladas o movimientos transnacionales de origen religioso o culturales, por lo cual autores como W. Zartman nos menciona como "collapsed states"; o peligrosos para S. Huntington, en su "Choque de Civilizaciones"; Robert D. Kaplan en su obra, "La Anarquía que viene", afirman la necesidad de recurrir al empleo de la fuerza contra los estados del tercer mundo, como una obligación de seguridad, o moral tal y cual preconizan M. Bettati y B. Kouchner con su "deber de injerencia", desde 1987. Por ende ante tales afirmaciones, ¿quién puede olvidar el 20 de diciembre de 1989?
¿Qué hacer frente a este dilema entre neo-realistas y neo-liberales, sobre el papel del Estado en nuestros días?, debemos, como afirma el editorialista del medio antes mencionado, ¿tolerar todas las intromisiones en ara de una "interdependencia" mal enfocada? La respuesta es negativa. Más bien debemos comenzar a interrogarnos sobre los que nos proponen autores como R. Keohane y J. Nye, referente a un sistema internacional corregido o como lo propone J. Burton, en su "sociedad mundial" o analizar otras ideas.
Creo, en el cambio y la definición de un sistema internacional verdaderamente democrático y representativo, del cual aún queda mucho por discutir; porque potencias como los Estados Unidos de América, optan por una conducta unilateral en el plano de sus intereses nacionales, provocando pugnas con los del resto de las naciones miembros del sistema internacional. Los acontecimientos en Irak lo confirman, mediante el empleo de la fuerza, en abierto desacato a la voluntad de la ONU, a partir de una percepción moral incoherente, por lo cual crean situaciones aún peores del mal, según ellos a corregir. A esto se le suma una excesiva proliferación de ONGs, asociado a un no estructurado concepto de "sociedad civil", y a un uso fuera de contexto de los "derechos humanos" aún claramente indefinidos; por todo lo anterior nos encontramos en las antípodas del advenimiento de un sistema internacional, no bélico, armónico y justo, dentro del cual podamos estar representados a través de una verdadera política exterior, que defienda el bienestar común de la humanidad, todo lo contrario a un mundo de subalternos.
A partir de allí, se presentan conclusiones realmente aterradoras para la nación panameña, gracias a la simplificación de conceptos como: "orden internacional", sumado a la alteración de otros como "supranacional"; el trastornamiento de principios como el de la "soberanía de los estados" y el de la "autodeterminación de los pueblos", sin obviar el de la "no intervención" y con un enfoque totalmente informal del papel de la O.N.U., desde el punto de vista de su Carta constitutiva y sus acciones particulares, sin olvidar la utilización baladí de "interdependencia entre los Estados". Todo ello para respaldar actitudes fiscalizadoras y al límite de la intromisión.
En relación a la disertación de la Jefa de la Misión diplomática, no percibo en ello nada más allá, del ejercicio de sus funciones inscritas en el artículo 3 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, párrafo b: "proteger en el Estado receptor los intereses del Estado acreditante y los de sus nacionales, dentro de los límites permitidos por el derecho internacional".
Por ende al interrogarnos, ¿si hubo injerencia dentro de la exclusividad de la competencia de la República de Panamá? Es algo muy complejo de establecer, porque simplemente no actuó dentro de una inmediatez propia a una intromisión dentro de ningún proceso vigente de toma de decisión, ya que todo ello fue hábilmente presentado como un objetivo a materializar en el futuro, dentro de los intereses del Estado por ella representado y sus nacionales. Además, no ha expresado ninguna novedad sobre nuestra sociedad, la cual no sea ampliamente ventilada por todos los medios de comunicación, por lo tanto la garantía de la libertad de expresión, también abarca al personal del servicio exterior acreditado ante nuestro gobierno.
Pero de lo anterior a tratar como hace el medio local, obviando todo el rigor existente en la discusión sobre el papel actual y futuro del Estado dentro del sistema internacional, viola las normas más elementales de la teoría y de la práctica en las ciencias sociales en general.
Uno de los recuerdos más desagradables que tengo del período autoritario de M. A. Noriega y de otros quienes como él andan en un fárrago, era su incapacidad para comprender, cómo dentro de la actividad profesional y técnica del conocimiento, la teoría y la práctica son indisociables, es decir si la teoría no refleja la experiencia, pues es simplemente falsa.
Puedo comprender las numerosas dificultades para reflexionar sobre el sistema creado en los tratados de Westfalia de 1648, por ende dirimir, como bien lo expresa Raymond Aron, la rivalidad milenaria que opone "Estado-nación" al sistema actual, el cual desea ser más mundial o global. Pero olvidar a T. Hobbes, a M. Weber, en sus concepciones del Estado como la unidad base del sistema internacional, en aras de una simple contradicción entre "..viejo orden y nuevo orden surgido de la caída del muro de Berlín y del cese de la guerra fría.." (sic), es todo lo contrario del gran debate escolástico actual.
Todos los especialistas conocemos la existencia a partir del modelo del Estado, de una contradicción entre soberanía y poder, la cual es fuertemente heurística, por lo cual, aún se encuentra sobre el tapete; pero como se trata de un sistema internacional definido como democrático-representativo, no será hasta que se produzca un consenso, cuando el nuevo enfoque estará vigente.
La universalización del "Estado-nación" como eje del sistema internacional a través de la "Soberanía", el "Principio de la autodeterminación de los pueblos", más el "Principio de la no intervención", los cuales garantizan en nuestros días, la vigencia de la igualdad entre los Estados. Sin embargo, encontramos personas cuestionando dicha universalidad, a través de una estrecha visión de la sociología histórica; mediante énfasis en la existencia de diferencias tales como: étnicas, clanes, tribales, religiosas, culturales o minorías que se erigen como naciones, en el seno de cada uno de los nuevos Estados productos del desmembramiento colonial. Estableciendo luego un paralelo, con la homogeneidad institucional e identidades similares a lo interno de cada una de las naciones europeas, los Estados Unidos de América y Canadá, llegando a la conclusión que no existe una universalidad del Estado, por lo cual este último grupo debe actuar ante tales diferencias en el seno de tercer mundo, solo bajo la premisa del poder, el interés particular y la fuerza.
En nuestro mundo cotidiano de acuerdo a lo anterior, el Estado como actor aparece dentro del grupo de los países del tercer mundo, enfrentado a fuerzas internas incontroladas o movimientos transnacionales de origen religioso o culturales, por lo cual autores como W. Zartman nos menciona como "collapsed states"; o peligrosos para S. Huntington, en su "Choque de Civilizaciones"; Robert D. Kaplan en su obra, "La Anarquía que viene", afirman la necesidad de recurrir al empleo de la fuerza contra los estados del tercer mundo, como una obligación de seguridad, o moral tal y cual preconizan M. Bettati y B. Kouchner con su "deber de injerencia", desde 1987. Por ende ante tales afirmaciones, ¿quién puede olvidar el 20 de diciembre de 1989?
¿Qué hacer frente a este dilema entre neo-realistas y neo-liberales, sobre el papel del Estado en nuestros días?, debemos, como afirma el editorialista del medio antes mencionado, ¿tolerar todas las intromisiones en ara de una "interdependencia" mal enfocada? La respuesta es negativa. Más bien debemos comenzar a interrogarnos sobre los que nos proponen autores como R. Keohane y J. Nye, referente a un sistema internacional corregido o como lo propone J. Burton, en su "sociedad mundial" o analizar otras ideas.
Creo, en el cambio y la definición de un sistema internacional verdaderamente democrático y representativo, del cual aún queda mucho por discutir; porque potencias como los Estados Unidos de América, optan por una conducta unilateral en el plano de sus intereses nacionales, provocando pugnas con los del resto de las naciones miembros del sistema internacional. Los acontecimientos en Irak lo confirman, mediante el empleo de la fuerza, en abierto desacato a la voluntad de la ONU, a partir de una percepción moral incoherente, por lo cual crean situaciones aún peores del mal, según ellos a corregir. A esto se le suma una excesiva proliferación de ONGs, asociado a un no estructurado concepto de "sociedad civil", y a un uso fuera de contexto de los "derechos humanos" aún claramente indefinidos; por todo lo anterior nos encontramos en las antípodas del advenimiento de un sistema internacional, no bélico, armónico y justo, dentro del cual podamos estar representados a través de una verdadera política exterior, que defienda el bienestar común de la humanidad, todo lo contrario a un mundo de subalternos.